Xirau: Guía para desencaminados

Catalán de nacimiento y mexicano por adopción, Ramón Xirau es un sabio que ha sabido conciliar la filosofía con la poesía, la palabra con el silencio, y la razón con la fe. Su pensamiento es una vía de reconciliación del hombre consigo mismo, en una época marcada por la confusión; un reencuentro con la integridad vital del ser humano, en la que los conceptos platónicos Eros (la vida emotiva), Mythos (la imaginación y la fantasía) y Logos (la razón); así como la “iluminación” de la fe y el amor (San Agustín, San Anselmo), conviven en feliz armonía.

A la memoria de Ignacio Lara

Como Sócrates, Xirau es un buscador de la verdad, a la vez que un educador de almas. Como Platón, sabe que no hay conocimiento sin pasión por conocer, y que el amor es filósofo. Postula, con Heráclito, que: “Una sola cosa es sabia, conocer el Logos, por el cual todas las cosas son gobernadas”. Coincide con Sófocles en que entre todas las maravillas de la naturaleza, la más grande es el hombre (Antígona). Sin embargo, se opone rotundamente a la idea de Feuerbach de que “el único dios del hombre es el hombre mismo”. De igual forma, rechaza la muerte de Dios, anunciada por Nietzsche, al tiempo de señalar la ausencia del Superhombre que vendría a sustituirlo.

Xirau piensa, con Unamuno, que el pensamiento surge de la vida y debe retornar a ella, al tiempo que comulga con la “razón vital” postulada por Ortega y Gasset; sin embargo, piensa que el hombre debe ser consciente de su finitud y no pretender erigirse en ser absoluto. De ahí que Xirau sea el filósofo de la presencia, es decir, del estar más que del ser. Sus reflexiones acerca del estar, o de la presencia, surgieron del siguiente verso del poeta Jorge Guillén: Soy, más: estoy, respiro. Estar en el mundo significa para Xirau estar en el tiempo; pero además del tiempo externo, medible, existe el tiempo interno, el cual —de acuerdo con San Agustín—, puede ser imagen móvil de la eternidad. La vida del ser humano es pasajera, pero tiene sentido: “el sentido de la presencia, que no es otro sino el sentido de la contemplación” –concluye Xirau.

El ámbito de la filosofía y la poesía de Ramón Xirau es el de lo sagrado. Recordemos el título de dos de sus libros: Dos poetas y lo sagrado (1980) y Cuatro filósofos y lo sagrado (1986). En Palabra y silencio (1968), afirma: “Toda poesía verdadera se acerca a lo sagrado” (p.49). En el ensayo titulado “Lo sagrado y la crisis de nuestro tiempo” analiza el significado de lo sagrado —a través de autores como Caillois, Eliade y Otto—, para concluir que la crisis del mundo actual tiene su origen en la eliminación del sentimiento de lo sagrado, o lo que es peor, en la sustitución del objeto de culto: “¿No son sagrados o quieren sustituir al ser verdaderamente sagrado los nuevos diosecillos inventados por los hombres y aun este nuevo dios que sería el hombre mismo?” (Estudios, Otoño 1984)

Frente a la decadencia espiritual del mundo, la comodidad despilfarradora, así como la deificación de la ciencia y la técnica, Xirau rescata el pensamiento de los filósofos para quienes la religión ha formado parte de sus reflexiones —desde Platón hasta Wittgenstein o A. N. Whitehead—, así como a la experiencia de los místicos. Con Henri Bergson, Xirau piensa que existe un impulso de amor, un impulso místico sin el cual “la civilización o incluso toda presencia humana sobre la tierra no podría desarrollarse” (El desarrollo y las crisis de la filosofía occidental, 1975, p. 163).

Dios es el centro del pensamiento de Xirau, pero nada más alejado de él que el dogmatismo. El autor de De mística sabe muy bien que la experiencia espiritual de Meister Eckhart, san Juan de la Cruz, Edith Stein. Simone Weil o el budismo Zen es inefable o indecible. “La esencia de la realidad es la Palabra; la palabra verdadera contiene silencio” —postula Xirau, remitiéndose a la música callada de san Juan, o al imperio silencioso de sor Juana.

Para postular la existencia de Dios, Xirau recurre a la siguiente metáfora: Un jardín respira armonía. No hay nadie, pero el trabajo de un jardinero se hace evidente. “Si pienso en el jardín del mundo no parece que pueda dejar de pensar en el Jardinero del mundo” (Ideas y no ideas, 1974, p. 81).

Para los desencaminados, el filósofo-poeta propone una lección análoga a la expuesta por Maimónides en su Guía para descarriados: saber que además de historia, el hombre es conciencia en busca de Dios. Ramón Xirau: místico de la sabiduría.

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Notas:

Fuente:  http://www.milenio.com/node/160315

MEXICO. Miércoles, 04 de febrero de 2009

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