Justicia, sociedad y gobierno

El sentido clásico griego de la justicia y más propiamente las nociones de la justicia social tratan de ser, deliberadamente, aniquilados por los teóricos y los ejecutores del neoliberalismo. Uno de los dos ideales del priismo histórico –el otro es la democracia– ha sido trastocado por esa tendencia favorable al mercado y negadora de la importancia del Estado.


Hablar de justicia, de sociedad y gobierno remite, por lo menos, a los clásicos griegos: Platón, Aristóteles y Ulpiano, de Roma, cuyas tesis niegan las modas actuales, favorables al individualismo más descarnado y la idolatría por el mercado, mediante la negación de la rectoría del Estado, así como la búsqueda del bienestar y la felicidad que éste supone.


Platón, el gran filósofo ateniense (427-347. a N.E.), buscó un concepto de justicia, que es anhelo de la humanidad. Una persona justa, una sociedad justa, un Estado justo son términos utilizados con frecuencia; pero determinar en qué consiste la idea de justicia no es tan fácil. Platón adoptó la que consideró más apropiada para definirla: “Dar a cada uno lo que le corresponde”.


Aristóteles, discípulo de Platón, consideró positiva la idea de justicia que tenía su maestro, pero añadió que, como toda virtud, se hallaba en el punto medio entre dos vicios: un exceso (tener más de lo que se debe tener), y un defecto (tener menos de lo que se debe tener). Para Aristóteles tan injusta es la opulencia como lo es la miseria.


Entonces distinguió dos tipos de justicia: la distributiva, que significa que cada uno tenga lo que merece y necesita; y la correctiva, que se impone cuando alguien no tuvo lo merecido, y que se aplica para restablecerse coercitivamente.


Finalmente hay que recordar al jurista romano Ulpiano, quien enumeró tres preceptos fundamentales para la justicia: “vivir honestamente”, “no dañar a otro” y, retomando la definición platónica, “la voluntad constante y perpetua de dar a cada uno lo que se merece”.

LA JUSTICIA SOCIAL


A partir del concepto platónico de justicia, como aquello que debe asignársele a cada uno según lo que le corresponda, individualmente considerado, la justicia social alude a lo mismo, pero toma al individuo como conjunto del cuerpo social y busca atenuar las situaciones desfavorables en que las circunstancias lo han colocado.


Desde el concepto de justicia individual, si una persona trabaja es justo que se le pague un salario, si un alumno estudia y sabe la materia, es justo que se le apruebe; pero en cuanto justicia social, una persona económicamente rica y otra económicamente pobre tienen derecho a ir a la escuela, pero la persona pobre, por su situación económica, carece de posibilidades de adquirir su material de estudio, de dinero para el transporte, o no posee calzado, es justo que el Estado le provea de esas condiciones básicas.


Gracias al Estado, tanto quien sí tiene las condiciones socioeconómicas necesarias, como quien carece de ellas pueden complementar sus estudios. Esto significa dar a cada uno lo que le corresponde, como definición de justicia individual, pero se convierte en dar a cada uno en función de sus requerimientos y necesidades, como definición de justicia social.


El liberalismo, que inspiró a la Revolución Francesa del siglo XVIII, no obstante, dejó al libre juego de la oferta y la demanda todos los aspectos de la vida social.

No sólo los precios de los productos de consumo subían o bajaban de acuerdo a ese principio, sino incluso los salarios de los trabajadores, que ya eran una mercancía más, sin ningún derecho. Y los neoliberales, que han inoculado a la mayoría de los líderes de nuestro tiempo, han llevado a la exageración aquellos principios liberales.

LA JUSTICIA NEOLIBERAL


El término “justicia social” fue utilizado por primera vez en 1840 por el cura siciliano Luigi Taparelli D’Azeglio, y recibió prominencia en La Constitutione Civile Secondo la Giustizia Sociale, un folleto de Antonio Rosmini-Serbati publicado en 1848. Trece años después, John Stuart Mill en su famoso libro Utilitarismo le brindó un prestigio casi canónico para los pensadores modernos.
Entre los críticos de la justicia social destaca Friederich Hayek quien, durante el siglo XX, sostuvo una enérgica y sostenida crítica a la mayoría de los usos del término “justicia social”. Para tratar de comprender la justicia social, desde el punto de vista neoliberal, en nuestro tiempo, hay que empezar con ese hombre, que deploró el “mal uso” de la justicia social.   


Según Hayek, en la mayoría de los casos, la justicia social se vuelve un término práctico cuyo  significado operativo es: “Necesitamos una ley en contra de esto”.’ En otras palabras, se convierte en un instrumento de intimidación ideológica con el objetivo de conseguir el poder de la coerción legal. Así dice ese “brillante” Nobel de Economía y crítico de la planificación, democrática o socialista.


Hayek acepta que los efectos de las opciones individuales y los procesos abiertos de una sociedad libre no están distribuidos según un reconocible principio de justicia. Algunas veces, los que tienen mérito son trágicamente infortunados; la maldad prospera, las buenas ideas languidecen y, en ocasiones, los que las respaldan, lo pierden todo.


Pero un sistema que valora tanto el ensayo y el error como la libertad de elegir, dice Hayek, no está en posición de garantizar resultados. Así de cínico.


El autor neoliberal señala como defecto de las teorías de la justicia social del siglo XX, que la conciban como virtud, cuando para él es un “poder”.


Según Hayek, nadie debe de romper las reglas establecidas; la libertad impone graves responsabilidades morales. Tampoco se deben calificar resultados infortunados de “injusticias sociales” porque ello conduce a un ataque a la sociedad libre con el objetivo de moverla hacia una sociedad dirigida. Señala como “economías dirigidas” el nazismo y el comunismo, con lo que “justifica” su profunda repugnancia ante ese modo de pensar.


En los sistemas “dirigidos”, continúa Hayek, lo “social” de la “justicia social” se refiere a algo que no emerge orgánica y espontáneamente del comportamiento respetuoso de la ley de individuos libres, sino más bien de un ideal abstracto impuesto desde arriba.


Otros influyentes pensadores neoliberales han continuado en la farsa hayekiana. Lo malo es que han convencido a diversos líderes en los últimos treinta años, por lo menos en nuestro país.

Por estas ideas neoliberales, en México, la justicia social, bandera del priismo histórico, se convirtió en “combate a la pobreza”, “solidaridad”, “progresa” y “oportunidades”, simples programas de gobierno, slogans publicitarios, algo menor, mucho menor en importancia y en compromiso para la sociedad y sus gobiernos.

A pesar de lo que digan y hagan los neoliberales de viejo y nuevo cuños, uno de los servicios esenciales que debe administrar el Estado, junto a los de salud, educación y seguridad, es precisamente la justicia.


La justicia se simboliza con una mujer, a veces con los ojos vendados, sosteniendo una balanza donde se supone que se busca el equilibrio. Por las posiciones neoliberales, defendidas incluso por personajes que no creeríamos que las defienden, la imagen de la justicia sigue ciega y sorda, dormida y desarmada.


Como suelo decir que el artículo y la opinión periodística han de tener poesía, quiero cerrar esta colaboración con la transcripción completa de la letra de la canción escrita por María Elena Walsh e interpretada por ella misma (1971) y por el argentino Cuarteto Zupay:

ORACIÓN A LA JUSTICIA


Señora de ojos vendados
que estás en los tribunales
sin ver a los abogados,
baja de tus pedestales.
Quítate la venda y mira
cuánta mentira.

Actualiza la balanza
y arremete con la espada,
que sin tus buenos oficios
no somos nada.

Lávanos de sangre y tinta,
resucita al inocente
y haz que los muertos entierren
el expediente.

Espanta a las aves negras,
aniquila a los gusanos
y que a tus plantas los hombres
se den la mano.

Ilumina al juez dormido,
apacigua toda guerra
y hazte reina para siempre
de nuestra tierra.

Señora de ojos vendados,
con la espada y la balanza
a los justos humillados
no les robes la esperanza.
Dales la razón y llora
porque ya es hora.


En efecto, ya es hora de la justicia, especialmente de la justicia social. A pesar de los neoliberales. ¡Hasta siempre!

Notas:

Fuente: http://eldiariodechihuahua.mx/notas.php?f=2011/09/25&id=7b58416a4345d36d6fe3ce0722f15a01

MEXICO.  25 de septiembre de 2011

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