Los sepultureros de la filosofía

¿Por qué el tema de la muerte de la filosofía sigue rondando en algunos medios contemporáneos?

A lo largo de la vida, uno va guardando recuerdos& y respetos. Hechos y cosas de la juventud que se quedan gratamente en la memoria. Me imagino que algunos de ellos se mantendrán gratos hasta la muerte, en tanto que otros a veces se agrietan… Es lo que acaba de pasarnos con Pedro Lluberes, profesor nuestro en el postgrado en Filosofía de la USB, hace ya 37 años. Era un recuerdo hermoso, porque además iba asociado a la decisión crucial que nos cambió la vida: estudiar filosofía y entusiasmarnos con ella hasta terminar dejando de lado a la economía. En buena medida, las magníficas clases de Lluberes -¡en 1972!- contribuyeron a cambiarnos la vida.

Ese recuerdo grato se nos estremeció el sábado 16/05, cuando leímos en el Papel Literario de El Nacional,Vocaciones Necrofílicas, un trabajo del profesor Lluberes, de quien nunca habíamos sabido más nada. Resulta -según Pedro- que una cosa es que Descartes, Hume o Schopenhauer detecten las profundas deficiencias de la filosofía, una cosa es que Kant demuestre que la Razón -la esencia del filosofar- había sido muy mal utilizada en los 2.300 años anteriores a él, una cosa es que Nietzsche se burlase de ella como le dio la gana o que Wittgenstein dijese que la filosofía era una habladera de& generalidades, ¡porque todo lo que ella dice o es ciencia o es religión!; una cosa, resumiendo, es que los grandes pensadores digan que la filosofía es inconsistente y otra que los pobres diablos que nos somos filósofos, los sepultureros improvisados, los que tan solo repetimos a Nietzsche o a Wittgenstein lo digamos. Los grandes pensadores pueden decirlo, ¡los aficionados no podemos siquiera repetirlo!

Porque lo que Wittgenstein dice de la filosofía es terrible, por mucho que Pedro lo embellezca: “De acuerdo a la concepción de este pensador los problemas y enigmas con los que se ha topado tradicionalmente la filosofía han sido típicos productos incardinados de profundis en múltiples confusiones generadas por& el lenguaje, cuyo mal uso sería perenne motorizador de proposiciones carentes de sentido”. Por mucho que Pedro lo diga muy bonito -con su profundis y todo- lo que el autor del Tractatus dijo es que la filosofía carece de sentido.

Pero he aquí lo más doloroso de Lluberes: “cabría preguntarse por qué el tema de la ‘muerte’ de la filosofía sigue rondando en algunos medios contemporáneos”. ¿Por qué será Pedro? ¿Acaso porque a partir de Kant se puso en evidencia que la Razón había fracasado no sólo antes de él, sino también y sobre todo después de él? ¿Será porque Nietzsche -siguiendo a Schopenhauer- puso finalmente en evidencia que la Lógica o Razón no puede darnos sino una Representación de la realidad, es decir, una versión hipotética de ella, dependiente siempre de unas premisas, esto es, parcial, abstracta& y superficial, siempre? ¿Será acaso, Pedro, porque el inefable Wittgenstein mostró de manera incontrovertible que fue la Razón -¡y no Dios! la que en verdad había muerto? Ello, al dejar claro para siempre que “todas la proposiciones de la lógica son tautológicas”, o sea, que no generan un solo ápice de conocimiento nuevo. ¿O será más bien, profesor Lluberes, porque ese mismo Wittgenstein -el sepulturero mayor- puso en evidencia que de la Ética carece de sentido hablar, esto es, que no son la filosofía y mucho menos, por supuesto, la Razón o la Ciencia, sino la Mística o la Religión, las que pueden abordar el problema esencial de lo Humano: la Moral; en tanto que “para todo lo demás”, para las cosas cotidianas, existen la Lógica y la Ciencia?

Notas:

Fuente: http://www.eluniversal.com/2009/05/31/opi_art_los-sepultureros-de_1404424.shtml

VENEZUELA.  31 de mayo de 2009

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