Naturaleza y artificio

“La modernidad perdió el concepto de naturaleza, lo cambió por un mecanismo, un procedimentalismo sin orientación. En el comienzo de la Filosofía, la naturaleza permitió encontrar en la naturaleza de las acciones un principio de moralidad.”

Hay temas que la discusión actual ha puesto en primer plano, lo que puede confundir porque se vienen discutiendo desde la antigüedad, como la diferencia acerca de lo natural y lo artificial, lo que sería no natural o contrario a la naturaleza; esa discusión es casi tan antigua como la historia del pensamiento, y la filosofía defendió en lo que se llamó Metafísica (ciencia del ser), la relevancia de lo universalmente válido. La tradición socrática defendió esa universalidad frente al pensamiento vacío de la sofística, producto de convenciones arbitrarias. La filosofía aristotélica intentó esclarecer la naturaleza de ese pensamiento y sostuvo que una cosa puede ser pensada y nombrada de distintas maneras, como lo que es (sustancia), pero también como las cualidades y relaciones que tiene, y finalmente con referencia a lo que la distingue como especie, por ejemplo la racionalidad (logos) en el hombre, eso define para Aristóteles la especie humana; la especie es lo que define con más claridad una cosa cualquiera, lo que llamó sustancia, el sustantivo en gramática, que se distingue del nombre propio porque éste hace referencia solo a un individuo, por lo tanto no tiene universalidad, y precisamente esa universalidad es la que salva el pensamiento del vacío de sentido de la retórica sofista; ésta hacía valer el aspecto de la realidad que servía a los fines propios del individuo, sin referencia a lo universalmente válido; entonces cómo lograr un pensamiento que por lo menos sirviera para entenderse uno con otros, sin limitarse al interés de cada uno, para poder vivir en sociedad, los sofistas recurrieron a convenciones arbitrarias, a un acuerdo en llamar de esa manera a las cosas que tienen cierta semejanza entre sí, por ejemplo llamar hombre a los individuos, que para ellos se parecen en algo, y para los filósofos se parecen porque pertenecen a la misma especie, no solo se parecen, comparten la misma naturaleza, humana en este caso.
Por qué este tema de nuevo en el análisis filosófico. La diversidad de culturas se ha hecho hoy más notoria por la facilidad en las comunicaciones, eso hace que la búsqueda de una moralidad común se plantee como una urgencia. El filósofo alemán Robert Spaemann en una conferencia reciente en España dice: “En realidad, esa misma pluralidad ofrece una clave para descubrir lo universalmente válido en la naturaleza humana”.
La naturaleza como norma. El encuentro de cosmovisiones que hoy es más fácil por las comunicaciones, plantea con urgencia el acuerdo acerca de pautas comunes.
Puede calificarse una acción de antinatural, tiene sentido hablar de derecho natural, como dice el filósofo alemán las palabras “natural” y “antinatural”, en el lenguaje cotidiano tienen función moral; hoy la discusión moral ha actualizado temas que enfrentan el “sentido moral común” y un nuevo paradigma individualista.
La moralidad emergente de ese paradigma es utilitarista o consecuencialista, no considera la rectitud ni la falsedad interna del que obra, mide la moralidad de la acción por sus consecuencias, frente a otras consecuencias posibles si se hubiera actuado de otra manera. En la conferencia citada dice Spaemann de esa moral sin principios:
“La prohibición de torturar, de engañar o romper promesas no es en principio distinto de la prohibición de cruzar la calle en rojo.”
Eso es erróneo, la tortura en sí misma es mala, el tránsito se ordena por criterios de practicidad. La modernidad perdió el concepto de naturaleza, lo cambió por un mecanismo, un procedimentalismo sin orientación. En el comienzo de la Filosofía, en Grecia, la naturaleza (Physis) permitió encontrar en la naturaleza de las acciones un principio de moralidad.
El encuentro de cosmovisiones que hoy es más fácil por las comunicaciones, plantea con urgencia el acuerdo acerca de pautas comunes; eso significa, no el desconocimiento de la diversidad cultural, al contrario, esa diversidad plantea la necesidad y la posibilidad de las pautas comunes, en relación al ejemplo anterior, la prohibición de la tortura no es resultado de una convención, está en la naturaleza de las cosas, de la humanidad en este caso, y de la moralidad o eticidad emergente de esa naturaleza.

MANUEL CASTILLO

Profesor en Filosofía de la UNSJ.

Notas:

Fuente: http://www.diariodecuyo.com.ar/home/new_noticia.php?noticia_id=304914

San Juan, Argentina. Vie, 26-09-2008

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