“Porque Nietzsche no siempre tuvo bigote…” [FPN]

Resulta que el mejor profesor del mundo se llama Tiempo. No educa por sí solo, pero su presencia resulta elemental en cualquier proceso de aprendizaje. Aunque no se lleva muy bien con las aulas. Se mueve mejor en otros entornos “de ocio o educativos no formales” como define Juan Manuel López a las granjas escuela, Youth House, campamentos de verano…

“Los chicos disponían de tiempo y amigos para jugar, correr… Sin embargo, no era raro comprobar que, de manera espontánea,  surgían a mi alrededor círculos de conversación. Querían hablar y que se les escuchara, y los temas a veces eran de máximo interés: relaciones de amistad, el reparto de la riqueza, la inteligencia, la venganza… Tiempo para reflexionar. La educación requiere reposo”.

Fue a partir de todas esas experiencias, y del viaje que el impulsor de Filosofía para Niños Sevilla realizó a Málaga con su amigo y filósofo Ignacio de la Calle, donde comenzó a fraguarse todo. “Fuimos a ver un documental francés sobre cómo se impartían clases de filosofía a los niños de una escuela infantil. Se titulaba Solo es el principio y, efectivamente, para nosotros fue solo el principio”.

La idea de trasladar algo parecido a lo visto en el documental a su ciudad, Sevilla, iba tomando forma. “No era cuestión de inventar nada. La disciplina existe desde hace más de 40 años. Pero no se trataba de cortar y pegar. Eso, aunque quisiéramos hacerlo así, no funciona. Se trataba de adaptar la actividad a la realidad que nos rodea”.

El proyecto que Juan Manuel se propuso fundar junto a La Calle e Irmina Majchrzak tenía como objetivo desarrollar en los niños ciertas capacidades que en la escuela se dejaban en un segundo plano por la escasez de tiempo.  La de “pensar por sí mismos de forma crítica y creativa”, que señala la cofundadora y presidenta de FpN, era una de ellas. Para potenciarla y, de paso, ayudar a fomentar el pensamiento lógico, creativo y ético, “nos basamos en obras literarias, culturales y artísticas. Animamos al posterior diálogo filosófico acerca de los temas propuestos por los propios participantes, dándoles el protagonismo en nuestras ‘comunidades de investigación’”.

Es la obsesión por el rendimiento académico a corto plazo, que tanto Irmina Majchrzak como Lucía Aguilar denuncian de los actuales planes educativos, el causante de que estos apenas tengan en cuenta a la filosofía. “Se nota cierta tendencia a ponerle precio a todo e ir en contra de lo que no cumple con la rentabilidad económica. Se habla de bienes particulares, sin reflexionar sobre el bien común. Se habla del precio que supone mantener las facultades de filosofía sin preguntarse por el valor de la filosofía”.

Para la presidenta y la vicepresidenta de FpN Sevilla, a la filosofía no se la puede tratar como una asignatura más porque “nos enseña a pensar de forma crítica y a reflexionar sobre los conocimientos adquiridos en todas las demás asignaturas”.

“Es una asignatura de competencias, nos brinda las herramientas para recoger la información y reflexionar acerca de ella, cuestionar y elaborar de forma autónoma nuestras propias opiniones. Cuando se practica bien, la filosofía fomenta la conciencia social y el compromiso al impulsar iniciativas propias gracias a la visión crítica y la consecuente imposibilidad de ser incoherente con uno mismo”, añaden.

Por eso, tanto ellas como el resto de componentes de FpN son de los que opinan que asignaturas como Historia de la Filosofía o Ética no se las puede considerar una alternativa a Religión. Y por eso, también, suscriben el análisis acerca del papel de filosofía en la educación que realizó Amelia Varcárcel recientemente en una entrevista radiofónica:  “La filosofía, tal y como la deja la LOMCE, responde a un proceso ideológico”.

Aunque todo eso no sería más que una forma de entender la educación por parte de un grupo de filósofos y pedagogos de no ser porque los niños parecen darles la razón. “Es cierto que las sensaciones del monitor es el único baremo posible para valorar las respuestas de los niños, porque cada uno posee un posicionamiento vital, unos intereses propios y un concepto diferente de los que resulta o no divertido. Así que si me tengo que remitir a mis sensaciones, las mías son magníficas y asumo que mis compañeros no mienten cuando dicen que las suyas también son estupendas”.

Ignacio La Calle asegura que, a final, “los niños disfrutan filosofando juntos”, pese a que cada uno responde de manera distinta tras su primer contacto con la filosofía. “Hay niños que saben bien a lo que vienen y que lucen por defecto los modos de un contertulio socrático. Con ellos todo va como la seda. Por otro lado, otros niños ni se figuran a priori qué se espera de ellos en un taller de este tipo. “’¿¿Xilofosía?? ¿Eso qué es, maestro?’ Estos son mis favoritos”.

Los hay también, según La Calle, que desde el principio tratan los diversos temas con la solemnidad propia de un señor mayor, “saben de lo que hablan y se les nota,  y sus intervenciones rezuman una extrañísima autoridad”. Frente a estos están los jaraneros: “Una vez dispuesto el círculo de cojines o sillas,  solo conciben que semejante estructura pueda servir para bailar y cantar, y se arrancan sin demora a lucir con desparpajo sus artes flamencas ante el resto de los participantes. Cantan, bailan y tocan las palmas. Tiene su gracia. Hay que ser comprensivo con esto, lo que hacemos resulta inusual, cuanto menos”.

Una vez asumido que, al fin y al cabo, se trata de niños “y que muchos de ellos necesitan tiempo para funcionar bien conforme a la insólita dinámica que les proponemos”, De la Calle sostiene que no existe grupo que con el paso del tiempo no acabe cogiéndole “el tranquillo” a eso de forjarse una opinión. Incluso los que viven en entornos más desfavorecidos y difíciles responden de manera muy positiva: “el caso es encontrar algún tema que les divierta y les motive, algo de lo que hablar y con lo que se sientan identificados,  y que comprueben en sus carnes lo divertida que puede resultar la filosofía”.

Las expectativas de los padres respecto a estos talleres también son muy diversas. Lucía Aguilar asegura que la mayoría lo encuentra una actividad “diferente y original” y a partir de ahí existen padres que necesitan alguna explicación más. “Hay quienes lo confunden con una asignatura de Historia de la Filosofía, para lo cual ofrecemos presentaciones donde explicamos nuestros objetivos, que no son mostrar a Platón o Kant, sino practicar el ejercicio de filosofar con los niños”.

Otros, en cambio, tienen muy claro lo que pueden esperar de estas reuniones. “Muchos buscan involucrar a sus hijos en actividades de complejidad metacognitiva, ya tengan 4 años o 9. Nunca es demasiado pronto para empezar a hacerse preguntas más complejas. Es común también encontrar padres que buscan que sus hijos simplemente escuchen opiniones ajenas o aprendan a reflexionar mejor, adentrarlos en el diálogo común o, en otros casos, desarrollar su individualidad”.

Como explicaba López al principio, el proyecto que cofundó en Sevilla junto a De la Calle y Majchrzak no presume de ser pionero. De hecho, disponen de numerosos referentes a los que recurrir. La propia presidenta de FpN enSevilla se remonta a los 60 para referirse a Matthew Lipman, el filósofo y pedagogo norteamericano precursor de las novelas filosóficas para niños.

En su repaso tampoco falta Félix García Moriyón, quien hace más de 20 años introdujo el método Lipman en España. Pero Majchrzak tampoco olvida los numerosos proyectos que llevan funcionando desde hace tiempo en Madrid como los de Ellen Duthie (autora del proyecto Filosofía a la de tres, dirigido a niños y niñas a partir de 3 años), el coordinado por las filósofas María Rubio y Eurídice Cabañes y que se llama Gamestar(t), o los que están en marcha en otras comunidades como el del GrupIREF, en Cataluña, FpN en Valencia o Extremadura, la asociación Filonenos de Asturias, o Koiné Filosófica, en Campo de Criptana, entre otros muchos.

“De hecho, en Sevilla no somos ni los primeros ni los únicos que se dedican al campo de FpN. El Dr. José Barrientos Rastrojo, profesor de la Universidad de Sevilla, desde hace 2 años coordina la asignatura Filosofía para Niños en la Universidad de Sevilla y también coordinó el proyecto de FpN en el colegio Lope de Vega de Sevilla”.

Majchrzak habla, incluso, de un “mapa filosófico del mundo” al referirse a las iniciativas relacionadas con proyectos como el suyo mientras continúa citando más programas fuera de nuestras fronteras, como los que desarrolla el Centro Latinoamericano de Filosofía para Niños CELAFIN,  Oaxaca Philosophy for Children, el grupo de investigación de la Facultad de Filosofía de la Universidad Laval de Québec o los talleres de pensamiento creativo y filosofía para niños y niñas en Poznan, Polonia, entre otros muchos.

Notas:

Fuente: http://lukor.com/blogs/noticiasdehoy/2014/01/23/porque-nietzsche-no-siempre-tuvo-bigote/

Fuente original del artículo: http://www.yorokobu.es/filosofia-para-ninos/

4 de febrero de 2014

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