La sociedad asimétrica y actitud crítica como postura ética

La ética, en tanto que práctica y teoría atinente a la reafirmación de la vida, al modo como enseña Dussel (2014) en su obra “14 Tesis Éticas” constituye poco más o menos que una tarea heroica. Tanto en el ámbito personal como para la colectividad. Sobre todo en el marco de sociedades modernas y aun las contemporáneas y actuales, caracterizadas por sus asimetrías económicas, sociales y culturales cada vez mayores entre grupos, familias y países. Medidas a partir del acceso a los bienes materiales y culturales, tangibles e intangibles o nivel de ingresos.

Así, el informe de un organismo como lo es la Comisión Económica para el Desarrollo Económico de América Latina (CEPAL) del último año revela que “América Latina y el Caribe es la región más desigual del mundo” (http://www.cepal.org/es/articulos/2016-ame...). Por otro lado, los modelos de desarrollo aplicado en las últimas décadas empobrece el ambiente y se impone la necesidad de que éstos sean sustentables, de acuerdo con Orozco Berrenetxea (S/F, en: http://www.ubu.es/sities/defacul/files/por). Así se tiene entonces que la ética viene a ser una reflexión urgente con fines de reafirmar la vida en todas sus formas, para decirlo así parafraseando a Fernando Savater en uno de sus últimos libros de este escritor español y divulgador filosófico, la publicación “Ética de urgencia” (2013).

Dado las anteriores consideraciones, se ha de entender la ética no como la moral normativa a través del orden social dado y que como práctica social se despliega con fuerza a través de las instituciones sustentadas en la estructura jurídica-política vigente, por eso se le suele llamar efectiva. Dussel (2014) denomina “Ontología” a esa realidad profunda del “ser social” ofrecido por las circunstancias socio históricas, cuya dinámica se bifurca en una ortopraxis en las dimensiones del tiempo y el espacio; donde un pueblo desarrolla los ideales de su cultura, que demarca el “cuidado de la acción correcta”, cabal expresión de las creencias que afirman el carácter y el valor de los principios.

La ética, en cambio, viene a ser actitud crítica y heurística que denuncia las contradicciones de tal orden social dado, aquellas prácticas que atentan contra la vida de toda la serie mineral, vegetal, animal y humana, de la biosfera.  Así como la investigación o búsqueda de nuevos horizontes, con un proyecto socio histórico específico para transformar tanto el “ser” (social), como el “no ser “ que emerge (lo subalterno, marginal y preterido a fin de que pueda “ser” mediante la creación de nuevas realidades); reinterpretando en esto si se quiere de esta manera un postulado nodal presente en el conocido Poema Pedagógico de Parménides, escrito antiguo ofrecido en un lenguaje cargado de mucho simbolismo en torno a lo que “es” y lo que “no es”.

La criticidad, en tanto que planteo reflexivo desde una perspectiva filosófica frente a la afectación de la vida personal y colectivo por parte del entorno, se construye mediante acuerdos consensuados, derivados de una intersubjetividad propiamente revolucionaria, ya que ni más ni menos pretende sustituir el orden social vigente, como elemento dado históricamente (ontología de los actual) y procura un orden social nuevo (lo que está siendo, en tanto que aún no es pero que se está afirmando en sus primeros pinitos para “ser”.
En términos de la tesis 2: “La ontología práctica fundamental” (incluida en las “14 Tesis Éticas”-Trotta, 2014. Hacia la esencia del pensamiento crítico. Enrique Dussel. Encuadernación en rústica. 216 páginas.  http://www.trotta.es/static/pdf/),  que es lo que se ha venido comentando aquí, pensar el entorno socio histórico del momento dado y su dinámica temporo-espacial se transforma en ontología, esto es, un despliegue de la cultura dominante, como por ejemplo la griega de su tiempo, como se puede leer en obras que tratan de la historia universal (confróntese a Alain Pasquier, 1962, Grecia. Historia Ilustrada de las formas artísticas. El Libro de Bolsillo. Alianza Editorial. XXI. Madrid; Círculo de Lectores, 1967, Grecia. Editorial Daimon. Bogotá).

Dussel reafirma lo anterior mediante una perspectiva teológica auxiliado del aporte de las ciencias sociales, de donde concluye recurriendo a Heidegger que el ser lo envuelve todo, que no   hay nada más allá del ser (la ontología de lo actual).  Pero Dussel agrega a ello que más allá del ser como cultura dominante (cultura helénica, el mundo griego, la polis del tiempo de Pericles) está el no ser, las culturas bárbaras que no están en el mundo de la cultura nominal o formal griega. Sin embargo, existe como exterioridad y totalidad sistémica como polaridad contraria a las tesis vigentes. Esto es, una especie de trans-ontología, el no ser viene a ser también la ética crítica donde los seres humanos subalternos exigen el reconocimiento de su dignidad, de tal suerte que esta ética de la liberación entra de hecho y de derecho en el ámbito político, en una conciencia crítica colectiva que se organiza y moviliza en torno a un proyecto que irrumpe en forma precisamente disruptiva, lo cual también es relación y contrastación entre el ser y el no ser.

Finalmente hay que decir que en esta segunda tesis ética de Enrique Dussel recurre a metáforas teológicas hasta conformar una especie de triada teorética conceptual, ya que se mueve en una reflexión que incluye la filosofía, la teología cristiana católica y la ética (metáforas teológicas), allí la moral se entiende como aquello que enseña el contexto familiar y comunitario con fines de edificar la vida buena; otra cosa es la perspectiva crítica del vivir (ética), ello a partir de la interpretación filosófica desde América Latina y el Caribe.

Se tiene entonces que como totalidad de sentido (Heidegger) necesita mediaciones prácticas, entendidas como posibilidades de construir una existencia humana, verdaderamente. Que no sea especulación espuria, sino: “… reflexión posterior teórica” (Dussel, 2014, op cit., 2.13); como parte de un proyecto de realización en un tiempo de mediana duración que se va tejiendo desde la cotidianidad. En tanto que una práctica moral este nuevo proyecto de existencia está necesariamente vinculado a la normatividad de una nueva institucionalidad solidaria que rescata la dignidad perdida de la subalternidad. Por su parte, dado que la ética constituye como ya se ha repetido aquí: “la reflexión acerca del mundo cotidiano como totalidad de sentido práctico, es decir, com-prensión del “ser”, se puede concluir que el fundamento práctico con vistas a lo cotidiano del mundo inmediato se torna necesario, pues: “El ser humano es práctico, es decir, moral o ético inevitablemente, y lo es primariamente”, (ídem, 2.1).

La existencia humana, en sentido individual y colectiva, se desarrolla en el tiempo (“Ser y tiempo”, como se llama la conocida obra de Martín Heidegger, en que se sustenta Enrique Dussel y hasta se diría que somete a crítica desde la experiencia de la cultura latinoamericana) y la humanidad en general al desplegar su existencia ha construido diversas mediaciones institucionales, donde sin embargo no siempre brilla de justicia sino que es lo que menos se ve; de tal suerte que ir construyendo una actitud crítica es fundamental, con fines de liberarnos de toda servidumbre abyecta. 

En síntesis cabría decirse que tanto en Venezuela como en América Latina y el Caribe de la época contemporánea y actual se debaten en la palestra varios proyectos políticos, que en realidad son proyectos éticos;  reunidos en dos bloques antagónicos, el de los sectores de la nueva ciudadanía asociados en lo concreto al modelo agroecológico del desarrollo industrial y urbano, integracionista en lo económico y cultural en el marco de los gobiernos progresistas que impulsara el presidente venezolano Hugo Chávez al menos desde Seatle en 2001 y también desarrollaran Luís Ignacio “Lula” Da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, Daniel Ortega Saavedra en Nicaragua, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, el ex obispo Lugo en Paraguay, José “Pepe” Mujica en Uruguay, entre otros como Cuba con su ya histórico proceso.

Todo lo cual es diferente al liberalismo con su ética formal reduccionista de todo lo humano a la razón económica; un espectro político que abarca desde el presidente de Colombia Juan Manuel Santos, al nuevo jefe del Ejecutivo brasileño Michel Themer entre un grupo variopinto de festivos adláteres de la periferia adoradores perpetuos de Washington, porque se consideran parte de “Las Américas”.

Luis B. Saavedra M.

Notas:

Fuente:  http://www.aporrea.org/ideologia/a235849.html

22 de octubre de 2016.

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