Mario Bunge: «La desigualdad provoca enfermedad»

A sus casi 90 años, este premio Príncipe de Asturias no duda en viajar adonde sea para hablar de Filosofía política. Solidaridad, cooperación y democracia integral (Gedisa), su último libro.

–¿El poder siempre corrompe?
–No. No corrompió a Nelson Mandela, un hombre con sólidos valores personales y sociales. Alguien dispuesto a hacer el bien al prójimo. A luchar por la paz, la conservación del medioambiente, la igualdad…

–¿Esas son las virtudes del buen gobernante?
–Lo son la visión y la competencia. No basta con tener un buen programa, hay que saber cómo llevarlo a cabo.

–Sin embargo, triunfan personajes como Berlusconi.
–¡No logro entender su éxito! Berlusconi no ha hecho absolutamente nada por el pueblo italiano. ¡Es un bandido! Pero su triunfo no solo muestra la enorme corrupción de los políticos, sino también del pueblo italiano, que lo ha elegido libremente tres veces, cuando debería de haberle mandado a pudrirse en la cárcel.

–Siempre nos quedará Obama…
–Meses atrás yo estaba exultante. ¡Por fin un hombre inteligente, culto y comprometido! Pero recordé que un líder no hace nada sin el apoyo del partido. Y el demócrata está profundamente corrompido. Ha sido cómplice de los peores crímenes de Bush, de la Patriot Act que recorta las libertades públicas…

–Él tiene un sueño.
–Y también tiene a Timothy Geithner, el secretario del Tesoro, que fue uno de los culpables de la ola de desregulaciones económicas de los años 90. Le diré algo importante: la mayoría de partidos no estudian la realidad de manera científica.

–Ayúdeles usted.
–La democracia integral pivota sobre el socialismo cooperativista.

–¡El comunismo falló!
–¡Cómo va a fallar, si nunca se puso en práctica! Lo que se puso en práctica fue el socialismo autoritario estatista. En la URSS solo una pequeña élite, la nomenklatura, lo poseía todo. Y, dicho sea de paso, ¿vio a alguna mujer entre los líderes soviéticos el 1 de mayo?

–No, señor.
–Pues ellos se pusieron la medalla de conquistar la igualdad de la mujer. Una falsedad. Y sin igualdad no puede haber libertad.

–Y eso que usted desconfía del feminismo.
–Estoy en contra del feminismo profesional. Pero creo que hay que reformar las leyes y, aun así, no basta. ¡Los maridos siguen sin colaborar en las tareas domésticas!

–Mejor volver a su receta de la democracia.
–Hay miles de empresas cooperativas en el mundo como Mondragón, que no solo van bien, sino que cumplen una función psicológica. A la gente le gusta trabajar en su propia empresa. La desigualdad provoca enfermedad. La envidia, la rabia, la impotencia hacen enfermar. El Estudio Whitehall muestra que si se aumenta el estrés, disminuye la inmunidad. La mayor parte de empresas de EEUU quiebran antes de cumplir cinco años.

–Más indicaciones.
–Hay que fortalecer la democracia política. Todos los votantes deberían participar en asociaciones de estudio, ecologistas, de fomento de la cultura popular…

–Todo el mundo anda demasiado ocupado, profesor.
–La sociedad es un supersistema. Si solo cuidamos de un aspecto, todo lo demás no funciona bien. Marx no entendió que la igualdad social no se consigue sin la igualdad política. Propuso la dictadura del proletariado. Pero si el poder político se concentra en unas pocas manos, en ellas se queda el poder económico.

–¿Cuándo llegará esa sociedad justa, igualitaria, fraterna?
–Llegará de manera gradual. El consumismo, que está ensuciando nuestro nido, no es algo que se pueda cambiar de la noche a la mañana. Una lección contemporánea es que no hay que endeudarse. El adulto norteamericano medio debe 10.000 dólares por cabeza y no sabe cómo pagarlos si no es cogiendo otra línea de crédito. Debemos ahorrar.

–Estudió Física y Filosofía para entender el mundo. ¿Ha llegado a alguna conclusión?
–A alguna. Cuando era joven creía en la revolución. Ya no. He comprendido que a la mayoría de la gente lo único que le interesa es seguir viviendo.

–¿Y a usted?
–Me interesa seguir vivo, amiga. En septiembre cumplo 90 años.

–Pues luce usted muy juvenil.
–Eso es porque evito el alcohol, el tabaco y la posmodernidad.

–¿Tan mala es la posmodernidad?
–Es una traición a los pilares de la Ilustración. Es la ideología de los idiotas que se sienten amenazados por la ciencia y la técnica. ¡No encontrará médicos o ingenieros posmodernos! Pero hay algo peor que la posmodernidad: el escapismo filosófico. Toda esa gente que trata de mundos posibles… Lo difícil es estudiar el mundo que existe.

Notas:

Fuente: http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=632013&idseccio_PK=1026

Cataluña,Spain 24 de julio de 2009

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