Hegel, Beethoven y Napoleón

A Goethe, Schiller, Beethoven y Hegel los deslumbraba la Revolución Francesa. Esta última, como hecho histórico universal, significó el apoderamiento por parte de la burguesía capitalista europea de la totalidad del poder político, lo que se correspondió con un apoderamiento racional de la totalidad de la realidad en la filosofía de Hegel. En su máxima obra, Fenomenología del espíritu, (1807), la razón se apropia de toda la realidad porque la realidad es la realización de la historia humana, es decir, la realidad es el desenvolvimiento dialéctico o entre contradicciones de la historia del hombre.

Para Hegel Napoleón aseguraba el triunfo de la burguesía y la universalización del poder burgués. Según se dice, cuando desde una ventana vio la entrada triunfal de Napoleón con cien mil de sus hombres a la ciudad alemana de Jena, tras vencer al ejército comandado por Federico Guillermo III de Prusia en 1806, exclamó: “Vi al espíritu absoluto a caballo.” Además consideraba a la Revolución Francesa como la aurora de una nueva era, ante lo cual Marx comentaría después con palabras irónicas “Los alemanes piensan lo que los franceses hacen”: los franceses hicieron la Revolución Francesa y los alemanes la pensaron, y el que la pensó, sobre todo, fue Hegel.

Pero los alemanes no sólo pensaron la Revolución Francesa con la Fenomenología del espíritu de Hegel, sino que también la expresaron desde el campo del arte con la obra de Beethoven.

Según Igor Stravinski “Beethoven es amigo y contemporáneo de la Revolución Francesa…Beethoven, ese genio plebeyo, quien orgulloso despreció a emperadores, príncipes y magnates – este es el Beethoven que nosotros amamos: por su optimismo inquebrantable, su tristeza viril, por la inspirada pasión de su lucha y por su voluntad de hierro que le permitió agarrar al destino por la garganta-.”  Beethoven llevó a cabo la revolución más grande de la música moderna. Su obra conmueve, perturba, hace pensar y sentir, como afirma Alan Woods en Beethoven: Hombre, compositor y revolucionario.

Alguna vez paseaba con Goethe, cuando coincidieron con el archiduque Rodolfo y la emperatriz. Goethe se quitó cortésmente su sombrero y cedió el paso a la familia real, mientras Beethoven los ignoró y continuó caminando sin mostrar ningún respeto por la familia imperial austriaca. La anécdota, contada por la escritora Bettina Brentano, contiene su espíritu audaz, y su actitud de hombre indomable, capaz de tratar con altivez a la nobleza, revolucionario e intransigente. 

El mundo que le tocó vivir era turbulento, un mundo en transición, de guerras, revolución y contrarrevolución. Beethoven es el artista que mejor expresa el espíritu de su tiempo, cuando la Revolución Francesa barría los últimos rezagos de feudalismo en Europa, y la Asamblea Nacional Constituyente francesa promulgaba los Derechos del Hombre y del Ciudadano el 26 de agosto de 1789, documento precursor de los Derechos Humanos a nivel nacional e internacional.

Beethoven admiraba los ideales de la Revolución Francesa encarnados en la figura de Napoleón cuando este era aún Primer Cónsul. Fue entonces cuando queriendo expresar sus simpatías republicanas consideró dedicarle su Tercera Sinfonía, compuesta entre 1802 y 1804, a la cual pensaba denominar “Bonaparte”. Esta composición musical expresa el rompimiento de Beethoven con el formalismo y el equilibrio de la música clásica anterior a él, de estilo cortés y aristocrático como en Haydn y Mozart. Es música nueva y poderosa, es música romántica que muestra la lucha de lo nuevo con lo viejo, es el punto de ruptura en la evolución musical de Beethoven y de la historia de la música en general, una verdadera revolución.

Pero cuando supo que Napoleón había traicionado los ideales de la Revolución Francesa al declararse emperador entró en cólera y, según testimonio de su alumno Ferdinand Ries, exclamó: “!Así que no es más que un común mortal! Ahora también pisoteará los derechos del hombre y se abandonará únicamente a su ambición. ¡Se ensalzará a sí mismo sobre los demás convirtiéndose en un tirano!” Beethoven fue a la mesa, arrancó la portada, la partió por la mitad y la lanzó al suelo.” Decidió en ese instante cambiar el título de la obra y la llamó como hoy la conocemos: la sinfonía Heroica.

Triunfó luego en Europa la contrarrevolución con la derrota de Bonaparte en Waterloo. Pero Beethoven nunca perdió la fe en el futuro de la humanidad y en la Revolución. Trascendió después el romanticismo para señalar el camino tortuoso de lo que vendría: nuestro mundo de hoy, con sus conflictos, disonancias y contradicciones no resueltas.

En sus últimos años decidió crear una sinfonía coral y se inspiró en la Oda a la alegría de Schiller, originalmente llamada Oda a la Libertad,a la que musicalizó. De aquí nació su Novena Sinfonía, expresión de optimismo en un porvenir revolucionario, por muchos llamadas “La Marsellesa de la Humanidad.” Las palabras del coro que interpreta el poema de Schiller en el último movimiento son el mensaje final de Beethoven a los pueblos del mundo: “!Todos los hombres serán hermanos!”, promesa de esperanza en el triunfo de aquellos imprescindibles que luchan todos los días por un futuro de libertad para los seres humanos.

Notas:

Fuente?  http://www.lanacion.com.co/index.php/component/k2/item/246388-hegel-beethoven-y-napoleon

5 de enero de 2015.  COLOMBIA  

Hay 1 comentarios

January 06, 2015 - 4:51 PM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

Basado en una idea de José Pablo Feinman?

March 25, 2017 - 6:41 PM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

Lo mismo pensé Toni, basado en las mismas palabras de José Pablo Feinman

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