MP y Sartre: amistades particulares

Merleau-Ponty se inscribe en el paradigma intelectual de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, marcados por la filosofía de la conciencia –fenomenología y existencialismo– y también por la filosofía dialéctica que había sido redescubierta en Francia a través de los famosos cursos de Alexandre Kojève a los que MP asistió.

El joven György Lukács, el primero en esbozar un marxismo hegelianizado con su libro maldito Historia y conciencia de clase (1923), le sirvió a MP –que lo había leído una década antes de ser traducido al francés– para vincular la dialéctica hegeliana con Marx. MP se adelantaba en muchos aspectos a Sartre, hasta en su vida íntima, ya que fue el novio juvenil de Simone de Beauvoir. Sartre estaba muy predispuesto a captar rápidamente las ideas que pasaban cerca suyo y MP llego a confesarle a Aron que a veces callaba ante él sus ideas más novedosas. Filosóficamente le hizo conocer a Hegel y Marx, y la posibilidad de conciliar a ambos con el existencialismo. El existencialismo de Hegel de MP fue el primer esbozo de un existencialismo dialéctico, y Las querellas del existencialismo y Marxismo y filosofía señalaron el nexo entre marxismo y existencialismo. Cuando decía “un marxismo viviente debería ‘salvar’ la búsqueda existencialista e integrarla en lugar de sofocarla”, estaba anunciando veinte años antes el planteo de Sartre en Critica de la razón dialéctica. También en aquel artículo y después en su obra Fenomenología de la percepción, MP criticaba conceptos de El ser y la nada, por acentuar las antítesis y desconocer los nexos entre la conciencia y el mundo, y asimismo cuestionaba la concepción incondicionada y abstracta de la libertad sartreana.
MP vino a jugar el mismo papel para Sartre que Paul Nizan antes de que éste muriera, cuando lo orientaba en el modo de pensar políticamente. Fue MP quien esbozó el programa de filosofía política que Sartre desarrolló después. Consciente de sus falencias y también por desinterés, Sartre designó a MP director político de Les Temps Modernes y confesaba: “Se orientaba mejor que yo en el mundo ambiguo de la política. El me descubrió el método y el objeto”.

Paradojalmente, con algunos años de distancia, Sartre adoptaba las elecciones políticas de MP cuando éste ya las había cambiado por otras que aquel incorporaría después. Ambos terminaban coincidiendo siempre pero en tiempos distintos. Sartre reconoció más tarde: “Yo creía permanecer fiel al pensamiento que él abandonaba, el creía ser fiel a sí mismo y que yo lo traicionaba; yo pretendía proseguir su obra, él me acusaba de arruinarla”.

Esa amistad y enemistad intelectual los siguió vinculando a pesar del distanciamiento de los últimos años, a través de un diálogo –en el que a veces se involucraba Simone de Beauvoir– sólo explícito por parte de MP pero no de Sartre, que apenas habló de aquél después de su muerte. En los años cincuenta era común la polémica ¿Sartre o Merleau-Ponty? Hoy esta disyuntiva resulta anacrónica y más bien debe aceptarse lo que proponía un amigo de ambos, Jean Hypolitte: pensarlos a uno por el otro.

Juan José Sebreli

Sociólogo. Su último libro es El olvido de la razón.

Notas:

Fuente: http://www.perfil.com/contenidos/2008/03/23/noticia_0011.html

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