Gustavo Bueno, un huracán ordenado

El último libro del filósofo, «El mito de la derecha», es una guía sólida para leer libros de historia, de pensamiento y el periódico del día

G. K. Chesterton definió como «un huracán ordenado» a un personaje que salía en uno de los muchos casos que resolvió el Padre Brown, protagonista de los cuarenta y nueve relatos policiacos cortos que el escritor inglés escribió y que muchos consideran los mejores después de los de Edgar Allan Poe.

El Padre Brown, como antes Sherlock Holmes, siempre acababa por esclarecer casos muy complicados. O dicho de otro modo, a los dos les gustaba resolver los embrollos o marañas. El secreto consistía en aplicar la gran energía de sus mentes para ordenar los rompecabezas de cada caso. Lo mismo le ocurre a Bueno. Baste como muestra que sólo en la introducción -de 76 páginas- Bueno emplea 41 veces la palabra «embrollo». Y, efectivamente, podíamos aplicar hasta ahora ese término al concepto de «derecha», pero no después de haber leído a fondo el libro de Bueno, que se ha dedicado a ordenar lo que antes era un auténtico lío.

¿Qué ha sido de Bueno en los últimos años?

Hasta hace dos años, Bueno quizás era el ponente o conferenciante más solicitado -«Bueno llena los locales», era el argumento que me dio precisamente alguien que no coincidía con Bueno en ideas, pero fue el primer nombre en que pensó para un congreso-. Sin embargo, Bueno prácticamente ha dejado de salir de Asturias, excepto en muy pocas ocasiones. La enfermedad de su mujer le ha limitado la libertad para desplazarse a donde le invitan, pero no ha disminuido su trabajo filosófico. Lleva publicando un libro por año, desde hace doce, fundamentalmente sobre problemas de la España contemporánea. Esto ha llevado a plantear a muchos estudiosos de Bueno el sentido de esas publicaciones: ¿no sería mejor que Bueno se dedicase a culminar su gran obra sobre la teoría del cierre categorial, es decir, a publicar su esperadísimo sexto tomo? Ahora bien, si Bueno siguiese esa trayectoria, ¿no estaría renunciando a su empeño por implantar mundanamente la filosofía? Porque la filosofía no está para ocupar anaqueles olvidados en las bibliotecas y para morir lentamente en los planes de estudios. La filosofía está para demostrar su gran vigencia en la interpretación de los problemas que acucian al hombre de hoy. Y en este sentido, ¿quién ha hecho más que Bueno para mostrar esa potencialidad con un sistema original y no sólo con una colección de opiniones de diferentes filósofos? La enseñanza de la filosofía no puede reducirse a doxografía, a una colección de opiniones.

Porfirio y Plotino son indispensables para interpretar de verdad la realidad política actual

Éste es el cuarto libro de Bueno en cuyo título aparece la palabra «mito». Primero fue «El mito de la cultura»; después, «El mito de la izquierda», «España no es un mito» y «El mito de la derecha». Además del interés de los asuntos que aborda en cada uno de estos libros, llama la atención la forma en que Bueno sorprende al lector. ¿Quién iba a pensar que nombres que aprendemos en Bachillerato, como Porfirio y Plotino, son indispensables para interpretar la vida política actual? No, no se trata de un libro como «Más Platón y menos Prozac». Bueno hace ver con gran claridad cómo entender la política al modo porfiriano es acostumbrarse a pensar rígida, estáticamente y con categorizaciones inmóviles de la realidad. Por el contrario, Plotino nos enseña a ser sutiles y a prescindir de la brocha gorda cuando nos enfrentamos con realidades complicadas.

La paradoja de Bueno es que puede ser muy sutil y, a la vez, una tuneladora. Cuando se ocupa del embrollo de la idea de derecha, está como Unamuno: contra esto y aquello. Si se hubiera quedado aquí, Bueno se parecería a tantos autores que, después de criticar, no son capaces de responder a la pregunta: «Bien, y ahora, ¿qué haría usted?». El filósofo español tiene un sistema filosófico consistente y es el que ofrece para quien desee saber de qué habla cuando maneja los términos «izquierda» y «derecha»: la teoría del campo gnoseológico -con sus ejes sintáctico, semántico y pragmático; la teoría del campo antropológico -con sus ejes circular, angular y radial- y la teoría de las capas y del cuerpo político. La ventaja que tiene este libro, como los otros sobre los mitos que ya hemos citado, es el gran dominio que Bueno tiene de la Historia, para saturar sus afirmaciones con ejemplos de diversas épocas. Más en concreto pienso que Bueno ha completado en este libro una tarea que dejó pendiente en su libro «España frente a Europa: el siglo XIX». Se mueve con una soltura y precisión que ya quisieran conseguir muchos historiadores.

De la novela policiaca a un humor muy cerebral

Al comienzo de esta reseña me he referido a Sherlock Holmes y al Padre Brown. Pues bien, pienso que podemos leer todo lo que Bueno escribe sobre la evolución del concepto «derecha» como si fuera una película policiaca, sobre todo cuando el concepto se convierte en mito. Al Padre Brown le disgustaba también que explicasen hechos muy complicados acudiendo a explicaciones seudoteológicas y míticas. Cuando también nos damos cuenta de la gran capacidad de ordenar los conocimientos que Bueno tiene es cuando expone las diversas teorías sobre la Revolución Francesa. Parece que está manejando una cámara cinematográfica, sabiendo cambiar de plano y de panorámica; pensamos que ya hemos alcanzado una idea sobre esa Revolución y en la página siguiente Bueno cambia de perspectiva; sólo al final nos damos cuenta enteramente del cuadro. He llegado a pensar que quizá Bueno estaba recordando un cuadro «cinematográfico» que él ha citado en uno de sus libros: «En el lago Nemi», junto a Roma, de Leon Cogniet (1794-1880).

Sin embargo, cuando Bueno se ocupa del concepto de «centro», me da la impresión de que está escribiendo unas páginas de humor. Muy geométricas, sí, pero creo no equivocarme si pienso que Bueno se ríe de la idea de centro.

Las modulaciones de la derecha tradicional, las derechas no alineadas y las indefinidas

Mientras Bueno clasificaba a la izquierda por generaciones, ahora habla de modulaciones de la derecha tradicional. Dedica el capítulo 4 a la derecha primaria, la liberal y la socialista. Y el 5, a las derechas no alineadas y sus clases. Es aquí donde el libro de Bueno se convierte en una guía muy sólida para leer libros de historia, de pensamiento y el periódico del día. Como siempre, Bueno resultará polémico, sobre todo cuando encuadra a Primo de Rivera y a Franco en la derecha socialista. O cuando sigue considerando partidos extravagantes secesionistas a los nacionalistas. E indefinidos, a los verdes. Aquí no le ha hecho falta utilizar más el bisturí de su pensamiento que cuando lo empleó a fondo en «España no es un mito».

Acabo esta reseña con dos sugerencias: a) conviene que, en libros futuros, Bueno, o sus editores, siga teniendo la buena costumbre que tenía en libros anteriores: un breve glosario, para explicar los términos fundamentales del filósofo español. No son muchos los que aparecen en este libro y, sin embargo, resulta esencial su explicación; el riesgo mayor es que una pequeña ignorancia al principio se pueda convertir en un gran error final dentro de la mente del lector; y b) al explicar los acontecimientos del siglo XIX, que profundice en la influencia determinante que Inglaterra y Francia tuvieron en los acontecimientos políticos españoles. Bueno alude a esa influencia, sí, pero echo de menos una mayor contundencia.

Felicísimo Valbuena es catedrático de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Notas:

Fuente: http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2009011900_42_717395__Asturias-Gustavo-Bueno-huracan-ordenado

Asturias,Spain. Lunes 19 de enero de 2009

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