Una filosofía de la lectura (reseña)

Sin dudas Nietzsche es uno de los filósofos más populares y menos comprendidos de la historia de la filosofía. La misma gracia y contundencia de su estilo literario, propenso a las sentencias inolvidables, generaron un malentendido tan grande como para que el autor de Más allá del bien y del mal fuera acusado por algunos como un ideólogo protonazi o glorificado por otros como el santo patrono del pensamiento post-estructuralista.

Dos nuevos libros de Sergio Sánchez incluyen en su título o en su subtítulo el nombre del filósofo alemán: Borges lector de Nietzsche y Carlyle y La insensata fábrica de la vigilia (Nietzsche y el fenómeno del sueño). Si bien el primero se centra en el modo en que Borges fue cambiando su manera de leer y entender a Nietzsche y a Carlyle –dos autores a la vez vinculados por otro malentendido: la figura del superhombre–, revela el minucioso conocimiento que tiene Sánchez de la obra nietzscheana.

Pero ese conocimiento de especialista –que no sólo ha estudiado la obra y la vida de Nietzsche sino que también ha rastreado sus lecturas y ha reconstruido su formación bibliográfica– no se convierte en una pesada carga a la hora de exponer sus ideas en una prosa inteligible para un lector común (en el sentido que Virginia Woolf le daba a esa expresión, por supuesto). Tanto en las páginas de uno como de otro libro, la precisión académica se funde con una claridad expositiva y argumentativa que no abunda en la prosa ensayística, periodística o epistolar de los filósofos más públicos de la Argentina actual.

En el caso del libro sobre el sueño, Sánchez emprende una lectura filológica de los diversos párrafos y fragmentos en los que Nietzsche aborda dicho fenómeno. De ese modo traza el mapa de una transformación: el paso de cierta concepción romántica de la actividad onírica (el sueño como creación libre) a otra concepción, más fisiologista y psicologista, en la que los sueños no tienen un significado privilegiado sino que son el producto de “procesos pulsionales interiores”.

En el libro sobre Borges, también se traza un mapa doble, el de las relaciones del autor de Ficciones con esas dos figuras por las que expresó infinita admiración y grandes reservas a lo largo de su vida. No obstante, si en el balance general Nietzsche termina siendo reivindicado –menos por su estilo que por su “lucidez en el corazón mismo de la polémica”–, Carlyle es condenado al infierno literario de los dogmáticos y de los enfáticos.

Con sus diferentes matices, Borges lector de Nietzsche y Carlyle y La insensata fábrica de la vigilia son dos exponentes de una filosofía de la lectura que Sánchez prefiere no detallar en un catecismo filológico sino poner en práctica en cada texto al que dirige el foco de su atención, obsesiva y delicada a la vez.


Borges lector de Nietzsche y Carlyle
Sergio Sánchez
Editorial Universidad Nacional de Córdoba, 2014

Notas:

Fuente:  http://www.lavoz.com.ar/ciudad-equis/una-filosofia-de-la-lectura-resena

20 de marzo de 2015.  ARGENTINA

Hay 0 comentarios

March 28, 2015 - 3:04 PM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

Muy buena reseña. Conozco ambos libros y puedo decir que son excelentes: lo más riguroso y claro que pueda esperarse en la materia. El reseñista ha captado muy bien esa calidad. Recomiendo vivamente ambos libros.

P. N.

September 14, 2015 - 6:53 PM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

En nuestro idioma jamás se escribió un estudio tan perfecto sobre Nietzsche ni una crítica tan admirable relativa a Borges; es justo afirmar, por supuesto, que en nuestra civilización no hay libros llenos de méritos como los aquí observados por el mejor y más grande reseñador de los últimos siglos, sí, superiores a toda la obra nietzscheana y borgeana… Otra grandeza de la época en que nació la civilizadísima Argentina, en 2003… ¡Gracias por tantísima genialidad!

September 15, 2015 - 6:54 AM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

Extraño destilado de fastidio las líneas llenas de ironía de Alfredo Giménez. Nos deja en la oscuridad respecto de su opinión sobre las obras comentadas por el reseñista, quien simplemente ha hecho bien su trabajo anotando su descripción y valoración de ellas. ¿Las leyó? ¿No puede expresar su opinión, cualquiera sea, sobre su contenido específico? ¿O simplemente ha encontrado ocasión de que sus insatisfacciones (que no excluyen a la Argentina de los últimos doce años) se expresaran sin contención ni cortesía alguna?

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