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La filosofía nace como resultado de una crisis en la reflexión sobre la naturaleza

Diálogo con el filósofo Víctor Gómez Pin: “La filosofía nace como resultado de una crisis en la reflexión sobre la naturaleza”

“No soy españolista. Pero tampoco estoy convencido de que la independencia de Cataluña sea el objetivo más urgente.”


Foto: Fuente externa/Víctor Gómez Pin y Andrés Merejo.

Víctor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Se vinculó en 1979 al proyecto de la Facultad de Filosofía de la Universidad del País Vasco, siendo el primer director del que llevaba la denominación “Filosofía”. En el marco de esta institución movió a la contratación de profesores de diversas procedencias logrando que se incorporaran al proyecto personas de muy diferentes intereses teóricos, como Pierre Aubenque, Jacques Derrida (que realizó durante todo un curso su primer seminario sobre “la Filosofía como institución”) o el filósofo y Medalla Fields de Matemáticas René Thom. En la fidelidad a lo que fue este proyecto teorético de facultad de Filosofía, Víctor Gómez Pin fundó  el International Ontology Congress/Congreso Internacional de Ontología, del cual es coordinador, y cuyas ediciones desde hace casi un cuarto de siglo se han venido realizado bajo el Patrocinio de la UNESCO con periodicidad bienal en San Sebastián y Barcelona.

Actualmente es Catedrático Emérito de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde en los últimos años ha impartido las asignaturas de Epistemología,  Filosofía y Matemáticas y Filosofía fundamental.

Ha sido Visiting Professor y conferenciante en diferentes universidades extranjeras, entre otras la Venice International University, la Universidad Federal de Rio de Janeiro, la ENS de París, o el Queen’s College de la CUNY.  Recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Ha obtenido también los premios Anagrama y Espasa de Ensayo. En abril de 2013 fue nombrado miembro de Jakiunde (Academia Vasca de Ciencias, Letras y Artes). Es Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

Autor de más de treinta libros, trabaja desde hace muchos años en una investigación que ahora finaliza y que se publicará  bajo el título de:  Tras la física: Nacimiento jónico y renacimiento cuántico de la filosofía.

El doctor Víctor Gómez Pin es considerado unos de los filósofos en vida más importantes de habla castellana de este siglo XXI. Ha obtenido varios premios por sus ensayos filosóficos, epistemológicos y científicos, así como varios reconocimientos internacionales en universidades europeas y latinoamericanas. Actualmente, el profesor e investigador Gómez Pin impartirá docencia en el Máster Filosofía en un Mundo Global conducente al doctorado “La globalización a examen: Retos y Respuestas interdisciplinares” de la Universidad del País Vasco, el que coordino en representación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).Es parte de los invitados especiales de dicha universidad extranjera en el VI Congreso internacional: “Derecho, Filosofía , Economía, Sociología , Psicología y Educación que se celebrará 7 al 10 de noviembre 2017, en la UASD.

Ha sido reconocido por su aporte a la Filosofía, en campo ontológico, ético y epistemológico, científico y literario. En el campo de esta última, se encuentran sus textos de reconocimiento internacional “Marcel Proust. El ocio y el mal”, y “La mirada de Proust, redención y palabras”. Dichos textos apuntan a una reflexión filosófica de la novela En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.

Diálogo

Andrés Merejo (A.M).: Como constructor de un mundo filosófico en el universo de la filosofía, nos puede explicar su definición y su importancia en el mundo del hoy, así como la relación que guarda con el mundo tecnológico, digital, de estos tiempos cibernéticos. En ese contexto ¿considera que la tecnología es un simple instrumento o es el fundamento filosófico de la epistemología, la filosofía de la tecno ciencia, el sujeto, el lenguaje y el poder?

Víctor Gómez Pin (V.G.P). : Vivimos rodeados de ordenadores, aparatos de telefonía móvil, reproductores de música digital, los llamados ipod,  paneles que aprovechan la energía solar, susceptibles de ser instalados en la propia casa. Desde que en los años setenta la fibra óptica empezó a sustituir a la transmisión eléctrica, las posibilidades de comunicación rápida entre los seres humanos han experimentado un progreso quizás mayor que en todos los siglos anteriores. Forman ya parte del lenguaje cotidiano términos como semiconductor, laser, amplificador, o foto-detector que para algunos hará evocar el viejo efecto foto-eléctrico,  el cual se halla de facto en su origen. Estas mismas personas están relativamente informadas sobre el hecho de que los efectos físicos que hacen posible ese complejo entramado técnico, que literalmente codifica y acota nuestras vidas, son un reflejo de que, a nivel microscópico,  la naturaleza responde a lo descubierto (en ocasiones con gran estupor) por los pioneros de la física cuántica, a priori muy alejada de la experiencia cotidiana de los hombres. La descripción del comportamiento de los electrones en el seno del átomo resulta que   hace inteligible algo como la fotosíntesis, de lo cual cabe inferir que esa disciplina, volcada en principio sobre la naturaleza elemental (pues se trata de Física y no de Biología),  abre una vía de acceso a la comprensión de la vida, e incluso, una vía de acceso a la comprensión del papel de la conciencia. Y este vínculo entre los objetos de la técnica y una disciplina, la mecánica cuántica,  que se halla en el origen de uno de los mayores retos que la filosofía natural haya podido encontrarse desde los tiempos de Newton, hace que la mirada interrogativa sobre los objetos que pueblan nuestro entorno físico y social acabe confluyendo en la interrogación filosófica de base, aquella que de manera nunca idéntica a sí misma se restaura una y otra vez, al menos desde Aristóteles.

La filosofía nace como resultado de una crisis en la reflexión sobre la naturaleza, la física (elemental pero profunda) de los pensadores jónicos, a los cuales Aristóteles llamaba oi physikoi porque se ocupaban de la physis, la naturaleza. El propio Aristóteles asigna al conocimiento de la naturaleza un carácter puramente teorético, no determinado por exigencias prácticas. La técnica es otra cosa, y aunque le ciencia puede ser instrumentalizada al servicio de la técnica, a priori no deben confundirse sus objetivos. Ciertamente una gran parte de la cacharrería de nuestro entorno, ordenadores, móviles etcétera, sólo ha podido alcanzarse por la reflexión de los físicos, pero esta era anterior. Por decirlo claramente, la teoría cuántica precede a sus aplicaciones e incluso sus experimentos claves (así el de Alain Aspect) tienen mayor importancia aun por sus aspectos teoréticos que por sus enormes consecuencias prácticas.

A.M.: Su trayectoria de vida en el plano de la filosofía pasa por Aristóteles y forma parte fundamental en tus reflexiones filosóficas. ¿Cómo recobrar el pensar de este filósofo en estos tiempos cibernéticos, su ética y su teoría del conocimiento?

(V.G.P). : Simplemente cabe decir que Aristóteles nos ayudó a pensar, además de ser la fuente que da testimonio de los pensadores que le precedieron. Todos nuestros modos de razonamiento, las categorías que utilizamos, aun sin darnos cuenta, están bañadas de aristotelismo. Suelo dar un ejemplo: si hoy podemos afirmar que las especies evolucionan es obviamente porque sabemos lo que es una especie. Pues bien: cabe decir que Aristóteles es quien determinó lo que es una especie, qué le separa del individuo y de algo como el género. Muchas son las razones por las que la UNESCO en 2016 invitó a celebrar el año Aristóteles.

A.M.: En estos tiempos, el sujeto cibernético vive conectado e hiperconectado al mundo cibernético y no puede prescindir de este, ¿qué papel ha de ejercer el filósofo?

(V.G.P): La filosofía tiene un lugar de nacimiento, una lengua y unas circunstancias determinadas, a saber la costa jónica y la lengua griega, pero es un potencial patrimonio de la entera humanidad, o sea se instaura y fertiliza allí dónde simplemente hay una lengua, cualquier lengua que la acoja, y un sujeto lingüístico que está dispuesto a responder a la esencia de su condición. Y cabe decir que cuando una nueva cultura la incorpora,  su práctica por cada persona perteneciente a la misma supone una actualización enriquecedora de sus capacidades innatas. “Todos los humanos, en razón de su naturaleza, lo que desean es simbolizar y conocer”, esta traducción libre del arranque de la Metafísica aristotélica tiende a poner de relieve que un humano que no fertiliza sus dotes específicas, que no fertiliza las facultades de simbolización y conocimiento que le singularizan en el seno de las especies animales, es por así decirlo, un ser humano que renuncia a su humanidad, es como el águila que renuncia a alzar el vuelo. Hace poco escribí al respecto lo siguiente:

“Que la filosofía, riqueza potencial de toda cultura y testimonio de la resistencia del espíritu humano, pase a ser riqueza en acto de una cultura dada, dependerá en gran parte de circunstancias sociales, económicas y políticas, pero en ocasiones la filosofía,  se asemeja a la flora parietaria, hiedra (indica Marcel Proust)  “a la que basta un rayo de luz para nacer”.

Casi es todo lo que al respecto tengo que decir.

A.M.: Parte de su vida la ha dedicado al estudio de las 4.000 páginas de “En busca del tiempo perdido”  de Marcel Proust. Sobre esta novela ha escritos dos obras. Desde una perspectiva filosófica y del lenguaje, ¿qué estrategia empleó usted para la articulación de su discurso filosófico a la literatura y qué influencia tiene dicha obra en relación con el tiempo reflexionado por el filósofo Bergson y qué otros filósofos podemos encontrar en dicha obra de Proust, así como sobre el concepto del tiempo de la física, como la ley de entropía? ¿Abarca esta obra una visión compleja del tiempo? Tema este que apasionaba al filósofo y poeta Octavio Paz, en cuanto tiempo del aquí y ahora, de lo cíclico y lo lineal. Algunas de estas reflexiones de Paz y de Proust sobre el tiempo, la vida, la memoria, los recuerdos, se encuentran en mi libro Conversaciones en el Lago. Narraciones filosóficas, que lo escribí en la década de los 90, cuando vivía en la ciudad de Nueva York y cuya obra fue publicada en 2005, luego de mi retorno a la República Dominicana.

(V.G.P).: Desde 1906, con treinta y seis años de edad, y hasta su muerte en 1922, Marcel Proust vive en situación psicológica de reclusión, dedicado a la redacción de lo que, tras varias remodelaciones, acabaría siendo   A la “Recherche du Temps Perdu”. Respecto a Marcel Proust yo formulo una sencilla pregunta: ¿Qué procura a este hombre la fuerza para entregarse con tal radicalidad a un proyecto que supone prácticamente el abandono de toda convención social? La respuesta es obvia: Marcel Proust tiene en mente un libro, un libro que ha de preparar sopesando sus fuerzas como se prepara una ofensiva militar, mas también un libro que ha de ser “soportado como una fatiga, aceptado como una regla, construido como una iglesia, seguido como un régimen, vencido como un obstáculo, conquistado como una amistad,  sobrealimentado como un niño, creado como un mundo”

Mi visión de Marcel Proust es la de un hombre que simplemente se puso al servicio de la palabra en lugar de servirse de ella (como desgraciadamente hacemos tantas veces). Y a través de la palabra redimió incluso los aspectos más sombríos de nuestra condición. En lo que se refiere al tema central de su obra, el tiempo, cabe decir que logró relativizar su peso en nuestras vidas,  explorando todos los recursos del lenguaje, transmutó de alguna manera el tiempo en metáfora. De ahí esos miles de páginas en las que se revela que la más noble función del destino humano es la de ser ocasión de que un gran narrador la asuma. Algo análogo nos dice Ismael, el Narrador de Moby Dick, cuando afirma que sólo sobrevivió para contarlo.

A.M.: Si podemos reflexionar sobre filosofía política y colocarnos en estos momentos por lo que atraviesa el pueblo de Cataluña en relación al proceso de separación o en busca de su independencia con el resto de España, ¿qué consideración le merece a usted tal proceso político, cultural y social? ¿Entraría España en un tiempo transido en cuanto fragmentación, Valencia, País, Vasco entre otras cultura –lengua?

Para una parte muy importante de la población catalana el independentismo no es tanto una cuestión de organización política, sino de sentimientos, los cuales podrían ser neutralizados por el entramado institucional jurídico y económico, pero nunca abolidos. El problema, sin duda, es que otra parte de los ciudadanos de Cataluña percibe ese sentimiento de catalanidad exclusiva como potencial amenaza frente a su propio sentimiento, complementario o simétrico, de ser españoles. Disparidad en el sentir que en su actual agudización febril se da a veces en el seno de un mismo individuo. En un artículo que he publicado recientemente en el diario El País denunciaba la dialéctica en la que a la suficiencia y el desprecio se respondía con despecho y resentimiento.  Y ello por parte de uno y otro bando. Veo que la cosa no ha hecho más que agravarse.

Todos podemos reconocernos en una patria (etimológicamente una raza o tribu marcada por una lengua, una cultura, y unas costumbres compartidas) pero ser patrioTA, es una cosa muy distinta. La ta final supone que uno se convierte en hacedor o constructor. Yo puedo encontrar una patria que me cae bien (por ejemplo me cae bien la comarca de Ronda en Andalucía y me caen muy bien las costumbres, la cultura y sobre todo la lengua del País Vasco, pero no tengo porque ser un hacedor de tales patrias.

El asunto desgraciadamente no está planteado entre gentes que aman a una u otra patria, sino entre patriotas, gente llamada a hacer patria, en general porque no tienen cosa más profunda que hacer, y no aman tanto un lugar o una cultura como la abstracta grandeza de ese lugar o cultura. Por decirlo sin ambages: yo tengo cariño a uno u otro lugar de España, y me siento identificado a ese lugar concreto, no estoy identificado con la unidad abstracta, menos aun con la unidad al precio del resentimiento, cuando no al precio del odio. Por eso, sintiéndome más o menos español (es decir identificado a la lengua española que es la primer que hablé aunque dé mis clases en Catalán y he intentado alguna vez hacerlo en Euskera, obviamente en el País Vasco y mi primer libro lo escribí en francés). No soy españolista. Pero tampoco estoy convencido de que la independencia de Cataluña sea el objetivo más urgente.


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Andrés Merejo

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