Trinidad epistémica: filosofía, ciencia y teología

El autoritarismo en la ciencia iba unido a la idea de fundamentar, es decir, probar y verificar las teorías: el enfoque crítico va unido a la idea de someter a control, o sea, de intentar refutar o falsar las teorías (Popper) . La ciencia es falible, porque la ciencia es humana (Popper).

Kant, en el s. XVIII, influenciado por el éxito enorme de la ciencia de Newton y buscando una nueva alternativa al dogmatismo racionalista y al escepticismo empirista de Hume, establece los límites entre ciencia y metafísica denegando a ésta el estatus de ciencia. Ésta versa sobre fenómenos y la metafísica sobre noúmenos.

Al mismo tiempo establece las grandes cuestiones básicas de la filosofía:
¿qué puedo saber? (Epistemología),
¿qué debo hacer? (Ética),
¿qué me cabe esperar? (Filosofía de la religión y de la historia) y
¿qué es el ser humano? (Antropología).

En el s. XIX el positivismo de A. Comte, siguiendo el modelo de la física, rechaza toda metafísica y exagera el valor del conocimiento científico reducido a hechos empíricos y despreciando el valor de las teorías. Con ello, la hipertrofia de la ciencia termina en cientificismo.

En el s. XX las relaciones históricas entre filosofía y ciencia se convierte en el nacimiento de una nueva disciplina llamada “Filosofía de la ciencia”, semejante a otras “filosofías de”, como filosofía de la religión, del lenguaje, de la técnica etc. Esta disciplina nueva trata cuestiones variadas, sobre todo epistemológicas y metodológicas, pero también problemas lógicos, ontológicos, semánticos, y en su última etapa aspectos sociológicos e históricos.

En el primer período, de los años treinta a los sesenta, destacan el positivismo lógico del Círculo de Viena, sobre todo R. Carnap y su crítico K. R. Popper. Desde los años sesenta del s. XX, florece la “nueva filosofía de la ciencia” postpopperiana, con autores significativos como Kuhn, Lakatos, Feyerabend, Toulmin, Bunge o Laudan entre otros. La filosofía de la tecnología o de la tecnociencia ampliará el campo de reflexión a los problemas éticos, políticos o axiológicos de la investigación.

De forma muy sintética y en aras de la didáctica, resumimos las características básicas del conocimiento científico, siguiendo sobre todo la orientación de Mario Bunge, para delimitar su propio territorio con respecto a otras formas de saber:

a) La ciencia es un conocimiento racional, frente a la irracionalidad de los mitos. En esto concuerda con la filosofía, con la que mantiene relaciones de cooperación mutua. En la ciencia y en la filosofía no vale el argumento de autoridad, a diferencia de la teología (recurso a un libro sagrado o revelación divina).

b) Es un conocimiento sistemático, organizado en estructuras teóricas: las teorías, dice Bunge contra el positivismo, son el sistema nervioso de la ciencia. Este autor ha subrayado este aspecto a partir de su sistemismo materialista y emergentista, que entiende el mundo como un sistema de sistemas.

c) Es un conocimiento legaliforme, al menos como aspiración ideal. Las leyes científicas, subordinadas a las teorías, son enunciados universales que explican las regularidades de los fenómenos naturales o sociales y, en la medida de lo posible, aspiran a ser formuladas en lenguaje matemático.

d) Es un conocimiento justificado, con pruebas racionales y empíricas, siguiendo los procedimientos del método experimental. Hay autores que defienden un único método para todas las ciencias (monismo metódico) y otros que defienden un método distinto para las ciencias sociales (pluralismo metódico).

e) Es un conocimiento objetivo o intersubjetivo, es decir, con validez universal para todos los sujetos, a diferencia de las creencias y opinones, que son meramente subjetivas. La ciencia tiene, pues, un carácter transcultural y planetario. Entre los sistemas de creencias opuestos a la ciencia están las diversas pseudociencias. Bunge dedicó una parte de su obra a la crítica y desenmascaramiento de las pseudociencias.

f) Es un conocimiento público, no privado. Ésto la diferencia de las creencias o fes religiosas que son la base de la teología, fundada en una revelación divina. En esta teología el hombre propone y Dios dispone. En cambio, en la ciencia es la comunidad científica la que dispone, a través de la crítica pública, que hace de criba de las teorías aceptables. La ciencia, como la tecnología, está globalizada y es patrimonio de toda la humanidad.

g) Es un conocimiento antidogmático, por tanto, perfectible y autocrítico. Tal vez fue Popper el que más insistió en este aspecto con su racionalismo crítico y su falsacionismo. Las hipótesis y teorías científicas no son dogmas infalibles, a diferencia de los dogmas religiosos, creídos como verdades absolutas e inmutables. La ciencia progresa y avanza corrigiendo errores y ningún científico puede presumir de haber alcanzado la verdad total. Por tanto, para el escepticismo de Popper todo es revisable y nada es definitivo.

h) Es un conocimiento acumulativo, que avanza en espiral. Cada vez es más especializado. Su avance es continuo y cada vez aparecen nuevos descubrimientos en las distintas áreas especializadas.

i) Es un conocimiento teórico, pero también una actividad práctica y social, transformadora del mundo. Los conocimientos nuevos se aplican de forma constante a la vida social, lo cual, unido a las diversas tecnologías, está transformando nuestras vidas. La tecnociencia ha creado una tecnosfera, que se ha convertido en Weltanschaung, en una nueva cosmovisión o concepción del mundo.

Notas:

Fuente:  http://blogs.periodistadigital.com/humanismo.php/2017/03/25/trinidad-epistemica-filosofia-ciencia-y-3

26 de marzo de 2017

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