Triángulo amoroso: Éros, Philía y Agápe

Éros ha obtenido para mí la belleza y la luz del sol (Safo de Lesbos)

Καὶ μὴν τό γε κάλλιστον ἐρασμιώτατον; ¿Y lo más bello no es lo más amable? (Platón)

Lo más duro de todo es no ser en amor correspondido (Anacreonte

Continuamos con el análisis del Amor en Platón, averiguando el significado del “amor platónico en su filosofía. En el diálogo Fedro, Éros aparece no como Daímon, semidiós, sino como dios (theós) o algo divino (ti theîon).

Después de un discurso del retórico Lysias, que contrapone el Éros/pasión a la philía/amistad, Sócrates describe el Éros como concupiscencia, deseo (epithymía) posesivo y pasión irracional, que busca autosatisfacerse, distinguiendo en los humanos dos fuerzas dominantes, a menudo enfrentadas:

a) un deseo innato de placeres (“émphytos epihymía hedonôn) y

b) un juicio (dóxa) adquirido sobre lo que es mejor.

Cuando prevalece éste juicio, el amante se guía por la templanza (sophrosýne, de la misma raíz que phrónesis, prudencia) o autocontrol racional de los deseos, en el que Sócrates es un maestro experto, como se mostró en el episodio final del Banquete con el impetuoso y ebrio Alcibíades. Pero si prevalece el deseo irracional, Éros llega al exceso (hýbris) al buscar solo la belleza del cuerpo. Aristóteles considera a este Éros un extremo vicioso (hyperbolé), para distinguirlo de la philía, virtud de la amistad.

Sócrates lanza aquí un ataque contra la pasión física desenfrenada (hímeros), el Éros egoísta, celoso y salvaje, que lleva a la violencia, donde el amante ama “como los lobos aman a los corderos” (“hos lýkoi árnas agapôsin”).

El Amor es una especie de locura (manía), que viene de los dioses, emoción irracional, que el filósofo transforma y sublima en la pasión racional por el saber. Sublimación consciente, que no ha de confundirse con la sublimación de la libido freudiana, que es inconsciente.

A diferencia del Banquete, que es más metafísico, el Fedro enfatiza y describe de forma detallada la relación amorosa entre individuos (masculinos), analizando la influencia de la pasión en el alma individual.

El Amor erótico, enraizado en la atracción sexual y despertado por la visión de la belleza física masculina, es propio del alma comcupiscible (tò epithimetikón) y corresponde al caballo indisciplinado (ho akólastos hüppos) en la alegoría del caballo alado, que no obedece al auriga, el alma racional (tò logistikón), que que lleva las riendas.

Platón, con magníficas metáforas, compara el aumento del deseo amoroso con el crecimiento de las alas y describe igualmente, cuando el amor es correspondido, la mezcla de placer y dolor en el alma del enamorado: disfrute con la presencia del amado y dolor por la ausencia.

Pese a las diferencias, el Amor platónico es esencialmente el mismo. En ambos diálogos encontramos tres tipos de amantes, jerarquizados: el inferior es la pasión puramente física, propia de la Afrodita terrestre y popular (pandemia). El siguiente grado es el Amor psíquico y espiritual, propio de la Afrodita celeste, que combina la pasión intelectual con la corporal, en el intercurso sexual. Y el tercero, el más perfecto, es el genuino y propio del verdadero filósofo, que conduce al amado hasta la intelección de la Belleza ideal y de las demás Ideas eternas. Platón presenta a su maestro Sócrates como el modelo perfecto, en su trato con los jóvenes atenienses, quien sublima la pasión amorosa con el estudio en común y en la mutua búsqueda de la verdad, a través del arte de mayéutica.

El filósofo enamorado del saber y de la Belleza es, pues, el verdadero amante. Primero ama la belleza sensible mediante la vista, el más lúcido de los sentidos y luego asciende a la contemplación de la Belleza en sí (= El Bien en sí), la realidad más amada y captada por el “ojo del alma”, que constituye también el placer supremo, por ser el más “puro”, es decir, sin la mezcla de dolor, que acompaña a todos los placeres físicos y corporals. Los placeres propios de la vida intelectual, contemplativa son, al mismo tiempo, los más permanentes, frente a la escasa duración de los físicos (comida, bebida, sexo…).

Parecerá sorprendente para la mentalidad actual que Platón priorice la relación homosexual entre varones sobre la relación heterosexual, lo que entra en contradicción también con la homofóbica moral bíblica y cristiana tradicional, que excluye a los homosexuales del Reino de Dios (así en Pablo). Pero para Platón que, como Descartes y Spinoza nunca se casó, el matrimonio era solo un medio para la procreación, aunque en Las Leyes se suaviza la hostilidad al amor entre hombre y mujer.

Para Platón, Éros fue sobre todo el poder impulsor de la actividad intelectual. Concebía la investigación, al modo socrático, desde la unión afectiva entre maestro y discípulos, como una indagación común entre amigos (véase G. M. A. Grube: El pensamiento de Platón, en edit. Gredos).

Notas:

Fuente:  http://blogs.periodistadigital.com/humanismo.php/2017/04/10/triangulo-amoroso-eros-philia-y-agape-3

13 de abril de 2017.

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