Pensar para gozar de una existencia plena

La belleza de las ideas: Schopenhauer, Platón… Tolstoi

La filosofía es una de las disciplinas más hermosas –por no decir la única– con la que el hombre puede contar para solucionar sus múltiples problemas. A la manera de un famoso personaje de Jack London –el protagonista de El Viajero Astral–, cualquier lector que ame la filosofía tendrá –como diría, muy sabiamente, Boecio– un largo camino andado en su devenir. Ha sido siempre polémica como disciplina. Incluso la Iglesia católica ha puesto en duda a muchos de los suyos. Aristóteles, por ejemplo, una de las fuentes más preclaras de luz para el pensamiento cristiano, fue dinamitado en la Edad Media. O, como nos contaba el imparable semiótico Umberto Eco, que en El nombre de la Rosa, convertía en despiadado asesino a un ciego bibliotecario, trasunto imaginativo y feroz de la persona, de la obra y de la iconografía de Jorge Luis Borges –su anagrama, Jorge de Burgos, no dejaba ningún cabo suelto que la imaginación pudiese completar–. ¿Para qué? Para mostrar claramente lo que puede revolucionar en un mundo de personas bienpensantes un código que contribuya a la felicidad del hombre. Y más concretamente, un elogio de la risa en un supuesto anexo (o 4.ª parte) a la Poética del estagirita. Ya lo ven. Y eso que de ahí al infinitamente más polémico –y atractivo– Schopenhauer hay un abismo–. Pero vayamos al grano. Y recordemos, hoy, alguno de los pensamientos más certeros de o sobre los mayores –y valga la redundancia– pensadores de cualquier tiempo pasado (¿que siempre fue mejor?)

Sí, es difícil crear ideas y fácil crear palabras; de ahí el éxito de los filósofos.

André Maurois (1885-1967) Novelista y ensayista francés de rara lucidez.
Si das con una buena mujer serás feliz; y si no te volverás filósofo, lo que siempre es útil para el hombre.

Pitigrilli (1893-1975). Escritor italiano.

Una gran filosofía no es la que instala la verdad definitiva, es la que produce una inquietud.

Charles Péguy (1873-1914). Escritor francés.

Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás.

René Descartes (1596-1650). Filósofo y matemático francés, que revolucionó la historia de la filosofía con su clarividente El discurso del Método, donde podemos hallar el archiconocido Cogito, ergo Sum, o Pienso, luego existo.

Es más fácil escribir diez volúmenes de principios filosóficos que poner en práctica uno solo de sus principios.

Leon Tolstoi (1828-1910) Escritor ruso.

Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo.

Karl Marx (1818-1883). Filósofo y economista alemán, autor de Das Kapital y origen del materialismo dialéctico y del comunismo.

La filosofía es un silencioso diálogo del alma consigo misma en torno al ser.

Platón (427 AC-347 a. C.). Filósofo griego.

Los humoristas y los filósofos dicen muchas tonterías, pero los filósofos son más ingenuos y las dicen sin querer.

Noel Clarasó (1905-1985). En los años sesenta, este columnista ejercía su labor miscelánea y crítica en el rotativo catalán La Vanguardia. A él debemos alguna de las mejores selecciones imaginables sobre cuentos de terror o sobre anecdotario humorístico. Un periodista modélico por la importancia de su labor divulgativa.

La filosofía es la que nos distingue de los salvajes y bárbaros; las naciones son tanto más civilizadas y cultas cuanto mejor filosofan sus hombres.

René Descartes

La ociosidad es la madre de la filosofía.

Thomas Hobbes (1588-1679). Filósofo y tratadista político inglés.

La filosofía es un silencioso diálogo del alma consigo misma en torno al ser.

Platón

Filosofía es la búsqueda de la verdad como medida de lo que el hombre debe hacer y como norma para su conducta.

Sócrates

No se puede aprender filosofía, tan sólo se puede aprender a filosofar. 

Immanuel Kant. La transcendencia de este pensador es inmensa. Indispensable su famosísima Crítica de la razón pura. A su sombra estuvieron dos discípulos aventajadísimos: el antes citado Arthur Schopenhauer y el brillante e incomparable Thomas de Quincey, autor de Confesiones de un inglés comedor de opio o de la extraordinaria Del asesinato considerado como una de las bellas artes. Y como diario de primera mano, Los últimos días de Kant, traducida al español por Gonzalo Torrente Ballester.

Notas:

Fuente: http://www.elcorreogallego.es/indexSuplementos.php?idMenu=15&idNoticia=367367
ESPAÑA.    23.11.2008

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