Recordando a los que se fueron…

EL culto de los muertos ha formado parte de la vida de los hombres desde los tiempos más remotos.
El poeta hindú R. Tagore ha escrito en su Pájaros perdidos esta frase que de alguna manera supone una esperanza en el más allá: “Un día hemos de saber que la muerte no podrá robarnos nada de lo que nuestra alma ganó, porque el tesoro del alma es también suyo”.

En la Grecia clásica Platón recoge repetidamente la idea de una posible ayuda a los espíritus de los difuntos, y las inscripciones cuneiformes de la antigua religión caldea y egipcia contienen ya fórmulas de intercesión por los muertos.

Sabemos que hace 5.000 años en el antiguo Egipto a la muerte del sacerdote Nefer-hetep se entonó la melodía titulada Canto del arpista, del cual únicamente nos ha llegado el eco de estas palabras: “Haya música y cantos delante de ti, echa a la espalda todas tus penas y vuelve el ánimo hacia la alegría, hasta que nazca el día, en que viajemos hacia aquella tierra que ama el silencio, la paz y la luz para siempre”.

Es más, la misma Iglesia adoptó en su liturgia algunas palabras de los pueblos orientales, esas que se refieren a la “región de la luz y de la paz”, que todavía resuenan en nuestra Misa de Difuntos.

El actual y definitivo texto del Requiem aeternam del Introito está tomado en gran parte del apócrifo Libro 4 de Esdras y tiene una tradición al menos de 1500 años, ya que se encuentra en numerosos epígrafes hallados en las excavaciones realizadas en 1912 en el área cementerial de Ain-Zara (Trípoli) que lo reproducen literalmente. Son italianos los que quizás más han estudiado la preciosa epigrafía funeraria de la primitiva Iglesia

Frente a posteriores textos, sobre todo medievales, que tratan el tema de la muerte con horror, con temor y tremor, como profundo lago de leones etc., los propios de la Iglesia primitiva hablan más bien de la región de la luz, de la paz, de coros angélicos que “salen a tu encuentro”, etc. El citado texto del cementerio de Ain-Zara dice exactamente: “Que el Señor te conceda el descanso eterno y que la luz perpetua te ilumine por toda la eternidad; Cristo que te llamó te reciba, y que los coros angélicos salgan a tu encuentro y te conduzcan al regazo de Abraham”.

Por último, una de las músicas más bellas de todo el repertorio mundial es el canto gregoriano del Oficio y Misa de Difuntos, muy superior a los textos que en el medievo se introdujeron y que el romanticismo del s. XIX se encargó de resaltar con estruendosas trompetas y timbales (Berlioz, Verdi, etc.). “Al principio no era así...”.

Con todo, según contaba el musicógrafo Federico Sopeña, antes del Vaticano II en Madrid había 9 clases de funerales, y curiosamente el bello Canto Gregoriano estaba reservado para las exequias de los más pobres, para la última categoría. Además de un problema “social”, lo era de simple mal gusto.

La música funeraria en Navarra

En nuestros pueblos fue responso obligado el Ne recorderis, derivado del primitivo canto gregoriano, si bien a partir de los siglos XVI-XVII cada valle le fue añadiendo sus voces, dúos y sextas, con un resultado delicioso. Fue una pena que a causa de algunos desgraciados “aggiornamentos” mal atribuidos al Vaticano II, se haya olvidado este responso popular, con cuya música fueron despedidos casi todos nuestros abuelos y bisabuelos. No sabrían latín, pero sí lo que decían mientras cantaban a pleno pulmón su último adios. Todavía se conserva tímidamente este Ne recorderisen Goldáraz, Basaburúa y ya menos en Ituren, Zubieta.

Otro dato. A finales del s. XIX se utilizaba para los funerales el acompañamiento del piano en lugar del órgano (en la Catedral el arpa). Hay testimonios escritos en San Nicolás de Pamplona, Arróniz, Etxalar… El caso más significativo es el de esta villa de las palomeras, que ante el gasto que les suponía alquilar un piano para cada funeral, en 1902 exigieron al organero L. Alberdi que le dotara al nuevo órgano de un registro llamado “piano-arpa” que sustituyera al costoso instrumento alquilado. Es caso único en Navarra. El piano-órgano de esta iglesia sigue en buen uso, y se puede escuchar en su sugestivo rincón de Cinco Villas.

Es legítimo, desde luego, utilizar para fondo musical del Día de Difuntos algunos estruendosos Dies iraedel s. XIX, pero… “casi como que no”, mejor los Requiem de Fauré o Duruflé, o escuchar el piano-arpa de Etxalar, viendo pasar por el cielo las palomas otoñales de la vida; y eso sí, sin olvidar el milenario canto gregoriano: In paradisum deducant te angeli, descansa en paz y que la luz perpetua te ilumine…

Notas:

Fuente: http://www.diariodenavarra.es/20101102/culturaysociedad/recordando-fueron-.html?not=2010110200155810&idnot=2010110200155810&dia=20101102&seccion=culturaysociedad&seccion2=culturaysociedad&chnl=40&ph=104

SPAIN. 2 de noviembre de 2010

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