Leer en vacaciones

Y en eso de viajar por las librerías me topé con un libro que se llama “Ensayos impopulares”. En un prólogo lleno de simpatía nos dice Russell, contestando a sus críticos, que este libro lo puede leer un chiquillo de 10 años, sin ningún tipo de dificultad

Bertrand Russell era uno de esos escritores que necesariamente tenían que leerse en la juventud por ese libro, con ese título tan atractivo, de “¿Por Qué No Soy Cristiano?”. Después se descubre que existe el Bertrand Russell impenetrable, por lo menos para mí, de la lógica matemática, de la teoría del conocimiento, etcétera, etcétera. Pero también está el Bertrand Russell sencillo, amable, con una generosidad extrema en lo que a sencillez se refiere, cuando trata temas que podríamos llamar de opinión pública.

Como un hombre que vivió desde su inteligencia y por su inteligencia el mundo, este inglés excepcional opinaba de todo, pero siempre con el rigor de sus formulaciones lógicas. Lo mismo nos habla del feminismo, que de las ideas que le han hecho daño a la humanidad, que de las contradicciones del pensamiento científico que, haciendo mucho bien en el progreso de la humanidad, también pueden crear desastres. Y como ejemplo monumental nos propone el descubrimiento de la bomba atómica.

Y en eso de viajar por las librerías me topé con un libro, de esos justamente para vacaciones, que se llama “Ensayos Impopulares”. En un prólogo lleno de simpatía nos dice Russell, contestando a sus críticos, que este libro lo puede leer un chiquillo de 10 años, sin ningún tipo de dificultad. Y es verdad. Desde los temas casi imposibles de Hegel y el idealismo alemán hasta la revolución Francesa, el marxismo y el alma eslava del misticismo ruso, Russell se encarga, con una sencillez y una alegría sorprendentes, de descifrar oscuridades y complejidades y ponerlas en evidencia.

En relación a Hegel nos dice algo extraordinariamente simpático: que a fuerza de ser oscuro, complejo y francamente inentendible, todos los filósofos cayeron en la trampa de pensar que Hegel hacía la mejor traducción o interpretación del conocimiento, cuando en realidad en ese lenguaje a propósito complejo, en el pensamiento de Hegel no se podían rescatar más que tonterías y tonterías que propuso Hegel y que significaron años y años de rondar de los filósofos por ese pensamiento impenetrable.

Por supuesto que Russell, como buen lógico e influenciado fundamentalmente por Hume y por Locke, el empirismo y el escepticismo inglés, no podía aceptar de buena gana esa deificación del Estado, del espíritu absoluto, del concepto de la historia, pero sobre todo, de ese lenguaje intraducible de Hegel.

Bertrand Russell en sus ensayos es esencialmente un desmitificador, y claro, toda desmitificación es necesaria, útil porque lleva todo el pensamiento de los filósofos a esquemas implacablemente lógicos y de análisis del lenguaje. Al querido Platón lo deja bien puesto como el padre fundador de todos los totalitarismos. Y así como de Platón, Hegel y Marx nos lleva a concluir que estas filosofías fueron las que hicieron posible el régimen soviético y el régimen nazi, también nos describe cómo de Aristóteles y Santo Tomás se edifica toda la estructura y la fuerza de la Iglesia católica. Es decir, que el pensamiento filosófico logra materializarse en la conciencia de élites gobernantes de tal manera que la filosofía se entrelaza con la política de una manera irremediable y fatal.

Russell tiene también el gran mérito de lograr separar lo que es el pensamiento científico, el conocimiento científico en constante evolución, del mundo de lo opinable, del mundo de los puntos de vista, que son los propuestos por la política y por la filosofía. Por eso recomienda que los fanáticos de izquierda o los convencidos de la izquierda lean la prensa y las opiniones de los fanáticos y convencidos de derecha.

Russell, lo que pretende es establecer dentro del mundo de lo opinable lo que llamamos ahora “tolerancia”, saber discutir y opinar sin que por ello vaya la vida, entendiendo que tanto el pensamiento filosófico como el pensamiento político son pensamientos históricos circunstanciales y relativos.

Dice Russell que con Galileo comienza el camino de la ciencia y en eso, como en muchas cosas, tiene absoluta razón. Nos habla de cómo, por ejemplo, en la época victoriana, considerada la mujer el centro de la pureza, se le impedía asistir a la política en tanto ésta implicaba bajeza, ausencia de nobleza y una cantidad ilimitada de vicios. Luego las mujeres brillantes simplemente voltearon el argumento para decirnos que justamente por eso ellas deberían estar en la política para darle un poco de nobleza y pureza a esta actividad fundamental de la sociedad.

Es decir, Russell analiza el cielo y su reverso con ese alejamiento flemático del empirismo inglés.

En fin, esa partícula ínfima que habita en una partícula ínfima del universo no debería tomarse tan en serio tantas proposiciones que producen dolor, desgracia y desasosiego en el alma humana.

“Ensayos Impopulares” es un buen libro para vacaciones y un buen libro que puede servirnos como gran terapia para el estrés de nuestro tiempo.

Notas:

Fuente: http://www.mural.com/editoriales/nacional/438/874589/default.shtm
25 Jul. 08

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