Sobre la filosofía

Immanuel Kant nació en Prusia, en lo que hoy es la ciudad rusa de Kaliningrado. Este filósofo es recordado por sus trabajos en metafísica y filosofía, y por pertenecer al apretado círculo de estudiosos que influenciaron el movimiento crítico de la razón pura, allá para 1781. De hecho, Kant es, a menudo, reconocido como el “ultimo gran filósofo” del Siglo de las Luces y uno de los pensadores más ilustres de todos los tiempos. Sus doctrinas tuvieron un enorme impacto en las filosofías del romanticismo y el idealismo del siglo XIX.

Una de sus ideas más notorias tiene que ver con el idealismo trascendental que propugna que el ser humano viene al mundo con unas formas y conceptos innatos que aporta a sus experiencias de vida. Esta filosofía de la naturaleza y la naturaleza humana resultó poco menos que controversial para su tiempo, pero su influencia ha sido harto duradera y todavía sigue representando un reto para unir el pensamiento racional con el empírico y la filosofía moral.

Por otro lado, en vida Kant fue todo un ‘personaje’ Su vida era absolutamente estricta y perfectamente regulada. Ejemplo de ello es el paseo que daba todos los días a las 3:30 de la tarde. Cuentan que era tan puntual, que las amas de casa del vecindario ponían en hora sus relojes de sólo verlo pasar.

El filósofo nunca se casó y sólo alcanzó a poseer una sola obra de arte en toda su vida. Nunca viajó fuera de su Prusia natal y, de hecho, rara vez se aventuraba más allá de su propio pueblo.

Pero, a pesar de su reputación como un hombre solitario -casi ermitaño-, era considerado como un señor de lo más sociable que saludaba a todos con gran cordialidad y, a menudo, tenía invitados a cenar. Tan sociable era que Kant insistía en que pocas cosas eran tan buenas para la salud como tener buena compañía, buenas amistades, y reír sonoramente y con gran alegría.

Durante años, Kant vivió de su sueldo como profesor universitario antes de ganar fama como filósofo. Lo que le granjeó la fama fue su premisa sobre el principio básico de la contradicción: que el aparente opuesto de una idea falsa debía, por fuerza, ser la verdad. De ahí que sostuviera que la mayor y mejor prueba de la existencia de Dios era que, en esencia, la idea de que la más grande de las ideas fuera posible era prueba suficiente de que esa idea, en efecto, realmente existía.

Sobre la filosofía, se dice que una vez expresó:

“No se aprende filosofía, sólo se aprende a filosofar”

Notas:

Fuente: http://www.primerahora.com/noticia/bienestar/vive_a_tu_manera/sobre_la_filosofia/246931

Guaynabo, Puerto Rico, lunes, 10 de noviembre de 2008

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