Simone de Beauvoir en la era de los ‘tsunamis’

Simone de Beauvoir ha pasado a la historia como la autora de El segundo sexo y, a título de tal, como la madre del feminismo filosófico.

Este reconocimiento parece haberle costado el ninguneamiento en la nómina de los filósofos tout court: en muchas enciclopedias y diccionarios hay entradas para filósofos existencialistas tan de segunda -o tercera- fila como un Lavelle o un Le Senne, mientras que a Beauvoir apenas se la menciona. Sólo por su obra El segundo sexo merecía un lugar en la galería de aquellos que han aportado algo relevante al conocimiento de la condición humana. Pero es que, además, como lo ha enfatizado y desarrollado entre nosotras Teresa López Pardina, Beauvoir es una filósofa en el sentido convencional del término si no reservamos esta denominación exclusivamente para los creadores de sistemas como Kant, Hegel y el propio Sartre, y la ampliamos a ensayistas como Voltaire… En esta línea, la autora de Para una moral de la ambigüedad, ¿Hay que quemar a Sade?, El pensamiento político de la derecha, entre otros, además de obras de la envergadura de La vejez, debe ser considerada como una filósofa moral y política existencialista digna de la mayor atención. Desde estas consideraciones es pertinente saludar la publicación reciente de El existencialismo y la sabiduría de los pueblos, junto con otros tres artículos cortos como ‘Idealismo moral y realismo político’, ‘Literatura y metafísica’, ‘Ojo por ojo’, publicados por primera vez en Les Temps Modernes, la revista que fundaron Sartre y Beauvoir en 1945, como una expresiva muestra de una filosofía existencialista de primera fila, de excepcional penetración y calidad. La introducción de Michel Kail es sumamente lúcida, crítica de una concepción superficial de “contexto” tal y como se maneja, y atenta a la especificidad conceptual beauvoireana de la noción de “situación” -que no es un mero calco de la de Sartre-. En el plexo libertad-situación de nuestra filósofa no se trata “de delimitar ante todo una libertad para instalarla a continuación en una situación”.

Tampoco de “enumerar ante todo los componentes de una situación para inyectarles a continuación una libertad”: éstos se constituyen en situación sólo en la medida en que la libertad entra en juego. Si se separan ambos elementos del plexo aparece lo que Sartre llama “la mala fe”: la naturalización de las prácticas y las opciones humanas (como cuando se afirma que la actual crisis financiera “es un tsunami”), que se dobla de mero “voluntarismo político” para concebir la intervención humana conforme a fines conscientemente planeados. Es ésta la retícula de nociones existenciales que subyace en los análisis beauvoireanos de la relación entre lo que Hegel llamaba “la mera moral” y el cinismo político. Cuando la moral se absolutiza, “corta sus raíces terrenales y el hombre de acción arraigado a la tierra ya no encuentra en ella fundamento alguno”, afirma Beauvoir. A su vez, cuando el político afirma atenerse a la mera “realidad”, se niega a integrar en esa realidad el proyecto, la libertad humana (que también es un hecho:
“El primer error del realista político es desconocer el peso y la existencia de su propia realidad”). El colaboracionalista, que se encuentra en el centro de la atención de estos artículos de Beauvoir por ser escritos cuando tuvieron lugar procesos penales contra alguno de ellos, dice “reconocer” la realidad de la ocupación alemana siendo así que opta por ella. No deja, pues, de ser recomendable la lectura de Beauvoir en tiempos de “tsunamización” -sit venia verbo- de prácticas humanas perversas.

Notas:

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/portada/Simone/Beauvoir/era/tsunamis/elpepuculbab/20091226elpbabpor_1/Tes

SPAIN.  26 de diciembre de 2009

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