La música según Vasconcelos y Ramos

Estas efemérides propician un breve repaso del pensamiento de los dos filósofos en relación con la música.

El 20 de este mes se cumplieron cincuenta años de la muerte de Samuel Ramos y mañana, 30 de junio, se recordará a José Vasconcelos en el cincuentenario fúnebre.

En el capítulo 19 de su Estética, Vasconcelos afirma: “La inteligencia es la ley del espíritu vuelto hacia las cosas; la música es la ley del espíritu en su ascensión a lo absoluto. Cuando el espíritu, libre de tarea objetiva, deja de usar la inteligencia formal y se entrega a sí mismo, su fluir es el de la música.

“La música y sus métodos permean por eso mismo todas las bellas artes, porque la belleza consiste en establecer comunicación con la existencia divina. La arquitectura, la escultura, la pintura, la misma poesía, son arte sólo hasta el punto en que aciertan a organizarse de acuerdo con el a priori del músico.

“Si predominan las formas lógicas racionales, habrá ingeniería en vez de arquitectura; geometría en vez de escultura; mecánica en vez de pintura y dialéctica en vez de poesía. Para hacer retornar todos estos géneros al arte, es indispensable organizarlos según la música”.

Para Vasconcelos, Mozart se encuentra en la cumbre del arte musical: “Mozart y Bach son los elegidos del arte. El gran arte del músico es soltar el fluir sin temor, para enseguida, en el momento oportuno, recuperarlo, encauzarlo. Mozart conduce su melodía por los cauces de un estilo siempre refinado y su fluir es angélico.

El fluir de Bach es cósmico y ha sido menester una potencia como la de las leyes naturales, para sujetarlo en la forma, para hacerlo universo”.

Añade: “En este sentido, Mozart está más alto que Bach como el Angélico está más alto que Miguel Ángel, en la jerarquía del valor artístico. Mozart maneja la melodía que es goce puro del alma; Bach, no obstante su inspiración siempre sacra, está contaminado de panteísmo que no acaba de deslindar los órdenes del universo, la diferencia entre la roca, el agua, el viento y el pensamiento.

“En la felicidad que la música de Mozart engendra, el arte está por encima de las pasiones, en la relación que indica el Evangelio cuando habla de la dicha de los ángeles que no tienen ya sexo, ni problemas que descifrar, ni apetito que satisfacer; dicha de la contemplación activa en el universo celeste, recién abiertos los ojos del alma”.

Según el filósofo oaxaqueño, la música penetra hasta donde llega el pensamiento y más allá, y a menudo da voces al misterio allí donde el pensamiento formal enmudece.

Afirma que a partir de Beethoven sólo el dolor es profundo; pero opina que “lo malo de Beethoven y de Wagner es que se les siente el esfuerzo. Sus almas no alcanzan el don pleno de su arte”.

Por su parte, Samuel Ramos afirma en su obra Filosofía de la vida artística que Beethoven recurrió a la voz humana en la Novena sinfonía para superar la limitación de los instrumentos.

Cita a Nietzsche el filósofo michoacano: “Antes de Wagner, la música se movía en límites generalmente estrechos. Se aplicaba a estados permanentes del hombre, a lo que los griegos llamaban ethos. Fue Beethoven quien comenzó a ensayar el lenguaje del pathos, es decir, la voluntad apasionada de los fenómenos dramáticos que se suceden en el corazón del hombre”.

Añade: “En verdad, la pasión beethoveniana daba una entonación nueva a la música: el dramatismo”.

Concluyamos con un ejemplar texto de Ramos sobre el arte como necesidad de comunicación:

“El arte tiene, entre otras finalidades, una función social que desempeñar. En la urgencia de crear sentida por el artista cuentan, como factor poderoso, la necesidad de la comunicación con los demás, el propósito deliberado de influir en otros espíritus mediante la acción de la obra artística.

“El arte nunca es para el artista un monólogo, sino un diálogo que sostiene con un espectador real o imaginario y, por lo tanto, este último constituye una pieza esencial e indispensable en el movimiento de la vida artística.

“Sin la perspectiva de un espectador que se interese y acoja de un modo comprensivo la obra producida, el artista sentirá debilitarse la urgencia de crear. El verdadero artista crea siempre para el espectador que no es artista profesional, pero tiene gusto por el arte y la capacidad para comprenderlo. Es el público el depositario que se encarga de hacer vivir el arte y de perpetuarlo una vez desaparecido el artista”.

Notas:

Fuente: http://mundo52.com/cultura/la-musica-segun-vasconcelos-y-ramos

Mexico,DistritoFederal.  29 de junio de 2009

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