La ‘sinfonía maligna’ de Umberto Eco

El escritor italiano regresó con una novela, ‘El cementerio de Praga’, en la que nadie se salva.

Cuenta Umberto Eco cómo a los nueve años fue un gran autor de obras inacabadas. Comenzaba siempre por buscar un título estilo Emilio Salgari. Luego ponía el nombre de la editorial y, en letra de molde, continuaba escribiendo algunas páginas antes de incluir una ilustración, como en las novelas de aventuras.

Al cabo de un rato, la exigencia de las ilustraciones, la letra de molde y la imposibilidad de hacer la menor corrección sobre el manuscrito definitivo lo dejaban exhausto y lo obligaban a abandonar el proyecto.

Casi 40 años más tarde, siendo ya un destacado doctor en filosofía y letras, prestigioso semiólogo, comunicador y crítico literario, Eco pasa cerca de dos años de su vida dibujando abadías, diagramas, secuencias temporales, fichas, retratos de personajes y mapas de lugares, para construir un mundo propio. Empieza a escribir sólo en el momento de tener ese universo milimétricamente construido y poder moverse dentro de él como pez en el agua.

¿De dónde nace El nombre de la rosa? Según el autor, de una imagen: un monje muere en una biblioteca. Alrededor de ella habrá de construirlo todo. Treinta años más tarde se publica su sexta novela, El cementerio de Praga (2010), tercer puesto en ventas en Colombia. Esto sin mencionar sus ensayos sobre arte, literatura, lingüística, filosofía y cultura contemporánea, obras todas que lo sitúan como uno de los intelectuales más destacados de nuestro tiempo.

¿Qué es lo que fascina de Eco? ¿Por qué sus novelas se convierten en un fenómeno internacional? La erudición parece acercarle a lo simple. Su sapiencia no lo aleja de ese niño devorador de novelas de aventuras que una vez fue, al contrario, le muestra el camino como narrador para sorprender a otros como se sorprendiera en su niñez.

Para lograrlo, ha de ser un narrador tan cuidadoso y hábil que sepa instalar al lector cómodamente en la Edad Media, en las calles parisinas de finales del siglo XIX, o bien, en una isla desértica. En 
El nombre de la rosa, quiso incluir un plano de la abadía para que sus lectores pudieran conocer los recovecos al igual que él.

En cambio, en La isla del día de antes, conoció la isla a la perfección, pero esta vez para saber cómo desorientar al lector a su antojo.


Sus obras se asemejan a catedrales, donde la masividad está cargada de detalles, muchos de ellos, imperceptibles para el lector desprevenido. Sin embargo, son tantos los niveles de lectura desde la historia, la política, la filosofía o la lingüística, que descifrar las referencias ocultas en sus novelas, las influencias y los guiños eruditos que hace el autor resultará estimulante aun para el más estudioso de los lectores.

Y esta es quizá la magia de Eco: sus novelas, al tiempo que son obras de la minucia, donde la trama se cuece a fuego lento y el realismo nos plantea una verdad indiscutible, son también obras abiertas, plurales, capaces de proponer una lectura particular a la medida de cada lector.

‘El cementerio de Praga’

El capitán Simonini, un hombre de 67 años, escribe sus memorias en una habitación abarrotada de muebles. Su ocupación es la de falsificar documentos históricos a favor del mejor postor. 
Mercenario de la historia, vende “verdades” a los jesuitas, masones, carbonarios, servicios secretos o a cualquiera que tenga el dinero. Este oficio lo combina con su absoluta idolatría por la comida, donde nunca falta el ragú de carnero, el conejo, el buey, el puré de guisantes, entre otros.

Este misógino es también un lector consagrado de Dumas y Sue. Basándose en las novelas que devora, Simonini construye tramas y teje intrigas que cambiarán el panorama político europeo. Sus servicios para el gobierno italiano, Francia, Prusia e incluso para los antisemitas tendrán los efectos más sorprendentes sobre la realidad. Desfilan por la novela infinidad de personajes como Garibaldi, Bonaparte, Freud (Froïde), Proust y Dumas. A excepción del protagonista, no hay personajes ficticios.

El argumento se basa en una serie de documentos, quizá los más detestados de la historia reciente, tomados de los protocolos de los sabios ancianos de Sión, para reconstruir el origen del antisemitismo desde el siglo XIX hasta Hitler. La trama resulta perversa al tratar con sorna un tema que ha sido históricamente sensible. Eco ha puesto el dedo en la llaga, ganándose la antipatía tanto de la comunidad judía como de la Iglesia Católica.

En la novela no hay quien se salve. De los alemanes dice que “viven en un estado de perpetuo embarazo intestinal debido al exceso de cerveza y a esas salchichas de cerdo con las que se atiborran”. De los franceses, que son “perezosos, estafadores, rencorosos, celosos, orgullosos más allá de todo límite”, y los italianos son “viles y traidores”. Pero de todos, son los judíos los que llevan la peor parte.

Escrita a manera folletinesca, la obra experimenta cuanto quiere en una colcha de retazos que puede ser tildada de posmoderna, pero que posiblemente va más allá para proponer un nuevo modelo de novela histórica, transgresora, múltiple, capaz de dejar incómodo a todo el mundo; que, como él mismo ha dicho, habrá de ser tomada en serio por muchos que no conocen los sucesos de esa época, y así habrá ganado millones de nuevos lectores en busca de verdades ocultas, al mejor estilo de Dan Brown.

Para otros lectores, será una historia donde los sucesos históricos y la ficción tienen una relación peligrosamente estrecha o donde los sucesos del siglo XIX se parecen extrañamente a los del XXI.

La trama, basada en la falsificación de documentos, hace pensar en las recientes filtraciones de WikiLeaks. Por otro lado, Umberto Eco dijo de Simonini que es un personaje “tan detestable como Berlusconi”.

El autor dijo al Vaticano que gracias a la censura, donde se tilda a su novela de “sinfonía maligna”, logró vender 600.000 ejemplares en Italia en un mes. A sus 78 años, Eco tiene la agudeza, lucidez y sentido del humor más afilados que nunca. El maestro vuelve a sorprendernos con una novela abierta a millones de lecturas posibles, cada una a la medida del lector que la toma entre sus manos.
Eco sabe poner el dedo en la llaga

La trama de esta novela resulta perversa, al tratar con sorna un tema que ha sido históricamente sensible. Eco ha puesto el dedo en la llaga, ganándose la antipatía tanto de la comunidad judía como de la Iglesia Católica.


Notas:

Fuente:http://www.eltiempo.com/entretenimiento/libros/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-8792730.html

SPAIN.  21 de enero de 2011

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