Nietzsche en el Retiro

“Me llamo a mí mismo el último filósofo”. La cita figura en la portada de El libro del filósofo (Taurus, colección Great Ideas), una de las novedades de estos días. Se trata de un texto breve, con escritos póstumos de Friedrich Nietzsche, aunque escritos cuando era relativamente joven. Un florilegio a mitad de camino entre la reflexión (nunca larga) y el aforismo, lleno de sugerencias para el lector. Dice Miguel Morey, buen conocedor de la obra nietzscheana, que la mejor forma de leer un texto de Nietzsche es leerlo dos veces. Pues este es uno de esos volúmenes que se prestan especialmente a ello: por su brevedad y por su densidad (lo que no implica falta de claridad).

Se abre el texto con una alusión a la función (coincidente, identificable) del filósofo, el artista y “las buenas acciones”. Una dicotomía (filósofo-artista) que se mantendrá a lo largo de todos los escritos, sin dejar de lado las referencias a la ética y a la convivencia. Así (página 10) “el filósofo y el artista hablan de los secretos artesanos de la naturaleza”. Porque la filosofía es “un instinto de conocimiento difícil de contentar” en el que “la belleza reaparece como poder”.

¿Cuál es la función del filósofo? O para ser precisos, del “último filósofo”: “tiene que ayudar a vivir”.

Los filósofos griegos aparecen y reaparecen a lo largo de los escritos, así como Schopenhauer, cuya influencia era entonces muy potente en Nietzsche. Pero también Platón, convertido en verdadero símbolo: “Platón como prisionero de guerra, ofrecido en un mercado de esclavos - ¿para qué quieren los hombres los filósofos? -. Esto permite adivinar para qué quieren la verdad”.

La fijación en los clásicos es un lugar común en toda la obra de Nietzsche. Aquí explica algunos de los motivos: “Heráclito no puede envejecer”. Es decir, la filosofía escapa a la noción de progreso quizás aplicable a otros conocimientos porque “no crece, quiero decir, la filosofía”.  No menos explícito es Nietzsche respecto al maestro de Platón: “Mera confesión: Sócrates me resulta tan cercano que casi siempre estoy luchando con él”.

En paralelo, el lenguaje como aproximación al mundo (o como creación del mundo). “Todas las figuras retóricas (es decir, la esencia del lenguaje) son silogismos falsos. ¡Con ellas empieza la razón!”. Nota marginal: ¡cómo dominan Platón y Nietzsche el uso de la exclamación!.

Hasta aquí, un Nietzsche con la mirada, en apariencia, puesta en el pasado. En realidad mira al futuro. Quien quiera pensar el presente quizás pueda partir de esta afirmación: “Tema favorito de la época: los grandes efectos de lo insignificante”. O si se prefiere mayor actualidad: “¡Si lo que hasta la fecha se ha venido gastando en la construcción de iglesias lo emplease la humanidad en la educación y en la escuela, y si orientase hacia la educación la inteligencia que actualmente se orienta hacia la teología!”.

Y un consejo para caminantes: “Realizo una tentativa para ser útil a quienes merecen ser iniciados oportuna y seriamente en el estudio de la filosofía (…) Existen buenas razones para aconsejarles que no se pongan bajo la dirección de cualquier filósofo de profesión, académico, sino que lean a Platón. Ante todo deben olvidar todos los embustes y hacerse sencillos y naturales”.

El libro, del que Taurus hizo ya una edición más amplia en 1974, llega ahora acompañado de otra obra en la que Nietzsche es, como él hubiera querido, sólo pretexto para un discurso propio: el volumen que le dedicó Martín Heidegger, editado hace unos años por Destino y reeditado ahora por Ariel. Y no es el único en el que Nietzsche es protagonista sin ser autor: Trotta acaba de publicar Cartas a Friedrich Nietzsche, de Cosima Wagner, que arrojan cierta luz sobre las relaciones entre ambos y el compositor alemán a quien Nietzsche admiró y más tarde dijo despreciar. Hasta tal punto que al final de su vida llegó a ponderar alguna zarzuela del maestro Chapí como superior a las óperas wagnerianas. No engañó a nadie.

Notas:

Fuente: http://blogs.elpais.com/tormenta-de-ideas/2013/06/nietzsche-en-el-retiro.html

22 de julio de 2013

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