Una aproximación a la filosofía amarilla

Un libro analiza desde la perspectiva de grandes pensadores a los personajes y las tramas de «Los Simpson», que llevan 20 años en antena

Algún listillo diría que Nietzsche podría justificar las gamberradas de Bart Simpson. Pero, ¿se puede aprender algo de la felicidad a través de las miserias del señor Burns, el codicioso y rico propietario de una central nuclear? ¿Por qué tiene que caernos mal Lisa, la única con sentido común entre todos los personajes de la serie? ¿Cómo evaluaríamos éticamente a Homer, un tipo que es capaz de ofrecer a su familia a los extraterrestres para salvar el pellejo? ¿Cuántos filósofos hacen falta para analizar una serie de dibujos animados? Aparentemente, una veintena.

Para contestar a estas preguntas y en forma de introducción a los grandes pensadores de la historia, el libro «Los Simpson y la filosofía» (Blackie Books) aplica las armas de la dialéctica a un artefacto de la cultura pop. Matt Groening, el creador de la serie, estudió Filosofía. Y explica que en cada capítulo participa una legión de guionistas «empollones graduados en Harvard, que intentan sacar algún provecho a lo que han estudiado». «Escribimos la serie para adultos; de hecho, para adultos inteligentes», dice David Mirkin, otro de los padres de la serie, que necesita 300 personas y ocho meses de trabajo para hacer un episodio.

Mirada sin prejuicios

La tesis del libro es que la serie va más allá de la historia de «un patán –Homer Simpson– y su familia». Un espectador desprejuiciado y atento descubrirá en las tramas argumentos que van más allá de la simple farsa: hay alusiones a la alta cultura y a la popular, y la serie es lo suficientemente profunda como para someterla a un análisis filosófico. «Esto no es Harry Potter», advierten los autores del volumen.

Homer es egoísta, glotón, vicioso, y llega a ser realmente estúpido, pero no puede caernos mal. Sin embargo, analizado a la luz de la ética aristotélica, que distingue la virtud en el punto medio de dos vicios en los extremos, el pobre de Homer, un tipo que está dispuesto a comer hasta reventar para que le consideren discapacitado y así trabajar desde casa, no llega ni al aprobado. Eso sí, para la autora del ensayo que se ocupa de él, Raja Halwani, hasta Aristóteles diría que tiene algo admirable: su incuestionable amor a la vida. Será un bufón, pero en el parachoques de su coche familiar un adhesivo dice: «Soltero y respondón». En el extremo opuesto, Marge es una madre abnegada llena de virtudes aristotélicas –valiente, honrada, moderada–, que hace el bien sin esperar reciprocidad, pero carece de sueños.

Bart, observado a través del cristal del pensamiento de Nietzsche, es el espíritu libre, el rechazo de la moral tradicional, el caos gamberro. Sus acciones no conducen a nada más que a construir su propia identidad, sin aspirar a fines mayores. También es objeto de análisis Maggie, la hermana pequeña, que no ha dicho una palabra en veinte años. ¿Es una voz ahogada por la brutalidad de su entorno o reflexiva? Su empedernido chupete es la imagen viva del silencio tras el que Eric Bronson, otro de los autores, ve la representación de la filosofía oriental, o al pensador vienés Ludwig Wittgenstein («los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo»). En el caso de Lisa, la (única) hija inteligente de la familia, su problema es ése, que es más lista que cuantos la rodean. Y por eso es objeto de las burlas de sus compañeros de clase, y la serie da pie a una cuestión a debate en la sociedad contemporánea. ¿Admiramos la inteligencia o nos fastidia?

En uno de los breves ensayos, Aeon J. Skoble se pregunta si las sociedades democráticas no habrán traspasado el límite de que «todas las opiniones cuentan por igual», sobre todo, teniendo en cuenta el lugar del que hablamos. En Springfield, trasunto de EE UU, las cosas no son muy normales. No es muy corriente que el sacerdote de una localidad anime a su feligrés más fiel, el pesado de Ned Flanders, «a cambiarse a otra religión mayoritaria», si al fin y al cabo «todas vienen a ser lo mismo». Tampoco es habitual que el jefe de Policía o el alcalde sean unos farsantes, lo que da pie a otro de los ensayos: el valor, incluso admirable, de tanta hipocresía en la autoridad.

«Mejor esta familia que nada»

Y luego está la familia, una institución que no sale bien parada en principio, pero, según Paul A. Cantor, la conclusión que se puede sacar es la siguiente: «Imaginad el peor panorama posible: los Simpson. Pues incluso una familia así es mejor que ninguna». Según los ensayistas, la serie logra poner en el centro de las tramas problemas sociales bajo el punto de vista más burlón y ambiguo posible: desde la seguridad nuclear o la protección del medio ambiente, a la inmigración, la prostitución o los derechos de los homosexuales. El libro aborda también la supuesta intención política de la serie –sin llegar a ninguna conclusión–, o la cantidad de referentes que la convierten en un ejemplo de cultura pop, y que van desde «Qué bello es vivir» hasta «Uno de los nuestros», o desde «Las uvas de la ira» y «Moby Dick» a «Los Picapiedra», pasando por el grupo Metallica. Como dice Groening, «Los Simpson» es una serie que «recompensa al que lee».

Notas:

Fuente: http://www.larazon.es/noticia/9440-una-aproximacion-a-la-filosofia-amarilla

SPAIN.  29 de diciembre de 2009

Hay 1 comentarios

January 26, 2010 - 10:40 AM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

Algo mas del autor: Mark I. Pinsky:  La creación [La familia amarilla]

La familia amarilla más conocida del planeta no deja de ser diseccionada por la crítica cultural. Primero los filósofos rastrearon trazas del pensamiento de Sartre, Marx y Nietzsche en su humor corrosivo. Y luego, los físicos revelaron una obviedad: el show de Matt Groening es más científico de lo que se cree. Pero ninguna interpretación es tan desopilante como la de un escritor estadounidense que subraya cómo la serie animada despotrica por un lado contra la religión organizada y por el otro abraza la fe como refugio ante la frustración social.

Fue recién en el verano de 1999, época en la que a mis pequeños hijos les interesaron Los Simpson, cuando comencé a sintonizar el programa con regularidad. A la luz de su reputación en cuanto a conductas burdas, mal lenguaje e implicaciones sexuales, insistí en sentarme con ellos. Ver los episodios semanales, adicionados con una doble dosis de repeticiones nocturnas a lo largo del verano, me llevó a valiosas discusiones con los niños acerca de asuntos morales y me sentí liberado al constatar que la mayoría de los detalles desagradables pasaron de largo para ellos (eso espero).

La verdadera epifanía para mí, como escritor religioso durante mucho tiempo para periódicos cotidianos, fue la sorprendente y favorable manera cómo la religión era presentada en la serie, además del papel central que la fe desempeñaba en la vida de los personajes. En muchas formas, los miembros de la familia Simpson estaban definidos y circunscritos por la religión. La familia asistía a la iglesia cada domingo, leía la Biblia y daba las gracias antes de comer. Sus vecinos de la casa de al lado eran cristianos evangélicos comprometidos. Cuando se enfrentaban a una crisis, los Simpson acudían a dios y rezaban en voz alta. Dios respondía a sus plegarias con frecuencia e intervenía en su mundo. Había una cosmología completa: dios, el diablo, los ángeles y un universo entero de fe. Los personajes creían en un cielo y un infierno literales y, como la mayoría de los estadounidenses, ellos se burlaban de los cultos. Resultaba claro que los cristianos y el cristianismo eran más parte de Los Simpson que de cualquier otra serie o drama en horario estelar.

No obstante, nadie confundiría a Homero Simpson o a su familia con santos. De hecho, en muchas formas, ellos son la quintaesencia de los pecadores débiles y bien intencionados que confían en su fe, aunque sólo cuando es absolutamente necesario. Los Simpson es un programa consistentemente irreverente hacia los excesos y las fallas de la religión organizada, tal como lo es con la mayoría de las otras instituciones y con los otros aspectos de la vida moderna. Y Bart siempre es Bart. Él no es el niño de quien el profeta Isaías dijo: “un niño pequeño los guiará”; en términos literales, Bart es un caso de “sufran a los niños pequeños” (Marcos 10:14). La perspectiva de Homero de la complejidad teológica es, cuando mucho, difusa. Cuando Bart le pregunta cuál es la creencia religiosa de la familia, su padre responde: “Ya sabes, ésa con todas las reglas bienintencionadas que no funcionan en la vida real. Uh, cristianismo”.

EL CABALLO DE TROYA. El don de Los Simpson es que las creencias esenciales de los personajes son animadas, pero no caricaturizadas. Nadie se burla de dios ni se cuestiona su existencia. En retrospectiva, los segundos iniciales de Los Simpson debieron darme una clave: cuerdas de arpa acompañan a un coro celestial mientras las nubes se apartan y aparece el título del programa en la pantalla; luego, la cámara hace una toma en picada de Springfield. A medida que avanzaba mi temporada de verano del programa con mis hijos, me descubrí en el acto de verlo con mi libreta de reportero, en la cual tomaba febriles notas. Mientras más veía el programa, más quería comprender su dimensión. Dado que muy poco de lo que aparece en la televisión y en el cine está allí por accidente, yo quería saber por qué la religión era tratada de esa manera.

Mike Scully, quien en ese momento era el productor ejecutivo de la serie, me explicó que el programa pretendía reflejar, a través de los personajes, el hecho de que la fe desempeña una función sustancial en la vida de muchas familias, a pesar de que es raro que esto sea mostrado en televisión. “Intentamos representar las actitudes honestas de la gente acerca de la religión—declaró—. Ves a los Simpson y a toda la gente de la ciudad reunida en la iglesia, tal como en la vida real. Vos estás en la iglesia, das el saludo de paz a alguien y luego, en el estacionamiento, le hacés una seña obscena porque bloquea tu camino. Sólo es naturaleza humana”.

El sucesor de Scully, Al Jean, me comentó en 2005 que el programa era un mero reflejo de la realidad en la cual, durante la primera administración Bush, la religión se había convertido en un elemento más prominente de la vida estadounidense de lo que había sido quince años atrás. El hecho de integrar más religión en Los Simpson en realidad “no fue algo que hiciéramos en forma consciente”.

De acuerdo con un estudio efectuado por un teólogo (y fanático), casi una tercera parte de todos los episodios incluye al menos una referencia religiosa. Otro análisis de episodios elegidos al azar, realizado por John Heeren de la Universidad Estatal de California, descubrió que había algo de contenido religioso en 70% de ellos y que 10% de los capítulos estudiados estaban construidos alrededor de temas religiosos. La religión era más prominente en el programa en la extenuada y decadente década de 1990 que en otros de la década de 1950, la cual era más religiosa, aseguró.

LO SAGRADO Y LO PROFANO. Si eliminás los chistes, Los Simpson es una tragedia de proporciones operísticas; es decir, fracasos y frustraciones repetidos, puntuados por el indulto ocasional, irracional y afirmador de vida que lo devuelve todo a su estado normal. Y, como cualquier comedia dirigida a un público masivo, es, en sus raíces, de un conservadurismo obstinado. León Trotsky, uno de los padres del levantamiento bolchevique en Rusia, solía describir a un movimiento político al cual era opuesto como “derechista en forma, izquierdista en esencia”, lo cual es como decir que sus oponentes eran revolucionarios en apariencia, pero de naturaleza reaccionaria. Con Los Simpson, creo que podría tratarse de un caso similar: cubrir la esencia sagrada del programa con el disfraz de una narración profana, aunque no existe evidencia de que esto sea resultado de un esfuerzo consciente y consistente por parte de los escritores y productores de la serie.

El hecho de que la serie, en un momento considerada tan antiautoritaria, sea subversiva o apoye la fe, depende en gran medida del ojo del observador. Los Simpson sólo parecen cuestionar la sabiduría y los valores convencionales. La religión sirve como un paliativo que consuela a los personajes en su futilidad social.

El evangelio de Los Simpson no es la fe guerrera de los profetas del Antiguo Testamento o del confrontativo Jesús, todos los cuales pretendieron balancear el bote de la comodidad no honrada. Al mismo tiempo, la teología de Los Simpson no siente gozo en la aceptación. Marge, Ned, el reverendo Alegría y otros creyentes en la serie no son como esos ministros colaboracionistas de principios del siglo XX que fueron acusados por los radicales de predicar promesas vacías. Su fe es un bastión, un refugio muy significativo y relevante. La fe es el último recurso contra las presiones del paso cada vez más veloz del mercado global y su poder, los desastres personales y naturales y cualesquiera otros infortunios que uno podría enfrentar.

Debido al mundo en el cual estamos y al sistema económico bajo el cual vivimos, el show de Los Simpson es tan incisivo, tan reafirmador de vida y tan crítico social, en tanto comedia de situación en horario estelar, como cabría esperar de una importante cadena de televisión comercial, en términos racionales.

Entonces, ¿qué impacto tiene la televisión, en particular un programa como Los Simpson, en decenas de millones de teleespectadores? Esa pregunta aún está abierta.

El reverendo Donald Wildmon, cabeza de la ultraconservadora Asociación de la Familia Estadounidense, localizada en Tupelo, Mississippi, cree que es considerable. “Se podría pensar que Billy Graham es el evangelista líder en Estados Unidos, pero no lo es—advirtió—. Los evangelistas líderes son esas personas que hacen programas de televisión”.

DIOS

En Los Simpson nadie se burla de dios. Cuando los personajes de la serie se enfrentan a una crisis, acuden a él. “Es más difícil satirizar algo que burlarte de ello—señala Mike Scully—y resulta difícil satirizar algo que no puedes ver”. En Los Simpson, dios es una mezcla entre el Hombre de dos mil años de Mel Brooks y el viejo Moisés de Charlton Heston. Los personajes de la serie tienen una percepción un poco incierta sobre la esencia del Todopoderoso y de su plan para la humanidad. Cuando un personaje declara dios a Homero, éste lo corrige: “Dios tiene barba blanca e inventó El código Da Vinci”.

EL FUNDAMENTALISMO RELIGIOSO

A pesar de todas sus admirables cualidades, Ned Flanders, el vecino de los Simpson, en ocasiones exhibe el celo y la mente estrecha que para muchas personas representa el aspecto más oscuro del cristianismo evangélico. Él distribuye panfletos titulados “Morirás en el infierno” durante la proyección de una película al aire libre de la comunidad. Cuando Ned levanta la mirada hacia el cielo nocturno y ve una estrella judía, se frota los ojos, incrédulo. “El retrato de Ned es un golpe bajo a los fundamentalistas, razón por la cual me agrada”, declara el profesor de teología David Landry.

LA CORRUPCIÓN DE LA IGLESIA

El reverendo Alegría personifica muchos de los errores de la religión organizada y del conservadurismo cristiano. Es representado como un “charlatán pandenominado”, superficial e intolerante. Es hipócrita y corrupto, pero no es malo ni inmoral; simplemente, es humano. A pesar de las bancas diversas y abarrotadas, hay serios problemas en la iglesia de Springfield. Los feligreses se duermen en los servicios, a veces con los ojos abiertos. Los escritores de la serie aclaran que la fe es consistente con los personajes. La fe siempre ha sido la creencia en cosas invisibles y, en ese sentido, es irracional.

EL INFIERNO

La naturaleza del cielo y el infierno es un tema que surge con frecuencia en la escuela dominical en la Iglesia de Springfield. A diferencia de muchos protestantes de la corriente principal y del Papa, los personajes de Los Simpson creen sin cuestionamiento alguno en una interpretación muy literal de ambos conceptos. El infierno es, según explica la señora Albright, un lugar terrible: “Las larvas son sus sábanas y los gusanos, sus cobijas. Hay un lago de fuego que arde con azufre. Serán atormentados de día y de noche, para siempre jamás. De hecho, si en realidad vieran el infierno,sentirían tanto miedo que morirían”.

OTRAS RELIGIONES

El cristianismo, el judaísmo, el hinduismo y el budismo están bien representados en Los Simpson. La principal representación del budismo en Los Simpson se relaciona con la salida de Lisa del cristianismo. Su cambio de religión surge de su opinión de que su iglesia protestante de línea principal ha llegado a la bancarrota espiritual, lo que es un resultado directo de estar muy próxima a la bancarrota financiera. Cuando el actor Richard Gere, devoto del budismo tibetano, escucha lo que ella busca, le explica a la niña que ha llegado al lugar adecuado.

LA BIBLIA

Homero utiliza la Biblia cuando y como le conviene. Por ejemplo, para justificar las apuestas de deportes ante Lisa y le comunica que están permitidas en la Biblia, “en alguna parte de atrás”. Lisa quiere jugar hockey sobre hielo en un equipo para varones y Homero le retruca: “Si algo nos ha enseñado la Biblia, que no nos ha enseñado nada, es que las niñas deberán practicar deportes para niñas, como luchas en aceite caliente”. La más detallada representación bíblica se transmitió en 1999, en un episodio titulado “Historias bíblicas de Los Simpson”.

Fuente: http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=37525

ARGENTINA.  26 de Enero de 2010

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