Nietzsche y su ladrón

Hay personas de carne y hueso que parecen nacidas para encarnar personajes de ficción.

Una de ellas, con grandes posibilidades de protagonizar en el futuro una película o una novela, bien puede ser Fabrizio Traini, el ladrón que leía a Nietzsche. Una mezcla curiosa de filósofo, vagabundo y atracador de bancos que habría hecho las delicias de Ernst Bloch (autor de El ladrón que leía a Spinoza) y que, tras una larga investigación policial, acaba de ser detenido en Italia por haber desvalijado en los últimos años una decena de sucursales bancarias, disfrazado con una peluca de mujer.

Topógrafo de formación, Traini cayó en las redes de la droga, cuya adicción lo arrastró a una vida miserable. Sin embargo, en sus momentos de lucidez siempre recurrió a sus libros, manteniéndose fiel a los autores que amaba o que inspiraban su excéntrica y periférica existencia. Nietzsche, entre ellos, pero también Schopenhauer, Bertrand Russell o Wittgenstein.

De todos ellos, su preferido era Fiedrich Nietzsche.

A propósito del pensador alemán, la editorial Tecnos acaba de publicar un nuevo volumen de los Fragmentos Póstumos del solitario de Sils—Maria, cuya lectura nos sumerje de nuevo en el fascinante mundo del creador del superhombre.

Nietzsche duele, deslumbra, subleva, pero nunca deja indiferente. Los Fragmentos reúnen una gran cantidad de opúsculos, anotaciones, sentencias o adagios como éste que, desde el día en que se publicó, se hizo célebre: “La historia universal sólo trata de los grandes delincuentes”.

La mente privilegiada del filósofo alemán abarca todos los temas, desde la ética (“La indignación moral es la forma más pérfida de la venganza”) al conocimiento (“El peligro del sabio es enamorarse de la sinrazón”) o la religión (“Dios ha matado a Dios”). Sin ocultar su misoginia (“Negar, destruir, odiar, vengar… ¿Por qué la mujer en estas cosas es más bárbara que el hombre?”) busca el ideal del ser humano (“Quien ha contemplado ese ideal, percibe al hombre como caricatura”).

Un pozo de ciencia, un pozo sin fondo, una piedra lanzada a ese pozo… Nietzsche buscó donde nadie lo había hecho antes. Muchas de sus teorías mantienen una radical vigencia y un extraño encanto, del que Fabrizio Traini, el ladrón que tan atentamente le leía antes o después de reventar un banco, seguirá gozando en la cárcel.

Notas:

Fuente: http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=560482

SPAIN.  18 de febrero de 2010

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