La filosofía ha descuidado de manera lamentable su estilo literario

El ensayista Javier Gomá arremete contra los pensadores ‘oscurantistas’ y el estilo ‘críptico’ de la filosofía contemporánea
  “Los libros más importantes de los últimos 40 años son extremadamente aburridos, tediosos y mal escritos”, proclama


El escritor y filósofo Javier Comá, durante la rueda de prensa.

Arrastra fama Javier Gomá (Bilbao, 1965) de orador generoso que no escatima una conversación. El ensayista y filósofo tiene el perfil idóneo para protagonizar uno de los Martes Literarios que la Universidad Internacional Menéndez Pelayo organiza durante el verano en Santander, encuentros que ponen a los autores sin mamparas frente a sus lectores. Gomá, que ha despachado por miles sus libros sobre la invocada ejemplaridad en estos tiempos de desafección política, lidiará mañana con los consumidores de su obra, pero como si el encuentro le supiera a poco, este lunes ofrecía rueda de prensa para añadir prólogo al acto.

Venía de hablar en la radio, donde recordó el “deslumbrante atardecer” que ayer pudo contemplar en una gasolinera y, a pesar de la tertulia hertziana, llegaba con el depósito del discurso rebosante, como si acabara de repostar. Y la rueda de prensa, raquítica en preguntas, acabó siendo casi conferencia. “Como dijo Chesterton, he dado más de 6.000 conferencias a personas que no me han hecho ningún daño”, advertía Gomá con sarcasmo, anticipando apetito de palabras. En concreto de dos: filosofía y literatura, que le alimentan desde adolescente. Y de las que todavía no se sacia.

“Que a una persona que escribe ensayo filosófico como yo se le invitara a unas conversaciones que tienen como título Martes Literario es una especie de justicia poética”, proclamaba Gomá, que el año pasado compiló su ‘Tetralogía de la ejemplaridad’ (Taurus) con la frase “filosofía con vocación literaria” como corolario. “El problema es que la filosofía ha confundido su naturaleza durante bastante tiempo. Siempre que la filosofía ha querido parecerse a la ciencia ha producido frustración, porque la ciencia se basa en la verificación empírica de sus proposiciones, mientras que jamás nunca nadie ha verificado las proposiciones de Aristóteles, de Platón, de San Agustín, de Kant o de Nietzsche. La fuerza de la filosofía reside, como ocurre en la literatura, en su capacidad de persuasión, no a través de los relatos, sino de la argumentación, lo que aproxima la filosofía a la literatura”, explicaba el ensayista, que desde hace más de una década dirige también la Fundación Juan March.

“La filosofía tiene un visión para las cosas que son comunes a todo el mundo, y trabaja con el concepto, pero el concepto tiene que estar al servicio de la lectura y de la iluminación de la experiencia común, de las cosas que todos compartimos, y esto también la hermana con la literatura, aunque esta trabaje con la herramienta de la ficción”, apuntaba Gomá, uno de los filósofos españoles más leídos, quizás porque huye del elitismo que reprocha a algunos de los grandes pensadores contemporáneos.

Un “oscurantismo” que retrata con la anécdota atribuida a Eugenio d’Ors, que utilizaba a su secretaria como catadora de sus escritos: si la empleada los comprendía, el catalán les daba otra vuelta para enrevesarlos. “Cuando es lo contrario, sólo es profundo aquello que todo el mundo comparte”, defendía Gomá en el Palacio de la Magdalena de Santander. “Quizás uno de los problemas de la filosofía contemporánea es que Hegel compartiera habitación con el poeta Hördelin, porque antes tenía una forma literaria muy limpia, pero este poeta alemán hizo del hermetismo un estilo, y Hegel se lo copió, para desgracia de la filosofía, porque todo el mundo empezó a emular el estilo oscuro, crítiptico y difícil de Hegel”.

No era la primera vez que lo criticaba, pero Gomá ha insistido hoy en que la filosofía “ha descuidado, a mi juicio de manera lamentable, su estilo literario”, y califica las obras de las últimas décadas como “literariamente muy negligentes”. Incluso las mejores. “Suelo poner como ejemplo el libro ‘Teoría de la justicia’, de Rawls, y la ‘Teoría de la acción comunicativa’, de Habermas. Libros que son quizás los dos libros más importantes de los últimos 40 años, y sin embargo literariamente son muy pobres, extremadamente pobres, extremadamente aburridos, tediosos, mal escritos, sin ningún talento para lo literario. Y la gran filosofía nunca ha sido así, todos los grandes filósofos han sido creadores de un estilo literario que hace que cualquier párrafo lo reconozcamos como de Platón, de Descartes o Hegel”, sentenciaba Gomá en el aperitivo previo a su encuentro con los lectores. “Mi abuela decía que es bueno levantarse de la mesa con un poco de hambre”, dijo Gomá antes de levantarse y admitir que sí, que le gusta hacerse el interesante.

Notas:

Fuente:  http://www.elmundo.es/cultura/2015/08/03/55bfa9fbca4741b9578b458e.html

3 de agosto de 2015.  ESPAÑA

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