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Coloquio con… Dr. Jaime Nubiola

Jaime Nubiola es doctor en Filosofía y Letras, profesor en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Navarra y Vicepresidente de la Sociedad Internacional Charles S. Peirce. Autor de Filosofía del lenguaje (Herder 2002), El taller de la filosofía (EUNSA 1999), entre otros.

“En primer lugar, deseo agradecer muy vivamente la invitación para responder a este cuestionario, pues me ha obligado a reflexionar sobre mi actividad para intentar expresar de una forma concisa mi respuesta a cada una de las preguntas. Lo hago desde mi experiencia profesional centrada en la filosofía desarrollada en los Estados Unidos de América en los últimos 150 años. Desde Europa o desde América Latina podría presentarse quizás una imagen bastante distinta.”
Jaime Nubiola                                                              

Filosofía del lenguaje
¿Es ya la filosofía del lenguaje la disciplina filosófica más importante o qué lugar ocupa entre ellas?

Puede decirse que a mediados del siglo XX la filosofía del lenguaje llegó a ocupar el lugar central de la discusión filosófica, sobre todo en la tradición analítica angloamericana, pero en las dos últimas décadas la atención se ha vuelto más hacia la filosofía de lo mental y las llamadas ciencias cognitivas. Para mí la reflexión filosófica sobre el lenguaje tiene una importancia capital para comprender la riqueza de los seres humanos y de nuestra comunicación, riqueza que no puede ser captada por el esquema reduccionista del naturalismo cientista dominante. Me parece que la experiencia efectiva del lenguaje nos ilustra bien acerca de nuestra libertad personal, nuestra creatividad y nuestra espiritualidad.

A partir del pluralismo no relativista, ¿cómo se lidia con las posiciones científicas o filosóficas incorrectas y falsas?

Hace ya treinta años Hannah Arendt escribió que “el debate es la esencia misma de la vida política”. Quienes defendemos el pluralismo defendemos también que hay opiniones mejores y peores y que, mediante la discusión con los iguales y el contraste con la experiencia, los seres humanos somos capaces de reconocer la superioridad de un parecer sobre otro. Ante posiciones filosóficas que sean incorrectas o falsas el pensador enamorado de la verdad deberá primero tratar de comprender cuáles son las razones y datos en que se apoyan esas posiciones para tratar de descubrir dónde se encuentra el error, la falsedad o, más a menudo, su desajuste o su insuficiencia.  De los errores puede casi siempre aprenderse muchísimo.

Después del posmodernismo, ¿qué panorama se vislumbra para la filosofía?

No soy profeta, pero me planteo a menudo esta misma pregunta. Hace unas pocas semanas asistí al congreso de la poderosa American Philosophical Association en Washington con esta misma pregunta en la cabeza. La impresión que obtuve en los dos días que asistí a numerosas ponencias y sesiones es que la filosofía dominante en los Estados Unidos es en la actualidad el naturalismo: se trata de una versión altamente sofisticada del cientismo heredado del Círculo de Viena, que excluye de raíz cualquier conocimiento distinto al que proporcionan el empirismo y la lógica. Esta tradición dominante es contrapesada por los relativismos de signo muy diferente aglutinados en torno a las diversas peculiaridades de género, etnia o religión.

En los márgenes de esta disputa nos situamos aquellos que, con una pretensión aparentemente más modesta, estamos empeñados en comprender un poco mejor los grandes problemas que aquejan a la humanidad en el momento presente. En este sentido yo me identifico cordialmente con todos aquellos que en la tradición pragmatista confían en la razón frente al relativismo y reconocen a la vez las limitaciones de la razón —su carácter falible— frente al cientismo dominante. Soy optimista y me gusta pensar que en el futuro este pragmatismo pluralista, falibilista y a la vez anti-relativista, suscitará la adhesión de muchos. El resurgimiento del pragmatismo —anunciado por Richard Bernstein hace quince años— me parece una creciente realidad.


El taller de la Filosofía
¿Cuál debe ser la actitud de los miembros de una escuela de Filosofía joven y hacia qué objetivos debería mirar a corto, mediano y largo plazo?

Para mí lo más importante es que los profesores estén empeñados en descubrir la verdad, en aprender lo que no saben, y para ello hace falta estudiar, leer mucho, crear una buena biblioteca y, sobre todo, hablar entre sí y con los estudiantes, aprender unos de otros. En el excelente trabajo de investigación doctoral sobre John Dewey en México, realizado por la profesora mexicana Ana Paola Romo, aprendí que en México, como en tantos otros lugares, la educación debe ser entendida como una poderosa herramienta de transformación social. Para conseguirlo, los profesores han de asumir su responsabilidad con genuino entusiasmo e impulsar en cada una de sus aulas el perfeccionamiento de la sociedad. Si esto es importante en cualquier escuela, ¡imagínense lo importante que es en una escuela de filosofía! En su caso, además, me parece particularmente importante superar por elevación cualquier recelo hacia los Estados Unidos y establecer programas de intercambio y colaboración con departamentos de filosofía al otro lado de la frontera, pues pueden ser extraordinariamente fecundos en ambas direcciones.

¿Qué función desempeña la creatividad en el trabajo del filósofo?

Para mí la creatividad tiene una importancia vital. Los filósofos no somos repetidores de rancias verdades para el adoctrinamiento social de los escolares. Nosotros nos dedicamos a pensar —que es lo único que nadie puede hacer por uno mismo— e intentamos invitar a nuestros estudiantes a pensar, haciéndoles participar de nuestra vida intelectual. Estoy convencido de que si logramos que nuestros estudiantes se lancen a pensar por su cuenta estamos ganando día a día, clase a clase, la batalla contra el mal. Déjeme que recuerde de nuevo a Arendt cuando se preguntaba si la actividad del pensamiento como tal no sería parte de las condiciones que hacen que los seres humanos se abstengan de hacer el mal. Estoy firmemente persuadido de que, junto al amor, lo que los seres humanos necesitamos son buenas razones. La búsqueda de esas buenas razones, la pretensión de que la razonabilidad —como diría Peirce— presida nuestras vidas es —me parece a mí— lo que hace tan maravillosamente creativa nuestra profesión filosófica.

Filosofía y tecnología
¿Podrá salvarse el proyecto Citizendium* del relativismo que presentan otros como Wikipedia?

Me parece que sí porque Citizendium está dirigido por Larry Sanger, un filósofo que sufrió mucho en Wikipedia precisamente por este tema. Puedo facilitar información de primera mano, porque tuve ocasión de asistir al nacimiento de Wikipedia, que era una hijuela del fallido proyecto Nupedia, una enciclopedia científica, en la que colaboré. El promotor de aquel proyecto, Jimbo Wales, obtenía la financiación de una empresa de pornografía de la que después se deshizo. Cuento esto porque personalmente le escribí intentándole hacer ver que una enciclopedia académica no podía estar relacionada con una empresa de pornografía y me contestó —conservo su mensaje— ¡que de algún sitio tenía que sacar el dinero!

¿Cuál debe ser la actitud del filósofo frente a la tecnología?

Positiva y prudente. Positiva para servirse de ella en todo lo que pueda facilitar nuestro trabajo filosófico para conectar con los demás, con los que trabajan en nuestro mismo campo, para tener acceso a toda la bibliografía relevante. Prudente para medir bien el tiempo que en ella invertimos. La tecnología es utilísima para ahorrarnos el tiempo que requieren las tareas más mecánicas y así podemos dedicar lo mejor de nuestro esfuerzo a los aspectos más creativos, como la escritura. Pienso también que la tecnología puede ayudarnos mucho en el trabajo docente, por ejemplo, animando a los estudiantes a crear blogs en los que publiquen sus escritos y mantengan discusiones filosóficas entre sí y con sus profesores.
La tecnología facilita la cooperación y la colaboración entre personas que comparten unos mismos intereses. Sin embargo, la tecnología por sí misma no genera una mejora en la calidad de la enseñanza. La verdadera mejora surge de la reflexión que las tecnologías suscitan en cada persona que las utiliza


Peirce
¿Por qué recomienda o promueve el estudio del trabajo de Charles S. Peirce?

Porque me parece que en el pensamiento de Charles S. Peirce (1839-1914) se encuentran algunas claves que permiten superar las limitaciones de la filosofía naturalista dominante, que antes mencionaba, conectando además con los mejores autores de la tradición filosófica occidental, en particular con Aristóteles, Tomás de Aquino y Kant. El pensamiento de Peirce ofrece sugerencias para abordar algunos de los problemas más persistentes de la filosofía contemporánea y, especialmente, puede ayudarnos a tomar de nuevo sobre nuestros hombros la responsabilidad filosófica de la que abdicó buena parte de la filosofía del siglo XX. Quienes tengan interés pueden asomarse a la web del Grupo de Estudios Peirceanos que contiene abundantísima información al respecto: http://www.unav.es/gep/


¿Cuáles son los puntos de encuentro y desencuentro entre las filosofías de Tomás de Aquino y Charles Sanders Peirce?

Muchos lectores de Peirce con conocimiento de Santo Tomás descubren enseguida una peculiar afinidad entre bastantes aspectos del pensamiento de ambos autores. Hay que tener presente que Peirce esta movido por un anti-cartesianismo, un anti-escepticismo y un realismo de cuño escotista que encuentra resonancias en el talante científico y falibilista de la mejor Escolástica. Para Peirce los maestros de la Escolástica eran los científicos del siglo XIII. En este punto quiero destacar el excelente trabajo desarrollado por el dominico mexicano prof. Mauricio Beuchot por estudiar e ilustrar los puntos de contacto entre Peirce y la Escolástica: un libro suyo que reúne muchos de sus estudios sobre esto está disponible en la red en http://www.unav.es/gep/EstudiosPeirceEscolastica.pdf


Vocación filosófica
¿Qué consejo da usted a los jóvenes que dudan en estudiar o dedicarse profesionalmente a la filosofía?

Que escriban, que abran un cuaderno o un blog y comiencen a pensar por su cuenta escribiendo. Que lean mucho. Que escuchen a los demás. Que descubran que hay mucho mal en el mundo y que se persuadan de que con su trabajo creativo pueden ayudar —un poco al menos— a algunas personas que tengan a su alrededor y así serán también ellos un poco mejores y un poco más felices. Que no sean atolondrados y que estudien: como dejó dicho Emerson, “la dispersión es el mal, la concentración el bien”. Que si siguen con dudas, o simplemente les apetece, me escriban: .(JavaScript must be enabled to view this email address)


Pamplona, 23 enero 2007


{bilbiografiap}

Iván Moreno

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