Remontarse a lo griego

En momentos de desilusión, individual o colectiva, siempre resulta oxigenante buscar algunas de las raíces profundas de nuestro saber occidental, como el de la rica civilización griega, especialmente ateniense, que por su localización geográfica, se encuentra en las proximidades del saber cercano-oriental. El antropólogo-historiador Herodoto, fue de los primeros en comprender que para configurar un universo de conocimientos, era preciso viajar, desde Grecia, por Mesopotamia y Egipto. Ya lo habían hecho algunos “filósofos” originarios, iniciáticos, como Pitágoras. Lógicamente que en tal periplo Herodoto tuvo que transitar por las viejas tierras cananeas, en donde los patriarcas y profetas semidesérticos habían dado el salto espiritual (con varios siglos de anticipación a Platón y Aristóteles), hacia la intuición o el concepto de un Dios abstracto, pero con fuerte incidencia histórica. De tal manera que algunos pensadores griegos, grandes sintetizadores del pensamiento abstracto en filosofía y en geometría, fueron deudores casi directos del pensamiento sumerio, fenicio, hebreo y egipcio, sin descartar las influencias persas que se infieren de los libros de Herodoto, en donde este escritor antiguo mezcla informaciones antropológicas incipientes; algo de historia más o menos precisa; datos novelescos, míticos y folclóricos. La rigurosidad histórica aparecerá, lo hemos expresado varias veces, con el trabajo imparcial de Tucídides, sobre la “Guerra del Peloponeso”.

Pocas cosas son tan inspiradoras como acariciar y hojear algunos volúmenes de la historia, la mitología, el arte y el pensamiento griegos. La simple panorámica del Parnaso; la arquitectura imponente del Partenón; o algunos rostros bellos de la marmórea Palas Atenea, recompensan los momentos difíciles del fatigado lector o escritor. Lo mismo que el rostro marcial de Pericles o la imagen pensativa de Aristóteles. Naturalmente que se trata sólo de representaciones simbólicas propias de aquella lejana época, que fueron resucitadas, unos dos mil años más tarde, mediante el arte renacentista, en que se equilibran los factores greco-romanos y cristianos, produciendo, según Guillermo Hegel, el arte más perfecto de todos los siglos. No hay que olvidar, en este punto, que algunos de los grandes teólogos y filósofos cristianos de finales del Imperio Romano (como San Agustín), adoptaron algunas de las ideas de Platón, porque encajaban con aquellas partes del pensamiento abstracto que enunciaron los autores del Nuevo Testamento. En la Baja Edad Media aparecieron otros pensadores cristianos que se amamantaron en las ideas de Aristóteles. Parejamente lo hicieron los teólogos y filósofos musulmanes y judíos, entre ellos Avicena, Averroes y Maimónides. (Nada que ver con el fanatismo extremo de un “Estado Islámico”).

Karl Jaspers sugiere que para enfrentar el nihilismo contemporáneo que se presenta con diversas máscaras, hay que viajar a los orígenes. Esto significa caminar hacia las bibliografías griegas y hacia las fuentes judeo-cristianas. Es decir, a los humildes profetas del desierto, como Jeremías. El problema es que Karl Jaspers cae en contradicciones de fondo cuando por un lado ataca el nihilismo actual y por otro lado se entrega a justificar el pensamiento de Friedrich Nietzsche, padre de un buen porcentaje de los nihilismos del siglo veinte y parte del veintiuno. Desde luego que conviene revisar con mayor detenimiento el pensamiento de Jaspers, en cada una de sus etapas. Lo importante es que, desde aquí, es sugerible un retorno desprejuiciado hacia las fuentes primigenias, en una época de torbellinos políticos, derrumbes económicos y criminalidad incontrolable. Un volver a las fuentes antiguas es saludable desde todo punto de vista. Para empezar se evita la repetición de la repetición, cuando se redescubre, con buena inteligencia, que los pensadores griegos habían formulado preguntas, situaciones y problemas que de alguna manera continúan vigentes, y que algunos autores modernos y contemporáneos han pretendido ignorar. El pensamiento actual que reconoce sus antecedentes milenarios, sabe sustentarse en el pasado, le da fuerza al presente, intenta orientarse en el confuso porvenir, y evita, en la medida de lo posible, caer en los trillados lugares comunes de las frases aisladas y de las malas traducciones que empobrecen al espíritu humano. Una sociedad que se dedica a repetir frases trilladas sin ningún juicio crítico o analítico, es una sociedad condenada al fracaso del pensamiento creativo. Y al fracaso crepuscular.

Notas:

Fuente:  http://www.latribuna.hn/2015/08/02/remontarse-a-lo-griego/

3 de agosto de 2015.  HONDURAS

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