Antonio Caso y la metafísica de los valores

Antonio Caso, educado en un ambiente positivista, denso y azaroso, muy pronto descubrió que México, desposado con dicha doctrina, por Gabino Barreda, tenía como preocupación principal el orden y el progreso; que se lograría a través de la adquisición de grandes riquezas y dinero. Advirtió además, que el humanismo y la filosofía habían sido desterrados de los planes de estudio y de las aulas. Por otra parte, la doctrina de Bergson, con su evolución creadora, le hace notar que todo cambia, incluyendo en este cambio la misma materia.

Los positivistas afirmaban que la materia era inmutable; la nueva doctrina, sostiene que todo es perecedero. El progreso se da solamente en la vida, y ésta es la fuente de toda transformación. La libertad positivista se logra a través de ciertas normas y leyes. A partir de esta nueva época, la auténtica libertad no conoce ley alguna. La característica primordial era la creación sin límites; la libertad creadora.

El filósofo mexicano tomó la época sacudida, agrietada, convulsiva, llena de profundos abismos y de aspiraciones de justicia y trató de iniciar su labor de restaurador, atacando las doctrinas decadentes, y presentando las bases para una nueva creencia que dé sentido a todo su pensamiento.

Se trata ahora de un nuevo humanismo; su punto de partida, es una cosmovisión cristiana, se ocupó principalmente de la axiología y aunque conoció indirectamente las corrientes axiológicas de su época, estas enriquecieron su pensamiento, sin que por ello cambiaran sus convicciones.

La mayor preocupación de Antonio Caso, fueron los valores morales, y esto porque contempla con dolor el deterioro de la nación con deseos bestiales del hombre que finca su atención en el tener sobre el ser. El siglo XIX, merced a su industrialismo y positivismo sui géneris, vivió una tremenda transmutación de valores morales; cada individuo quiere más y más. Los pueblos, como los hombres, ansían tener más, la codicia de uno es la codicia de todos.

Afirma que el siglo es egoísta y perverso; pero, sin embargo, debemos amar a los hombres de nuestro siglo que parece, ya no saben amar; es decir, obran sólo por hambre y por codicia. De aquí surge la necesidad de crear nuevos valores, comenzando por amarnos; porque el amor, al fin, es más fácil que el odio; significa descanso, confianza y paz.

El Dr. Caso, en su obra “El problema de México” tiene la siguiente frase: “Hazte valer, México, Hazte valer”... En la escuela, en el taller, en la Iglesia, en el laboratorio, sustituyamos la pasión por la compasión; la antipatía tradicional, por la simpatía; la ofensa, con la indulgencia y el perdón; porque si no nos amamos; ¡Santo Dios! ¿“Quién nos amará”? Añade: “Afiancemos los vínculos de la nación que parece derrumbarse; organicemos nuestras conciencias nacionales hoy hechas añicos, átomos dispersos y enemigos, para que otros días contemplen los mexicanos más próximos unos a otros, en el plano realismo y misterioso del alma”. La catástrofe contemporánea se engendró cuando se llevó a cabo la transmutación de todos los valores, porque así lo afirmaban los devotos de la nueva moral; “Los valores se transmutan”.

En su plan de restaurador del país, se vio seducido por la calidad moral de la nueva filosofía; sintió la urgencia de limpiar la atmósfera de los rescoldos comtianos y spencerianos que la infectaban. Su labor fue una constante invitación a sustituir la frivolidad por la meditación seria y profunda… A semejanza de Sócrates, manifestaba su propósito de moralizar a la juventud, haciendo de ella una generación de ciudadanos puros e incorruptibles.

El Dr. Caso comprendió que el problema social de México era, sobre todo, de carácter moral. Esto es lo que constituye el núcleo de su pensamiento, de donde brota su preocupación por el tema.

En nuestro filósofo encontramos una íntima relación entre su doctrina y sus ideales. Enseña que el mundo moral nace esplendoroso en el momento en que se realiza un acto de sacrificio. Define la moral en términos ascéticos, como sacrificio y como caridad. Pero su moral, no es al estilo kantiano; por el contrario, enseña que debemos ser buenos por entusiasmo y por amor y no por respeto a la ley y al deber.

Como filósofo espiritualista exalta la caridad como virtud fundamental de todo cristiano; ella, dice, es el centro de la vida del hombre y el punto de partida para realizar los valores supremos. Afirma que esta virtud no es un hecho como la lucha, no sólo se demuestra, sino que se practica; forma parte de la vida del hombre; en cierta forma, es ya otra vida.

En “Problemas filosóficos”, observa que el hombre no siempre ha preferido los mismos valores; sin embargo, el maestro nos presenta una jerarquía de valores. En su obra “La existencia como economía, como desinterés y como caridad” declara que sobre el orden biológico, está el orden humano, está a su vez el desinterés artístico; la caridad, el heroísmo irreductibles a la vida, contrarias a ella. Agrega: así como el físico es impotente para engendrar de sí lo biológico, de la misma manera, éste es incapaz de engendrar lo moral.

El egoísmo, impide el altruismo; el bien, en su nuevo principio, se nos presenta como su valor y mueve a la voluntad a tender hacia él. La razón, subraya el filósofo, casi intuye al bien, y éste es como un nuevo instinto. El bien no se impone al bueno; por el contrario, éste es el bien. Añade que una vez conocido el bien, se pone en movimiento el apetito racional.

Según Caso, existen varios órdenes; el biológico, el egoísmo sistemático, que tiende a transformar en sustancia propia el alimento, la sustancia material. El vegetal, por su parte, se nutre del mineral; el animal, a su vez, del vegetal; el hombre, de todos ellos. Por tanto, unos como otros se niegan a sí mismos en el fracaso de toda individualidad viviente. En cambio, en el género humano hay desinterés, voluntad, caridad, deseos de ayudar al que sufre; desea evitarle el dolor y aún la misma muerte.

El orden físico es perecedero y transitorio; el orden biológico es contingente; lleva consigo la destrucción. todo ello es mudable; en cambio, el bien, que quizás es la metafísica de la esperanza, cuando ya no tenga individuos que redimir y cese su fin terreno, persistirá otro nuevo orden, no como ánimo de renuncia, sino como vida espiritual, pura, libre y única. El bien, sobreviene a la existencia, pero ésta de alguna manera causa el bien.

Cabe agregar que el maestro Caso, en su preocupación por la axiología moral, afirma que esta corriente tiende a conjugar todos los bienes de la vida para realizar la naturaleza humana y de esta manera, ocupa aquí un papel importante la ética… Puesto que la axiología supone como valores más elevados la bondad y la santidad, le ética insiste en la autonomía de la acción, que sólo alcanza el que ha sabido elegir libremente los valores supremos. Subraya, que el mayor placer del hombre, mil veces repetido, vale menos como placer, que las pequeñas satisfacciones que brotan del acaso sendero trabajoso del justo.

Agrega el filósofo, que en el hombre coexisten la vida moral y la vida biológica; pero tampoco ésta implica causación de la vida moral, porque ésta subsiste después de la muerte, no ya como vida moral, sino como algo diverso, y como el bien es lo contrario del mal, puede seguir existiendo pero en su prístina pureza; sin esfuerzo, sin heroísmo, sin tensión, sino como triunfo que se ha logrado como felicidad y como afirmación.

Hoy coexisten los tres órdenes: el biológico, el físico y el moral; pero los tres han de abolirse. Son también motivo de interés en el filósofo mexicano, los valores económicos, pero los coloca en la escala inferior sobre los demás valores. Subraya que éstos son muy diversos a los valores estéticos, morales y religiosos.

Afirma que el valor económico es instrumental, porque no lleva su fin en si. Con Durkheim, agrega que estos valores quedan reducidos a las fluctuaciones de la opinión. Además por ser de carácter meramente instrumental, éstos deben subordinarse a los valores ideales de la humanidad. El valor económico, nunca satisface los deseos humanos.

En cuanto a los valores especulativos, se debe considerar que el hombre no es puramente un sujeto de conocimiento. Por otra parte, la vida, en si, no debe considerarse como valor supremo, porque ésta sólo es valiosa cuando es santa, noble, superior. El hombre no sólo debe seleccionar los valores, sino que debe esforzarse por encarnarlos en su ser debidamente jerarquizados, porque solamente así podrá realizarse.

En cuanto a las acciones o actos humanos, señala, que el hombre encontrará en éstas cierto placer; ya sea cuando crea una obra de arte, o sus acciones son santas. Pero añade que el placer, como tal, es vacío por lo que, según él, debemos preferir aquel tipo de placer que proviene de la práctica de la virtud y de lo santo.

Con los filósofos alemanes, estudia los valores dentro de la cultura y de la ética, dejando subsumida ésta dentro de la axiología. Subraya que las ciencias, como tales, tienen un valor relativo; son sistemas fundados en proposiciones abstractas, fórmulas cómodas de acuerdo a los fenómenos que analizan y representan la parte primaria del esfuerzo cognoscente, nunca la totalidad del mismo.

Los valores estéticos ocupan también un lugar en el pensamiento del filósofo mexicano, pero, desde una perspectiva metafísica. Agrega que éstos son estéticos si se refieren al gozo desinteresado; de aquí que la belleza, como tal, es un valor estético… La belleza ocupa un lugar intermedio entre la vida y el bien y la coloca en el plano del desinterés.

El desinterés al que se refiere Caso, consiste en hacer abstracción de todo lo que le rodea, que no sea la belleza misma. Por eso el contemplativo se mantiene en una pasmosa actividad interna que le eleva a un extraordinario estado de quietud. Subraya que el desinterés se refiere no a la contemplación de lo bello, sino a todo lo que sea objeto de la misma contemplación, porque lo demás le es indiferente.

Cuando se busca el placer estético, se busca no por la fruición que causa, sino que se engendra la fruición precisamente en el raro instante de no buscar más allá que aquello que se contempla. Tal goce estético nos causa dicha…

Añade que para muchos, al lado de lo estético está el juego; pero el juego como placer, que deja de ser, en cierta forma, pura contemplación. En el mundo de lo real todo es, en cierta forma, egoísmo, expansión, superación, acaparamiento y capitalización de lo adquirido… En cambio, en el mundo moral, todo es dádiva, entrega, sacrificio.

En el campo de lo vital, la existencia es subyugada, oprimida, sometida; en cambio, en el mundo del amor, el hombre se da, ama y se entrega libremente. Entre estos dos mundos está la belleza; en una esfera intermedia, entre el egoísmo vital y el altruismo heroico, el bien y el mal.

Subraya que junto a la belleza está lo grácil, es decir, aquello que lo hace bello, porque existen seres que de su yo exhiben ya el valor de su hermosura, pero carecen de gracia. Al lado de éstos, que sin ser bellos y sin estar dotados de perfección y armonía en sus formas, están tocados con el don misterioso de la gracia; porque ésta es independiente de lo bello. Por otra parte, existen valores y contravalores que son expresados estéticamente. Con respecto a sentimientos y esencia de lo sublime afirma que son tres los momentos que se dan dentro de lo estético: la contemplación, la belleza en cuanto tal y la gracia como algo accidental, que también es motivo de contemplación, y por último, el sentimiento y esencia de los diferentes valores estéticos como una vivencia de pequeñez y abnegación que nos domina.

Tal parece que en esa abnegación se integra el placer de sentirse capaz de elevarse hasta el objeto mismo del sentimiento. Esta síntesis que humilla y exalta a la vez, es el cortejo psíquico, la resonancia o fruición que provocan las obras de arte sublime. Afirma el filósofo que “Algo que sea gracioso, identificado, jamás dará de si la hermosura misma, por perfecto que fuera, no producirá el sentimiento sublime”.

Al maestro Caso sobre todos los valores enunciados le llaman profundamente la atención los valores eternos. Para él la cultura es el fruto constante de la personalidad. La esencia de su pensamiento se halla en la valoración de todo tipo y las implicaciones metafísicas de la total personalidad, socio-personal del hombre. Esto es lo que orienta hacia los valores eternos; lo que le guía hacia la libertad y lo que le revela a Dios. De acuerdo a lo anterior, afirma: “El tiempo es duración y sucesión. La eternidad, duración sin sucesión”. En el filósofo mexicano notamos una preocupación desmedida por los valores eternos, que son los que subsisten después de todo. La caridad vivida intensamente, puede alcanzar estos valores; pero añade que al lado de esta virtud está la fe, que nos demuestra por la ley natural de la vida, que el mundo se rige a su vez por la ley sobrenatural del amor. La fe debe demostrarse en obras porque de lo contrario es una fe muerta. Y así como el cuerpo sin el espíritu carece de vida, de la misma manera, la fe sin las obras es muerta.

La fe, para Caso, va cogida de la mano con la caridad, por que “la fe existe unida a la caridad, así como la luz es imposible sin el sol”. Ya en su obra “La Existencia, como economía, como desinterés y como caridad”, hace eco a las palabras de San Pablo. “Y si tuviese el don de profecía y entendimiento, todos los misterios y toda la ciencia, y si tuviese la fe de manera que pudiese traspasar las montañas, y no tuviese caridad, nada soy”. “La fe es la mayor evidencia, la mayor experiencia del bien”.

A la fe y a la caridad añade la esperanza como la más grande sabiduría socrática; la más filosófica y amable de todas las virtudes.

Con gran optimismo en las acciones humanas, subraya que el que espera, sabrá que hoy, mañana y siempre, los hombres se sacrificarán para evitar el dolor de sus semejantes; sabe que siempre habrá buenas acciones; que se volcarán los espíritus fuera de si mismos; que todo valor moral se conservará indeficientemente en la tabla de diamante de Dios. Añade que los valores eternos tienen como fin no el referirse al sujeto como tal, capaz de encarnar valores, sino a su relación con el principio de su ser.

Vistas las cosas así, los valores eternos, en su grado máximo de condensación y concentración, tocan ya directamente a Dios, fundamento último de todos los valores. Por esta razón subraya que la práctica de las virtudes teologales es fundamental: porque los valores eternos, desde el punto de vista subjetivo, se realizan en una actitud, respeto, sumisión y de confianza hacia Dios.

De acuerdo a lo anterior, parece que el filósofo mexicano identifica su actitud filosófica y moral con los valores sobrenaturales. De aquí surgen las siguientes interrogantes:

- ¿Existe alguna diferencia entre valores morales y valores sobrenaturales? ...

- ¿Cuál es el objeto de los valores morales? ...

- ¿Qué se proponen alcanzar los valores sobrenaturales?... 

- ¿Alcanza el hombre con su propio esfuerzo los valores sobrenaturales, por medio de los valores morales, como lo trata el filósofo?...

Con el fin de aclarar la cuestión podríamos afirmar que los valores morales son hábitos de la pm1e apetitiva, y su objeto es el bien apetecible… lo propio y exclusivo del valor moral es perfeccionar la parte apetitiva del alma en orden a una materia determinada; y la medida y regla del movimiento a los objetos apetecibles es la razón misma. En este aspecto enseña el Angélico Doctor, que en materia moral, es evidente que la razón tiene la misión de imperar y mover, en tanto que la facultad apetitiva es imperada y movida. Pero el apetito no recibe la acción de la razón, ya que éste no es racional por esencia, sino por participación.

De igual manera, las virtudes morales o valores morales, como las llama Caso, son hábitos que perfeccionan las facultades humanas para obrar el bien. En este caso, el apetito es principio del acto humano en cuanto que de algún modo participa de la razón; de esta manera, los hábitos morales tienen carácter de virtud humana, en tanto que se conforman con la razón. Esta que conoce el bien, tiende hacia él y mueve a la voluntad a ejecutarlo, aunque ésta no siempre obedece fácilmente. Sin embargo, enseña Aristóteles, que la virtud moral es un “hábito operativo, para hacer lo mejor en los placeres y en las tristezas “...

Los valores morales residen en la parte sensitiva del hombre; tienen como fin su propia perfección, se conquistan a través del ejercicio duradero y constante. Se diferencian de los valores sobrenaturales; fe, esperanza y caridad como los llama el filósofo en sus diferentes obras, en que éstos, los sobrenaturales están por encima de los demás hábitos y virtudes del hombre en cuanto participa de la Gracia Divina. Por tanto el objeto de los valores morales es el bien apetecible, como ya se dijo anteriormente, como es la verdad con respecto a la razón.

Los valores sobrenaturales tienen por objeto a Dios, último fin y conocido sobrenaturalmente, en cambio las virtudes morales tratan de alcanzar algo puramente humano y conocido por la humana razón.

Los valores sobrenaturales, se proponen llegar directamente a Dios en si mismo y por estos valores es conocido sobrenatural mente. La fe, la esperanza y la caridad, son dones gratuitos de Dios, virtudes infusas que nos inclinan siempre al bien y su objeto es Dios mismo.

Estos valores sobrenaturales, posen el privilegio de tender exclusivamente a Dios como su objeto inmediato. Por tanto, existe una radical diferencia entre los valores morales y los sobrenaturales, Antonio Caso los identifica. Sin embargo, un valor moral, puede ser sobrenatural, si se ejecuta por amor y por un fin plenamente sobrenatural; tal vez en ese sentido, intentó Caso, expresar su idea.

Es verdad que la caridad será el único valor sobrenatural, porque la caridad es amor a Dios y amor al prójimo por Dios, si ejecutamos actos sobrenaturales, sí podemos alcanzar a Dios como Valor Eterno en la vida bienaventurada.

Por último, los valores sobrenaturales no los podrá alcanzar el hombre a través de su propio esfuerzo, como lo pretende Antonio Caso, porque estos valores son dones gratuitos de Dios, infundidos en el alma por medio del bautismo, los cuales nos hacen partícipes de la Gracia y tienen por objeto inmediato a Dios como fin último y Valor Supremo.

Lo producido por los actos sobrenaturales, es efecto de la facultad humana, de acuerdo con sus propias fuerzas. Con el ejercicio de las virtudes morales, ejecutadas con un fin sobrenatural, éstas nos elevan a un nivel superior, por lo que somos capaces de merecer. Entonces sí “se realiza el hombre, a medida que se perfecciona “, como lo afirma el maestro Caso, pues se perfecciona no con miras a si mismo, sino para alcanzar a Dios que es el Bien. No busca aquí el hombre su propio bien y en este caso sí estamos de acuerdo con el autor.

Metafísica y valores

Antonio Caso, al fin hombre de su tiempo, le dolía profundamente la obra demoledora del positivismo en México. Así pues, fueron objeto de meditación y de inquietante conquista casi todos los problemas de la metafísica.

Como filósofo problemático quiso colocar al ser sobre el tener, que en su época se había perdido. La restauración de los estudios metafísicos en la Escuela Nacional Preparatoria y en la Escuela de Altos Estudios, revelan su preocupación por el ser.

Con Husserl y Bergson, encuentra la posibilidad de la metafísica, mediante el estudio de la auténtica teoría del ser. Con Maine de Birán, reconoce que el ser no sólo se le revela como esencia, sino también como existencia, es decir, como ser en acto.

En una evocación a Aristóteles agrega: “El ser se nos revela como actividad, como causa de la acción”.

En Caso, debemos reconocer su inapreciable mérito por haber logrado recuperar la metafísica en México. Con la influencia alemana comprendió que la filosofía abarca dos grandes regiones que son la Axiología y la Ontología. Sin embargo, no está de acuerdo con la postura de los axiólogos cuando se afirma que los valores son principios absolutos e irreductibles que valen y no son.

Nuestro filósofo integra el ser en el valor; afirma que los valores siempre absolutos son relaciones del Ser Supremo con los seres humanos. Es decir, los valores se conjugan en el ser. “Los valores son valores del ser o no son absolutamente nada”.

En Principios de Estética, subraya que “el valor es siempre una relación entre el objeto valioso, el espíritu que lo estima y la vida histórica a que se refiere forzosamente; porque los bienes de la cultura son siempre históricos” y agrega que dicha relación es incompleta si falta el elemento trascendente.

El filósofo mexicano con gran acierto, coloca al ser en torno al valor; en el ser radican todos los valores, esta es la fuente de donde dimana… cabe señalar que para él la axiología no tiene sentido si se separa de su fundamento que es el ser.

Por otra parte, siguiendo a Aristóteles, subraya que el único sentido asequible a la axiología es “la realidad del hombre”, El fin último, “ha de consistir en la síntesis armoniosa de los verdaderos valores eternos”.

Con el afán de esclarecer su postura, el maestro distingue con precisión lo que es el ser contingente y el Ser Infinito y Eterno, afirmando que el primero es perecedero y carece de consistencia propia, porque su fundamento y condición de posibilidad es el Ser Infinito; pues sólo él tiene realidad. En cambio Dios, Ser eterno, “es el reino de los fines y centro de los valores”.

Al exaltar, al tener menospreciando al ser, fruto de la civilización contemporánea, se propone la tarea de orientar esta postura ... comienza afirmando que el hombre de su época debe aprender a entrar en si mismo para descubrir los valores; éstos se dan en la persona quien los polariza.

Los valores estéticos, los morales y los religiosos, se muestran a la conciencia que los disfruta como posibilidades irreductibles y permanente de fruición.

Los valores relativos, tienen un límite; pero la investigación metafísica, afirma Caso, nos lleva a descubrir la esencia de todo valor y de esta manera, resulta entonces, una relación más completa entre la cosa que exhibe el valor, la mente que lo capta, la cultura histórica a que se refiere y la comunicación de la persona humana con otras personas y aún con Dios mismo que también es Persona.

En su obra “el acto ideatorio”, subraya que los valores no pueden existir aisladamente. “Y así el que quiera ser bueno sin sabe/; es como el que se empeña en ser sabio sin amar”. Lo bello se integra en lo verdadero”; “lo verdadero se integra en lo santo”. “Los valores tienden a la totalidad; se incorporan a la persona y ahí se dan “. “Los valores económicos, políticos, jurídicos, científicos, artísticos y religiosos, se sintetizan en la persona humana”.

Añade, el maestro que: “la belleza, como la riqueza, no siempre afirmaron su esencia, reflejándose en la vida civil como se refleja ahora; así como la forma artística contemporánea es diferente a la de la época del renacimiento”.

La unidad de la propia belleza es lo que constituye una perene relación que une a los hombres entre si y aun con Dios. Por otra parte, la relación que existe en las personas cuando contemplan la belleza y tratan de comprenderla para darle un nombre correcto, de la misma manera, la naturaleza con su prístina hermosura, enriquecida con un amor sublime, anima al alma a amar las cosas grandes y la impulsa hacia lo trascendente.

Con el fin de ampliar la idea, agrega que los museos y reliquias históricas, que algunas veces carecen de un valor intrínseco, son signos valiosísimos de las relaciones humanas; dentro de las referencias constantes de la persona con la Persona Divina. Por tanto, señala el autor, es allí donde se fundamenta “la metafísica de los valores”, en esas sutiles y realísimas relaciones que forman, como dijo Pascal: “las razones del corazón que la razón ignora”.

Es así, como el filósofo integra el ser con el valor, obedeciendo a la revelación de Dios en el íntimo y constante comercio de los seres humanos entre si. Continúa afirmando que “la Persona Divina, absolutamente autónoma, es una hipótesis necesaria para entender la axiología de la existencia. Los valores, siempre absolutos son relaciones del Ser Supremo con la persona humana. El personalismo religioso, ético y estético, es la única hipótesis metafísica, que puede esclarecer el misterio del valor”.

Para Caso, la axiología y la ontología sintetizan el esfuerzo filosófico. En la ontología se investigan las esencias; la axiología se ocupa de los valores. “La realidad no sólo es esencial y existencial, es también valiosa”.

Al integrar al ser con el valor, eleva su estudio a un nivel metafísico, estudia una de las propiedades del ser que es el valor. Por esta razón, es imposible para el filósofo aceptar algo que tenga valor sin ser.

“Los valores valen y son”... es el ser que contiene todos los valores, raíz y fundamento de todos ellos; por lo que es imposible separarlos de su tronco.

Con toda justicia podemos afirmar que el filósofo mexicano es un amante del SER que, cargado de riqueza, nos muestra todos los valores que debemos conocer y encarnar en nuestra persona a través del propio esfuerzo y meditación constante.

Para concluir con el estudio de la metafísica de los valores en el Dr. Antonio Caso, quiero subrayar que el filósofo problemático mantuvo firme y constante su búsqueda de la verdad que nunca alcanzó por completo. Lo podemos considerar como punto de partida de la renovación filosófica y metafísica en México.

Como filósofo problemático, es lo que tiene de metafísico. La ciencia del ser fue el apoyo que le permitió dar las espaldas al positivismo. Sus primeros pasos en esta doctrina, es la experiencia, de la que no se vuelve a ocupar en sus años posteriores.

Caso no fue un pensador sistemático, ni pudo serIo; la patria le reclamaba una misión. Sus tareas no le permitieron seguir ningún sistema. Creyó encontrar más belleza en tomar los problemas concretamente hasta agotarlos que ceñirse a arquitecturas filosóficas.

Como buen ecléctico tuvo la osadía de tomar lo mejor de cada doctrina para enriquecer su propio pensamiento. Sus convicciones fueron siempre muy claras y precisas, conocía muy bien sus objetivos.

De igual manera, en su apasionada búsqueda de la verdad peregrinó por todas las corrientes filosóficas, su preocupación principal se centró en torno a los valores, al ser y a la persona humana.

De una manera indirecta, porque no lo explicita en sus obras, estableció su propia jerarquía de valores; empieza por los valores materiales, los económicos, los estéticos, los morales, los sobrenaturales y los eternos. El estudio de los valores eternos le guían hacia la libertad, tema de profunda preocupación dentro de su pensamiento.

No obstante la época que alcanzó el maestro, su doctrina ofrece cierta originalidad, a pesar de encontrarse dispersa en todas sus obras. Sus tres ideas centrales fueron: la vida, la intuición y la acción. “La vida es valiosa, si la enriquecemos con la caridad”... “la intuición es el único camino que nos permite descubrir al ser concreto y real”... “en el mundo estamos para obrar”. La existencia cargada de buenas obras, es lo que vale en este mundo y será lo que permitirá trascender a una vida mejor…

A Caso no le interesó la teoría ni tampoco predicar la moral. Su pasión fue la verdad.

Campeón y apóstol de la realización de la vida, es decir de la existencia como caridad, se entrega con amor en brazos de la filosofía. Su visión del mundo y de la vida que desde sus años de juventud profesó el filósofo, fue el móvil que lo animó a tan ardua tarea.

Predicó la verdad como única tabla de salvación del mexicano… desde un principio se pronunció por el estudio de los valores y en especial de los valores morales. Los valores apuntó Caso se dan en la persona humana. Creyó que el espíritu del hombre era más importante que los hechos científicos de las doctrinas de su siglo.

Líder del espiritualismo su labor constante y tesonera fue una invitación insistente a sustituir la frivolidad por la meditación seria y profunda. El maestro Caso vivió en un momento histórico en que para evadirse de una realidad problemática se acoge al mundo de la metafísica y de los valores. La búsqueda de la verdad, fue el inicio de su filosofía y el término de su vida filosófica.

Clotilde Montoya Juárez

Realizó estudios de: Profesora de Educación; Primaria; Licenciatura en Pedagogía; Licenciatura y Maestría en Filosofía en la Universidad Iberoamericana. Realizó cursos de: Inglés, Didáctica General, Capacitación para Directores de Instituciones con estudios incorporados.

Tiene diplomados en: Actualización Laboral “La Nueva Ley del Trabajo”, sus pros y sus contras; Docencia Universitaria; Actualización Didáctica; Liderazgo de Excelencia; Excelencia de Alta Dirección, y Excelencia Directiva para lograr la Productividad.

Ha asistido a congresos sobre: La Administración Educativa del Siglo XXI; La Administración Docente en la década de los “90”; Los valores en la escuela, respuesta al México de hoy; El reto de la calidad en la educación superior con bajos recursos; La excelencia académica en la educación superior; Formación del estudiante universitario frente al trabajo del libre comercio; La importancia del avance tecnológico en la formación del estudiante universitario; La investigación del estudiante universitario como reto del siglo XXI; A Blueprint for leadership: How women college and university Presidents can shape the future.

Es miembro de: la Asociación Mexicana de Instituciones de Educación superior de Inspiración Cristiana; de la Federación de Instituciones Particulares de Educación Superior; de la International Asociation of University Presidents; de la American Council of Education; de la Sociedad Mexicana de Filosofía.

Ha impartido cursos de: Paidología, Organización Escolar y de Inglés en la Escuela Normal Simón Bolívar; Historia de las Doctrinas Filosóficas y Estética Filosófica en la Preparatoria del Colegio Simón Bolívar.

Ha recibido los reconocimientos: de la S.E.C. por la dedicación, amor y entrega a la niñez y la juventud; de la S.E.C. como testimonio de admiración por la amplia y fructífera labor educativa; de la UN.A.M. en 1991 por veinticuatro mlos de servicio dentro de instituciones con estudios incorporados a la U.N.A.M.; de la UN.A.M. en
1997 por treinta años de labor docente dentro de instituciones con estudios incorporados.

Ha desempeñado los siguientes puestos: Directora Técnica de la Escuela Primaria Simón Bolívar; Directora Técnica de la Escuela Secundaria Colegio Simón Bolívar; Subdirectora de la Escuela Secundaria Nocturna Cultural para señoritas; Directora de la Escuela Normal Simón Bolívar; Fundadora de la Preparatoria Simón Bolívar; Fundadora y Rectora de la Universidad Simón Bolívar.

Notas:

Fuente: Revista de la Sociedad Mexicana de Filosofía.  Núm. 2

MEXICO.

Hay 5 comentarios

June 08, 2011 - 10:32 AM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

me parecio muy buena informacion, yo soy estudiante de sexto semetre de preparatoria y todo lo que esta integrado en este texto me ha servido bastante para entender sus ideas y claro tambien para realizar mi ensayo para un trabajo final de filosofia. jeje. en fin espero algun dia poder describir el trabajo de personas iliustres de forma parecida a la autora. saludos.


August 23, 2011 - 3:01 PM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

Cabe destacar que Antonio Caso es un gran filosofo y por el la filosofia ha ido mejorando.


August 23, 2011 - 3:05 PM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

Gracias a un magnifico filosofo como Antonio Caso la filosofia se ha ido haciendo cada vez mas interesante y divertida. =)


April 23, 2012 - 5:15 PM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

muy buena la imformacion que nos da Antonio Caso he aprendido muchos cosas que no sabia… espero que siga publicando datos tan importantes como este!


August 19, 2012 - 10:46 AM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

es importante saber q son los valores ponerlos en practica para al convivir con la sociedad alla buena convivencia.


September 26, 2016 - 2:30 PM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

Muy buena revisión del pensamiento de Antonio Caso, es seca, adusta y eficaz; como una tesis de revisión es exacta; por otro lado hablando de Antonio Caso, parece increìble en que el siglo XX aun siga regodeándose en conceptos propios de los escolásticos y de anteriores; hablar de metafísica y s estudio ontólógico, ya Kant, Schopenhauer y Hegel habían aclarado estos puntos a finales del siglo XVIII, quizas sea por eso que Antonio Caso no haya significado avance o fundado un pensamiento filosófico propio o que identifique a nuestra nación : México


September 28, 2017 - 6:55 PM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

Ya habrá surgido alguna corriente Neo-Antonio Caso? que cuestione, no solo la corriente pos modernista, sino que también un positivismo en el que se privilegia el valor tener (corrupción en todos los rincones sociales, que parece que es normal ser corrupto) sobre la escala del valor ser: Antonio Caso es el nombre de mi ex-prepa 6 donde recibí gran influencia de la lógica de Aristóteles y de la ética de Spinoza, que siguen orientando mi rumbo como persona humana en esta tierra, pero también pensando en futuro de la eternidad, Gracias a Clotilde Montoya por este panorama filosófico de Antonio Caso:


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