Universidades, la verdad y las humanidades

Por el siglo XII y al calor del desarrollo de las escuelas capitulares patrocinadas por los cabildos y los obispos, ubicadas en los claustros de las catedrales, se iban decantando las universidades desde los studia generalia que ya desde mucho tiempo atrás se desarrollaban en las ciudades, territorios abaciales y alguno que otro palacio como, por ejemplo, Aguisgrán.

La universitas magistrorum et scholarium fue un producto del cristianismo urbano y, como su nombre lo indica, además, una realidad marcada por la universalidad de origen de estudiantes y profesores, lo mismo que de contenidos.

No se podía comprender la universidad medieval (y la de hoy igualmente) sin una apertura a todos los saberes y, en contrario de lo que algunos piensan al asimilar erróneamente lo medieval a lo oscurantista, autónoma y con un respeto a la libertad de cátedra clara, sin grises y con una profunda vocación de búsqueda de la verdad que empata con el gaudium de veritate tan querido para Agustín de Hipona (la carta de Alejandro IV del 14 de abril de 1255 a la naciente universidad de París deja todo esto muy en claro).

Como nos narra Luis Rodríguez-San Pedro en su historia de la universidad de Salamanca (Salamanca, 2002), el método era el brillante y dinámico intercambio de ideas que se explayaba en lecciones magistrales de maestros curtidos, relecciones y disputas académicas y ejercicios dialécticos.

En otras palabras, todo lo que ahora no se hace, esto es, pensar, argumentar, expresar ideas con orden y cierto fundamento. Lo propio del que busca la verdad.

Cuánta razón tenía aquel que un día dijo que una universidad sin humanidades ni siquiera debería llamarse, en sentido estricto, “universidad”.

Pedro Cuartango escribiendo recientemente en el diario El Mundo o Salvador Pániker entrevistado por El País, o bien, Alejandro Llano opinando en la página filosofia.mx dejan ver un detalle dramático y destructivo. Pániker en pocas palabras llega a decir: “Esta manía de quitar la filosofía y las humanidades me parece suicida”.

Alejandro Llano, varios años rector de una importante universidad española, visualiza una crisis seria que impedirá al ser humano del mañana expresarse correctamente, deliberar sobre los grandes temas, discernir de cara a los verdaderos y decisivos valores (lo que van mas allá del pragmatismo utilitarista).

Es dejar de lado veinticinco siglos de reflexión y cambiarlo por casi nada en función de ser más y más esclavos del mercado.

Sobre el resultado, Cuartango nos dice: “Hay mucho más saber acumulado en La ilíada o en La divina comedia que en todas las redes sociales habidas y por haber hasta la eternidad. Pero eso no es lo que se transmite en nuestro sistema educativo, que ha abandonado la noción de conocimiento y los estímulos para que los jóvenes aprendan a pensar. Así nos va y así nos irá si fomentamos esta amnesia colectiva que está creando generaciones que han aprendido a manejar grandes cantidades de datos, pero que son incapaces de interpretarlos”.

Corregir se impone. Parece que estamos a tiempo. Nuestras futuras generaciones merecen una educación superior mejor y que, al menos, medianamente, enseñe a pensar más que solo hacer.

Hernán Porras Molina

Es sacerdote y profesor universitario.

Notas:

Fuente: http://www.entornointeligente.com/articulo/7632140/Universidades-la-verdad-y-las-humanidades

1° enero de 2016. 

Hay 0 comentarios

January 02, 2016 - 1:52 PM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

En cierta manera estoy de acuerdo con su opinión. En lo que a mí respecta, lo único que puedo agregar es que hoy en día es que las universidades se han convertido en sitios donde se imparten conocimientos hasta cierto punto limitados, porque quienes se encargan de la evaluación únicamente se enfocan a un programa o a lo que creen conveniente impartir durante el curso correspondiente. Así hasta terminar la carrera, sea cualquiera la existente, desde las ciencias hasta las humanidades. Creando así un ambiente donde lo único que importa es obtener una licencia para poder radicar la profesión correspondiente, dejando a un lado ciertos valores que a mi criterio son importantes, como el simple hecho de tener una formación lo suficientemente íntegra para así hacer una diferencia con los conocimientos adquiridos y fomentar el desarrollo de la propia civilización. El hecho de que quieran suprimirse carreras que tengan que ver con las humanidades es simplemente un síntoma y una señal de que el mercado y sus dirigentes tienen un control poblacional exageradamente explícito y se piensa mantenerlo. Lo valioso aquí es que me he dado cuenta que existen individuos que si no están de acuerdo con lo que estoy diciendo, tienen su propia iniciativa y no se limitan, buscan y defienden lo que les aporta humanidad. ¿Qué pasará si se clausuran carrera como Filosofía en las universidades? Una crisis absoluta. Carece de más fundamentos mis comentarios, pero únicamente es mi humilde opinión para aportar al artículo.

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