Para revaluar a Marx

Carlos Marx no fue un pensador serio sino un agitador, un utopista grandioso.

Uno no quiere perder tiempo en estas cosas ¡pero hay que hacerlo! Teníamos en mente un artículo sobre El Ser de lo Humano, que deberá esperar. Un intento de mostrar cómo la filosofía griega, fundada en la matemática y en la naturaleza, no podía captar ese Ser tan especial; porque no tenía las nociones básicas que permiten aproximarse a él, las que nos aportó el Cristianismo: la nada, la capacidad de crear a partir de ella, esto es, la creación exnihilo, la conciencia y, sobre todo, la idea de libertad individual absoluta que anida en el hombre.

En lugar de ese tema fascinante, tenemos que dedicarnos a Marx. No sólo porque Chávez decidió revivirlo, sino porque un amigo muy querido se empeña en defenderlo. ¡Y se atreve a equiparar la estatura intelectual de este eficiente agitador social con la de Heidegger! “¿Con qué derecho afirmas que éste fue un gigante del pensamiento en tanto que a aquél lo pintas casi como un loquito?”. Una pregunta dolorosa que nos obliga a reevaluar la estatura intelectual de Marx. Porque el comunismo se derrumbó y no se hizo esa reevaluación. ¿Para qué, si se suponía que a nadie se le ocurriría jamás reivindicar al comunismo o al marxismo?

Pero tenía que ser a un venezolano al que se le ocurriera. Y, sin rodeos, propongo como hipótesis central para reevaluar el pensamiento de Marx, la siguiente: él no fue un intelectual sino un agitador, un poderoso creador de ilusiones trágicas que condujeron a las masacres de Stalin, Mao, Pol Pot y Fidel Castro. Los que deseen seguir exaltando a Marx, tendrán que aceptar que fue un intelectual menor, de tercera sin duda. Porque no podemos imaginarlo al lado de Leibniz, Schopenhauer, Husserl, Plotino, Locke, Hobbes, Fichte o Schelling; para no hablar, por supuesto, de las ligas mayores: de Kant, Platón, Aristóteles, Descartes, Spinoza, Hume, Hegel, Heidegger ¡o Nietzsche!

Dado el empeño de Chávez en reivindicar a Marx -y dada la importancia que ello tiene para Venezuela- se justifica plenamente mostrar que aquél no fue un pensador serio sino un agitador, un utopista grandioso. En los meses que vienen, nos dedicaremos a mostrar que no se puede respetar intelectualmente a alguien cuyas cuatro tesis básicas eran absolutamente falsas. Alguien que ostentaba, además, dos carencias magnas.

Las cuatro tesis radicalmente falsas: a) Que el trabajo es la fuente del valor de las mercancías. Es decir que El Capital, su obra cumbre, fue un onanismo mental. b) Que, en consecuencia, es absolutamente falaz el carácter inevitable de la lucha de clases. c) ¡Como falso es el supuesto antagonismo de las relaciones entre los obreros y los patronos! y la teoría de la explotación del hombre por el hombre. Porque la verdad es exactamente la opuesta: los capitalistas han disminuido la pobreza atroz que los seres humanos sufrieron desde siempre. Y d) en un plano más amplio que el de El Capital, en los cimientos más profundos de Marx: que falsos son también el materia- lismo histórico y el dialéctico. Por- que la razón dialéctica de Hegel, en la que se inspiró y apoyó Marx, era falsa también; porque la lógica no pue- de ser sino analítica, es decir, tautológica.

Pero más inconsistente aún fue pretender fundar una dialéctica materialista o una visión materialista de la historia. Todo lo cual es tan sólo un precalentamiento argumental: porque la verdadera endeblez del pensamiento de Marx, la que deriva de sus dos carencias magnas, la mostraremos muy pronto.

Notas:

Fuente: http://www.eluniversal.com

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