Una puerta a las ideas

Generalmente el éxito o el fracaso de un determinado vínculo depende del modo en que las dos partes utilizan para relacionarse. Probablemente, el común denominador sea siempre la aproximación cauta y gradual.

No es el caso de Intensidades filosóficas, en donde Gustavo Santiago expone la fuerza de cinco filósofos clásicos sin regodeos y con toda la intensidad que es capaz de transmitir. El autor resume sus intenciones desde el comienzo del texto:

“Nuestra labor se asemeja a la de esos electricistas irresponsables que dejan cables pelados por todas partes. La mayor pretensión de este libro es que cuando el lector ponga los dedos sobre alguno de estos cables filosóficos, reciba una descarga inolvidable”.

Intensidades… no es un texto ajeno a la conocida capacidad pedagógica del autor y no elude los arduos senderos filosóficos que las mentes de Sócrates, Epicuro, Spinoza, Nietzsche y Deleuze han dejado a merced del lector moderno. Santiago presenta hipótesis provocadoras que derriban presupuestos desacertados. En relación con Sócrates, vale destacar la objeción que el autor hace de su famoso método: “Lo que encontramos en los textos de Platón y Jenofonte no es un Sócrates que desarrolle un pensamiento metódico, sino estratégico”. Con la misma mirada indagadora, se sumerge en los otros protagonistas del libro. A diferencia de la imagen de un Epicuro lujurioso e inmoral, el autor lo presenta tan palpable que resume su planteo ético de esta manera: “Lo que nos produce placer es bueno, lo que nos produce dolor es malo”.

Con Baruch de Spinoza, Santiago se adentra en la filosofía moderna. Uno de los “cables pelados” es la fuerza que para este filósofo tiene la potencia: “Soy lo que puedo”, resumirá el autor en relación con la esencia del ser humano. Santiago incorpora sistemáticamente la duda cuando se trata de desmitificar conceptos errados, y al abordar el caso de Nietzsche redobla el esfuerzo para despejar los atisbos nihilistas. Acerca de la caracterización nihilista que se ha hecho del filósofo alemán, el autor arguye que el aspecto destructivo de la filosofía de Nietzsche no tiene como resultado la nada. Muy por el contrario, sobre las cenizas del pensamiento caído, el filósofo construye nuevos senderos, nuevos sentidos.

Tal vez estratégicamente, Intensidades filosóficas concluye con un tema crucial, tanto por la fuerza conceptual que encierra como por las resonancias que tiene en el presente: las “sociedades disciplinarias”, que Gilles Deleuze toma de Michel Foucault, y el desarrollo de las “sociedades de control” que el último protagonista de este libro encuentra en el capitalismo tardío.

Si bien constituye una hoja de ruta para adentrarse en el pensamiento de los filósofos en cuestión, este trabajo difiere en forma y en contenido de un clásico manual de filosofía. El estilo narrativo y vivaz, la forma didáctica y a la vez entretenida de encarar el pensamiento de cada filósofo, las hipótesis subversivas que lanza cuando el conocimiento merece la duda, la interpretación personal que trasluce acerca de las teorías y de los pensadores, en gran parte, lo testimonian. Pero tal vez el argumento más robusto sea la puerta por la cual Santiago entra en la filosofía, y que deja abierta para aquellos lectores que se animen a pisar alguno de los cables pelados que el autor quiso dejar expuestos.

Intensidades filosóficas
Por Gustavo Santiago
Paidós
216 páginas

Notas:

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1102907

ARGENTINA.  28 de febrero de 2009

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