Opinando sin política [The grand design: comentarios]

He recibido al fin el libro de Hawking-Mlodinow, The grand design. Lo he leído rápidamente, en primera impresión. No es un libro extenso; sí es muy conciso, muy directo, muy concreto.

En él, los autores, el famoso astrofísico británico y el físico profesor del Caltech, van directo a sus argumentos centrales, no precisamente el papel de Dios en el universo o el de la filosofía en el conocimiento, como se dice, sino su actual enfoque de la realidad y sus respuestas a las preguntas centrales: ¿Cómo podemos comprender el mundo en el cual nos encontramos?, ¿Cómo el universo se conduce?, ¿Cuál es la naturaleza de la realidad?, ¿De dónde proviene todo esto?, ¿Necesitó el universo de un creador? Claro, tales planteamientos llevan necesariamente a plantearse la pregunta por Dios, pero esta es una pregunta universal y permanente, que ha estado, está y estará en el hombre desde su mismo aparecimiento hasta su misma desaparición, cualquiera que sea su situación.

Hawking siempre ha estado confrontando, de forma adecuada y con mucha propiedad, por supuesto, con el problema de Dios y con el problema de la filosofía. Ya desde Historia del Tiempo, y de Agujeros negros y pequeños universos, estas dos arduas cuestiones están presentes, y ante ellas ha sabido oscilar un poco, variando sus posiciones o matizándolas de alguna manera. Pero no es que él rete de nuevo a Dios, como se ha dicho, o declare fulminantemente que la filosofía ha muerto, como también se afirma.

Sucede que lo que pasa es que él ve estas cuestiones, y de hecho las enfoca, de una manera muy diferente, llegando, en mi concepto, hasta a sostener unas posiciones verdaderamente metafísicas. En este su nuevo libro, en asocio con Mlodinow, dice ya que las preguntas que se han expuesto al inicio son tradicionalmente propiedad de la filosofía, pero agrega que, efectivamente, la filosofía ha muerto, y ha muerto porque no ha sabido mantenerse al corriente y en correspondencia con los avances de la nueva ciencia.

Y busca entonces, ya que la filosofía ha muerto y no puede dar respuesta a tales cuestiones, darlas él por medio de la física. Aquí hay, realmente, una contradicción, porque de hecho, aunque se apele a la física como respuesta, el carácter de la pregunta trasciende la ciencia y en su sedimento esencial está la filosofía como sustento.

Por otro lado, probablemente lo que trate de decir no es que haya muerto sino que está presa de grave enfermedad, y de lo que se trata entonces es de sanarle. Para comprender el universo en su más profundo nivel, necesitamos conocer no sólo cómo se conduce sino porqué se conduce. ¿Porqué hay algo en vez de nada?, ¿Porqué existimos?, ¿Porqué existe este particular conjunto de leyes y no algunas otras?, dicen los autores. Precisamente: Pasar de la pregunta sobre el cómo a la pregunta sobre el qué y el porqué, es, de forma neta, pasar de la ciencia a la filosofía, y esto es lo que ellos hacen sin darse cuenta de ello.

Ahora bien, el que el universo sea un producto de las leyes de la física y no de Dios, y que consecuentemente el universo pudo crearse a sí mismo, es otra consecuencia que habrá que medir en su justa medida.

Ciertamente existe una ley de la gravedad, y ella posibilita pensar que el universo pudo crearse a sí mismo; pero, ¿y quién puso, y cómo ha sido puesta, la referida ley, y dónde se ha situado en su estado primordial? De nuevo, aquí se revelan ya algunas orientaciones del gran físico inglés manifestadas en El universo en una cáscara de nuez, que llevan a la ciencia, particularmente a la física, a tocar las fronteras de lo meramente metafísico, haciéndola portadora de altísimos índices de especulación. La física teórica, hoy por hoy la reina de las ciencias naturales, y no la física práctica como suelen decir algunos conocedores de esos ámbitos, es la que comanda el progreso y el desarrollo científico. La teoría científica comanda a la práctica, y esta sólo va quedando como recurso de validación y sostén técnico a los nuevos descubrimientos y sus usos prácticos. Por ello, ciertamente es importante experimentar, pero más importante es teorizar, desarrollar modelos, establecer leyes de carácter general. Esto es vital a la hora de sostener una visión nacional.

Un par de cosas como comentarios finales: ¿En qué fundamentan Hawking y Mlodinow su posición en este libro? En lo que llaman su Teoría M, que es, dicen un candidato para ser la última teoría del todo, el único modelo que tiene todas las propiedades para poder llegar a una conclusión final. Pero esta teoría no es una teoría usual sino más bien un conjunto de familias de diferentes teorías, cada una de las cuales es una buena descripción de observaciones sólo en un rango determinado de situaciones físicas. No es, pues, una teoría sino un conjunto de teorías, pues el universo tiene muchas historias posibles y muchos estados posibles. Raro, aunque no inaceptable, que una teoría del todo pueda explicar el universo de diferentes maneras.

Otra cuestión: Se perfila de nuevo lo que ya Hawking ha venido sosteniendo desde El universo en una cáscara de nuez: El papel especial del hombre dentro de esta realidad universal, y el hecho posible de que este, el hombre modificado, el homo geneticus, pueda en determinado momento habitar otros universos para perpetuar su creación. Insiste en la necesidad de asegurar los viajes espaciales con el objeto de colonizar mundos fuera del sistema solar.

Bien, está ya en las librerías, The grand design. Es un libro de leer. Y de leer repetidamente. En el fondo, más que rechazar la idea de Dios y proclamar la muerte de la filosofía, en él lo que hay es una grata presencia de Dios y una filosofía viva. Ciertamente, esta filosofía, para seguir viviendo, como ellos lo dicen, debe cambiar. Acercarse a la ciencia es el único camino. Ya leeremos más calmadamente este precioso libro, y podremos obtener una mejor conclusión de sus contenidos. Por cierto: No hay en él, una sola ecuación matemática.

Por eso, yo digo:
Pueblo, ¡Rechaza las discusiones ligeras!
Pueblo, ¡Cuidado con los cantos de sirena!
Pueblo, ¡Levántate y anda!
Pueblo, ¡Decídete por el cambio! ¡Anida la esperanza!
¿De política? ¡Nooo…!
¿Para qué?
De estas, y de otras cosas, seguiremos hablando, si Diario Co Latino me lo permite.

Notas:

Fuente: http://www.diariocolatino.com/es/20101116/opiniones/86455/

SPAIN.  16 de Noviembre de 2010

Hay 1 comentarios

November 20, 2010 - 11:48 AM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

In “The Grand Design” Hawking says that we are somewhat like goldfish in a curved fishbowl. Our perceptions are limited and warped by the kind of lenses we see through, “the interpretive structure of our human brains.” Albert Einstein rejected this subjective approach, common to much of quantum mechanics, but did admit that our view of reality is distorted.

Einstein’s Special Theory of Relativity has the surprising consequences that “the same event, when viewed from inertial systems in motion with respect to each other, will seem to occur at different times, bodies will measure out at different lengths, and clocks will run at different speeds.” Light does travel in a curve, due to the gravity of matter, thereby distorting views from each perspective in this Universe. Similarly, mystics’ experience in divine oneness, which might be considered the same “eternal” event, viewed from various historical, cultural and personal perspectives, have occurred with different frequencies, degrees of realization and durations. This might help to explain the diversity in the expressions or reports of that spiritual awareness. What is seen is the same; it is the “seeing” which differs.

In some sciences, all existence is described as matter or energy. In some of mysticism, only consciousness exists. Dark matter is 25%, and dark energy about 70%, of the critical density of this Universe. Divine essence, also not visible, emanates and sustains universal matter (mass/energy: visible/dark) and cosmic consciousness (f(x) raised to its greatest power). During suprarational consciousness, and beyond, mystics share in that essence to varying extents. [quoted from my e-book on comparative mysticism]   

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