Los postfilósofos

Observamos como los verdaderos filósofos se extinguen a marchas forzadas, paralelamente se multiplica otro tipo de espécimen: el postfilósofo

La filosofía tiene un papel muy irrelevante en la vida política y social. Por lo general, se la considera un saber accidental, ajeno a las vicisitudes históricas, algo estéril que se cultiva en la Universidad. Sin embargo, su finalidad es contribuir a la sociedad, a la construcción de un orden justo, de un mundo solidario, de un planeta más pacificado.

En nuestro tiempo, observamos como los verdaderos filósofos se extinguen a marchas forzadas, pero, paralelamente se multiplica otro tipo de espécimen: el postfilósofo.

Debemos a Richard Rorty la idea de una cultura postfilosófica. Esta propuesta, típicamente postmoderna, parte de la idea que no existe la verdad, lo que significa que los hombres no pueden aspirar a otra forma de manufactura cultural que no consista en la elaboración de las reinterpretaciones de reinterpretaciones anteriores a las cuales, a su vez, versan sobre interpretaciones más remotas.

En la antítesis de esta posición están Platón y Kant, pues ambos autores convergen en la suposición de que la filosofía puede proporcionar criterios absolutos para determinar definitivamente qué clase de relación tenemos con la realidad, qué ha de entenderse por verdad y cómo somos y debemos actuar los seres humanos. No obstante, la posibilidad de una descripción en tales términos topa con la contingencia irreductible de todo lo humano o, si se prefiere, como diría Nietzsche, con la idea de que en última instancia “existente y absoluto son predicados contradictorios”.

Según Richard Rorty, podemos contemplar el trayecto del pensamiento humano desde Platón y Kant hasta Hegel y Nietzsche como la dolorosa transición de la Filosofía a la filosofía. El pasaje a una cultura postfilosófica significaría el abandono plenamente consciente de la filosofía entendida a la manera de Platón o Kant, esto es, como aspiración a la verdad, como pasión por el ser de las cosas y la adopción de una perspectiva, anclada en el pragmatismo, en el cual la filosofía no puede pretender progresar más allá de una imagen deliberadamente imprecisa de las cosas.

La obsolescencia de la Filosofía, es decir, de la filosofía como especialidad, como disciplina técnica que se esfuerza por resolver un cierto número de problemas característicamente filosóficos, así como su pérdida de un lugar de privilegio en el sistema del saber, daría paso a una nueva tarea: la filosofía debería recorrer transversalmente, ya no verticalmente, el enorme campo de la cultura humana con el objeto de ofrecer síntesis no necesariamente más exactas que las anteriores sino, en todo caso, más pertinentes.

Los postfilósofos se asemejan mucho a aquellos que hoy podríamos denominar críticos de la cultura, personas que como Zygmunt Barman, Noam Chomsky o Terry Eagleton han dejado de hablar solamente de sociología, lingüística o teoría de la literatura para pasar a proponer interpretaciones sintéticas de la cultura humana en general. No es irrelevante la tarea de estos autores, sino muy útil para manejarse en la sociedad en la que vivimos, pero con todo, más allá de las interpretaciones sujetivas de lo social, de lo político y religioso, parece necesario que alguien, humildemente, aspire a la Verdad, a pesar de atisbar sólo alguno de sus destellos.

El postfilósofo del inmediato porvenir pasa, según Richard Rorty, sin solución de continuidad de Hemingway a Proust, de ahí a Hitler, a Marx, a Foucault, a Mary Douglas, a la actual situación del sudeste asiático, a Gandhi y a Sófocles. Es un diletante que acude a dichos nombres para referirse a una serie de descripciones, de sistemas simbólicos, de modos de ver las cosas. Es quien te informa de cómo las cosas se relacionan entre sí.

El postfilósofo no puede saciar el infinito deseo de Verdad que palpita en el corazón de su todo ser humano. Considera que tal tarea le trasciende y, sin embargo, todo ser humano, por el mero hecho de serlo, aspira a conocer lo que son las cosas en sí mismas. La entregada búsqueda de la Verdad, la persistente batalla contra las apariencias es lo que, finalmente, dignifica a alguien que tenga la pretensión de llamarse a sí mismo filósofo.

Notas:

Fuente: http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=13458&id_seccion=5

Barcelona, Cataluña, Spain.  Viernes, 03 de abril de 2009

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