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Una vuelta al mundo filosófica. Crítica al libro

Este libro lleva desde que apareció, 2007, en las listas de best sellers alemanas, codeándose en ellas con los últimos éxitos de Peter Sloterdijk o Rüdiger Safranski, por ejemplo, y dejándolos en el camino. Treinta y tres ediciones en dos años.

Y, sin embargo (diríamos), trata de “cuestiones filosóficas de la existencia humana y de la humanidad”, como anuncia él mismo. ¿Qué puede uno saber, sobre todo de sí mismo? Quién soy yo, qué es el yo, los sentimientos, memoria, la verdad… ¿Qué hacer, cómo obrar, por qué son los hombres capaces de obrar moralmente, en qué medida la bondad o maldad se corresponde con la naturaleza humana? Cuestiones prácticas sobre el aborto y la eutanasia, la genética y la medicina reproductiva, la ética ambiental y animal… ¿Qué puedo esperar respecto a cuestiones tan centrales como evanescentes como la felicidad, libertad, amor, Dios o el sentido de la vida?

Es verdad que el libro no “ventila” estas cuestiones en abstracto, sino que propone un “pequeño viaje alrededor del mundo con el fin de visitarlas en el lugar de los hechos”. Desde la casa de campesinos cerca de Ulm, donde al calor de la poêle Descartes fundó la filosofía moderna, hasta Vanuatu, las Nuevas Hébridas, donde al parecer viven los seres humanos más felices. Pasando por Sils Maria, el lugar emblemático del solitario Nietzsche, que increpa al ser humano por creerse el gozne del mundo con un intelecto “lastimoso, sombrío y caduco, estéril y arbitrario”. O por Madrid, donde acabó la aventura de un navarro ocho años menor que Nietzsche, Santiago Ramón y Cajal, que, al contrario, se tomó muy en serio al animal inteligente: la comprensión de los procesos del mecanismo que él evidenció como el más complicado del universo, el cerebro humano.

Un viaje con treinta y cuatro paradas el de este libro, cada una de ellas, como las cuatro citadas, en un lugar paradigmático concreto: Ulm, Vanuatu, Sils, Madrid; con una historia originaria concreta: la de una noche de invierno en la guerra de los Treinta Años, la de las islas de la bienaventuranza, la de los animales inteligentes en el universo, o la del cosmos del espíritu; y una pregunta universal pero concreta, respectivamente: ¿cómo sé quién soy yo? ¿qué es una vida feliz? ¿qué es la verdad? ¿cómo funciona mi cerebro?

Esta estructura se repite en esas treinta y cuatro aventuras por el lugar y el tiempo de las viejas inquietudes del espíritu humano: “Las grandes cuestiones transversales de la filosofía”. Que parece que son más que enfermedades filosóficas, más que meros problemas de mal uso de la lógica o del lenguaje, si no no merecerían un libro tan interesante. Aunque el autor haya de peregrinar también hasta Cambridge para liberar de la botella-trampa de la ilusión lingüística a la mosca wittgensteiniana y poder escribir él mismo con buena conciencia.

No es que todas las etapas de esa vuelta al mundo sean esplendorosas, por ejemplo ésta de Cambridge, pero acompañar a este libro en su aventura merece en general completamente la pena. Muestra un nivel de dominio del lenguaje, de gracia intelectual, de capacidad de trasmisión clara de conocimientos serios, de modernidad, frescura y buen tino en sus planteamientos y propuestas, etcétera, por desgracia desconocido en los reiterados ensayos a la moda, también en nuestro país, de divulgación, más bien vulgarización en estos casos, de la filosofía. Se nota que Richard David Precht (Solingen, 1964) no es un académico de la filosofía y, lo mejor, que nunca pretendió serlo. Dedicado hoy con enorme éxito a los media, a la novela y al ensayo, ya en su época de estudiante y doctorando de Filosofía en Colonia lo descorazonó tanto el aburrimiento y mediocridad de vida y ánimo de los profesores de filosofía, como sobre todo la falta de repercusión pública de la filosofía universitaria, y con ello lo absurdo de ese mal negocio.

Con leer su prólogo, efectivamente, ya engancha este libro. Un deslumbrante manual de vida moderna inteligente o una introducción “buena y amena”, por fin, a la filosofía. Ni más o menos ingeniosa, ni menos o más mazacote. Nada filosófica, en ambos sentidos, ella misma. Aunque es difícil castellanizar la enrevesada gracia del título, quizá mejor haberlo traducido con mayor literalidad; por ejemplo: “¿Quién soy yo y en tal caso cuántos?”. (En caso de que sea o sea alguien). Quedamos a la espera de la versión castellana del nuevo libro de Precht sobre el amor (El amor. Un sentimiento desordenado), publicado en Alemania en 2009, otro éxito de gran interés, ampliación del capítulo de este libro, en el que ese sentimiento desordenado ya se considera, además “una improbabilidad trivial”.

¿Quién soy y… cuántos? Un viaje filosófico
Richard David Precht
Traducción de Marc Jiménez Buzzi
Ariel.
Barcelona, 2009
336 páginas.
25,50 euros


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ISIDORO REGUERA

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