La odisea de Cataluña

En tiempos de incertidumbre es bueno mirar el retrovisor, releer los clásicos y reinterpretarlos. Lo hace el sabio Lluis Pugès, que ha publicado una guía de propuestas basadas en el pensamiento de Aristóteles, Heráclito, Ovidio, Pitágoras, Tito Livio, Horacio, Virgilio, Sófocles y otros clásicos bajo el título “La Odisea del management”.

La famosa inscripción del templo de Apolo en Delfos “Conócete a ti mismo” se antoja extrapolable al colectivo. Urge que dirigentes políticos y ciudadanía emprendamos ése ejercicio de introspección que implica una importante dosis de humildad y no menos capacidad analítica. Por más que Mas persiga y pretenda grandes metas, como Faetón, a quien Ovideo recuerda que “es así como se conquistan las estrellas”; el líder debe ser consciente de la inexistencia del superhombre capaz de todo, como tampoco existe un superpueblo que pueda aislar a la mismísima Europa.

Quien fue decano y director general de la jesuítica Esade señala en su “Odisea…” que conocerse a sí mismo, si bien no es una prenda absoluta para triunfar, sí lo es para poder evitar el fracaso. Porque ­-añade quien suscribe-, Mas puede saber ganar la batalla del 25-N, como tantas otras ganó Aníbal, pero debe recordar lo que Tito Livio le decía al cartaginés: “Los dioses no lo han dado todo a todos” y más importante que ganar batallas o elecciones es “sacar provecho de la victoria”.

Saber rematar la faena es lo esencial del estratega, porque, sin ese paso decisivo lo demás se convierte en nada. Por eso es importante que Mas sepa escuchar las fuerzas que mueven Europa sin creerse mejor, lo que supondría desconocer los propios límites. Mas, con la inestimable ayuda de la propaganda de los medios de comunicación de la Generalitat y los subvencionados, ha triunfado en la estrategia movilizadora, poniéndose al frente de la protesta del 11 de septiembre. Pero fracasará si no es consciente de que en el paso decisivo no le acompañará la Unión Europa. Así, tamaño esfuerzo de los crédulos de la tierra prometida no tendrá un resultado hermoso y la frustración, sinónimo de infelicidad, regresará entre aquellos que se vean esclavos de los objetivos.

Los líderes políticos deberían prometer ilusiones pero sin ser ilusos. Y volviendo a los clásicos, Horacio hace siglos que nos recuerda que si hacemos temblar las montañas, que sea para parir algo que tenga futuro. De lo contrario, nos exponemos a hacer el ridículo ante nosotros y ante la historia. Eso sí que es insoportable.

Notas:

Fuente:  http://www.abc.es/20121114/local-cataluna/abci-valero-201211131941.html

14 de noviembre de 2012

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