La vida, entre aborto y eutanasia, obliga a que las ideas cambien

Roberto Esposito explica la perplejidad del socialista Joaquín Montero que cree que “una sociedad o grupo de poder no puede legitimar qué vida merece ser vivida y cuál no”.

El siglo XX heredó del siglo XIX la división de los pensadores, no sólo políticos, entre izquierdas y derechas. Con diversos contenidos, que fueron cambiando a lo largo de las décadas, hubo una filosofía, una política, y también una genética, una biología y una zoología de izquierdas y otra de derechas. Un pensador italiano, docente en el Istituto Italiano di Scienze Umane, nos explica cómo la división tradicional entre izquierdas y derechas tiene en 2009 tan poco sentido como la separación convencional entre las ciencias.

Roberto Esposito, profesor de Filosofía Teorética, no es de izquierdas o de derechas, y trata de ofrecer en su más reciente monografía, publicada por Herder y traducida correctamente pese a su complejidad por Alicia García Ruiz, las razones por las que nuestra postmodernidad necesita volver a pensar en la definición misma de lo humano. Hay que entender, sí, cómo y por qué hemos llegado aquí, pero hay que asumir también que ninguna de las fórmulas pasadas es válida para entender el presente y el futuro de las comunidades .

La idea misma de comunidad ha sido parte de la columna vertebral del pensamiento occidental, y este pensamiento ha sido de hecho el único pensamiento universal a lo largo de la historia intelectual de la humanidad. La comunidad, su afirmación, su negación y su definición, ha tenido una vida paralela a la compleja interacción entre la parte biológica y la racional del ser humano. Qué es ser humano o no serlo, y en qué medida serlo implica vivir en comunidad y asumir la superioridad de la razón humana sobre su fundamente material, ha enfrentado a los occidentales desde antes de Sócrates hasta las grandes revoluciones filosóficas de los siglos XVIII y XIX. Incluso éstas, enfrentando liberalismo, democracia y comunismo, compartían la estructura básica del pensamiento tradicional que por otra parte negaron y destruyeron. Esposito explica cómo, quizás como resultado de esa victoria, las cosas ya no son así en el siglo XXI.

Europa es individualista, igualitaria, universalista y progresista, al menos desde el liberalismo. Incluso el marxismo se limitó a llevar a su extremo la misma lógica materialista e inmanente, y por diferentes y fallidos caminos. Liberalismo y comunismo trataban en definitiva de llegar al mismo punto. Atisbos de algo diferente ya se intuyeron en toda la filosofía pesimista, de Hobbes a Kant, de Nietzsche a Heidegger; atisbos fallidos, incompletos, que no veían el horizonte que ahora contemplamos, pero que al menos tuvieron la virtud de no limitarse a los distintos tipos de nostalgia y de tradicionalismo fósil que nada solucionaban. El mundo ha estado cambiado y nuestros padres no se daban cuenta.

La vertiente biopolítica del nazismo experimentó un camino diferente. El factor biológico en general había adquirido desde Darwin y aún más desde la vulgata de Spencer una importancia desmesurada. Entender la vida humana como una realidad comunitaria al modo animal era un paso hacia una comprensión de la realidad diferente a la tradicional pero también a los dogmas de la modernidad. Pensar la política desde la biología de los individuos y de las comunidades tenía un toque zoológico, pero representó un éxito en su momento. Pensar la política desde la vida es una exigencia de la postmodernidad, y el error nazi fue reducir, como sus adversarios por lo demás, lo humano lo material. Esposito compara los errores intelectuales de unos y de otros sin ocultar las inmensas y sangrientas tragedias que conllevaron.

El debate nos afecta a todos y no se soluciona mirando atrás

Pero los errores de nazis, comunistas, iluminados liberalcapitalistas y materialistas en general no pueden implicar que cerremos los ojos a la verdad de la biopolítica. Esposito recurre a Heidegger, Hannah Arendt y Michel Foucault para abrir puertas a nuevas soluciones. Soluciones en las que Nietzsche fue un precursor, porque ya en el XIX anunció que el verdadero drama del futuro sería la definición de lo humano, de lo verdaderamente humano. Y Europa vive hoy un debate donde se discute cuál es la vida humana “digna de ser vivida”, tanto por ancianos como por fetos no nacidos y por enfermos, donde los más progresistas no temen utilizar el lenguaje y los argumentos de los médicos alemanes del siglo pasado. Y si una vida no es “digna de ser vivida”, ¿quién puede delimitar esa dignidad?

El concejal del PSOE en Paradas (Sevilla) Joaquín Montero ha roto esquemas al decir que “una sociedad o grupo de poder no puede legitimar qué vida merece ser vivida y cuál no”. Sin embargo, precisamente eso está sucediendo. Eso, que llevó a algunos científicos alemanes a severas condenas después de 1945, es ahora ley entre nosotros, y con la posibilidad de una permanente ampliación. Curiosamente aquellos científicos y políticos fueron condenados en nombre de un Derecho Natural que se entendió superior a las normas alemanas vigentes, que ellos cumplieron. Hoy se niega la existencia de un Derecho Natural, y el Derecho positivo, para desesperación de personas honradas como Montero y para respaldar el análisis de Esposito, convierte la vida en un concepto “discutido y discutible”, mucho más que antes de 1945.

Por esa razón Esposito propone en toda su crudeza un debate que va más allá de las ideologías establecidas, de las convenciones intelectuales y de los límites entre las disciplinas. Por eso en torno a él y a otros docentes de su institución surgen iniciativas comunitarias abiertas experimentalmente hacia el futuro. Y por eso el pasado mes de marzo pudo ser la izquierda intelectual (el Círculo de Bellas Artes y la Universidad Carlos III) quien presentase al profesor italiano en España: porque no es ya un debate de partidos ni de científicos, sino un problema vital que requiere una respuesta viva que aún no tenemos. Pero el primer paso para llegarla a tener es aceptar que la necesitamos, y este libro puede y debe ser leído como una gran pregunta a la que cada hombre, cada mujer y cada comunidad humana tendrá que dar una respuesta.

Comunidad, inmunidad y biopolítica.
Roberto Esposito,
Traducción de Alicia García Ruiz.
Herder,
Barcelona, 2009.
208 pp.
14,90 €

Notas:

Fuente: http://www.elsemanaldigital.com/articulos.asp?idarticulo=96176

Madrid, SPAIN.  09 de mayo de 2009.

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