Jobs, los cacharros y la cultura

Electrogadgets y cultura, ¿qué ocurrirá al mezclarlos inevitablemente?

Recuerdo la entrevista del periodista Carlos Loret de Mola al filósofo español Fernando Savater, quien visitaba México para presentar un libro. Loret pregunta a Savater qué habrían pensado los filósofos griegos de la antigüedad: Platón, Sócrates, si hubieran conocido los medios comunicación de moda hoy: celulares, laptops, internet. Savater responde que los habrían visto como cacharros y nada más, y que habrían considerado que el dilema humano sigue siendo el mismo, con ellos o sin ellos.

¿Convoco a la revolución informática a la columna de cultura? Si, en tanto falleció uno de sus dos grandes gurús: Steve Jobs, que más allá de los atavismos que sesgan mi visión de su trabajo, deberá merecerme algún reconocimiento, pero sobre todo la reflexión que tantos postergamos siempre: Electrogadgets y cultura, ¿qué ocurrirá al mezclarlos inevitablemente? Interminables los temas, desde el libro virtual o libro electrónico con el que tanto nos amenazan todo el tiempo. No habrá más bibliotecas, volúmenes a coleccionar, artísticas ediciones ni la ingenua cuantificación de lo que sé en vista de que he leído “todos esos libros”. El futuro me muestra cargando mi artefactito que contiene más páginas que cualquier biblioteca. Tecleo, invoco, leo y ahuyento libros, nunca me quedo con ellos. Todo y nada en la cajita con la que cargaré irremediablemente. El cibernético destino no sólo promete eliminar los libros. Nos espanta también con revolucionar la plástica o el modo de distribuir, almacenar, interpretar, escuchar y entender música, y en último término la posibilidad de presenciar las puestas: los espectáculos en mi pantallita, en un descuido y la misma de mi artefacto polilíbrico. Shakespeare, Aída, El Oro de los Nibelungos, El Lago de los Cisnes, Nabucco, los conciertos de orquestas sinfónicas, Serrat, Sabina, Aute y tantos otros, a mi cajita. Eso si atendemos únicamente a la posibilidad de sentir y percibir al arte, ni hablar de nuevas formas de expresión a partir de recursos cibernéticos. ¿Qué tal toda una nueva plástica a partir de los softwares para Mac de don Steve?

Curioso, por ninguna parte encuentro criaturas atávicas que me hagan segunda en mi afán de no terminar poseído por la pantalla que me ofrece poseerlo todo. ¿Cuántos amigos tienes (en fb)?, preguntan las personas de hoy, sin saber que ninguno tienen porque no hay amigos que se prendan y apaguen. Han perdido contacto con lo real en tanto se han sumergido en lo virtual. No hay realidad más allá de la que yo quiera invocar. Síndrome de Hikikomori le han llamado los japoneses. La enfermedad se extiende a las naciones de Europa Occidental, innecesario mencionar lo que les pasa a los gringos; extremo como todos sus males.

Y va mi personal hipótesis, tributo al fallecimiento de Mr. Jobs, descabelladísima y susceptible a las argumentaciones de cualquier cibercriatura contemporánea: La información remplaza al conocimiento. Dejo de saber en la medida en que poseo información, misma que parece liberarme de la responsabilidad de entender y dar sentido.

En nada importa mi versión del mundo, pintada, esculpida, musicalizada, versificada o vuelta ficción o danza. Eso se llamaba conocer (knoos, le decían los citados griegos), y para nada sirve hoy día. Jobs, Gates y tantos otros nos han ofrecido un universo distinto para jugar a las granjitas, las leyendas medievales, las aventuras espaciales o hasta (¡el colmo!) una sociedad y una vida igual a la nuestra pero con la condición de que no exista.

Adeptos al conocimiento del que nos priva la información, sírvanse manifestarse. Hagamos una logia, que será prontamente marginal y clandestina.

Notas:

Fuente: http://excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=774526

MEXICO.  13 de octubre de 2011

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