Las raíces ontológicas de la acción social. Parte 1 de 2

Esta conferencia estará dividida en cinco partes necesarias para entender el tema de la atingencia ontológica o la metafísica de la Acción Social:

1. Los principios universales y fundamentales de la metafísica.
2. Elementos antropológicos.
3. Principios éticos.
4. La Acción Social ética especial.
5. La justicia, la solidaridad (amistad), la subsidiaridad y Bien Común pilares de la Acción Social.

I.LOS PRINCIPIOS UNIVERSALES Y FUNDAMENTALES DE LA METAFÍSICA.
Alberto Saccheri, en su libro, “La Sed Metafísica”, desde el sugestivo título de su obra, hace referencia al apetito que acompaña al ser humano, como ya bien lo manifestaba el mismo Aristóteles, cuando aludía en su Filosofía Primera al deseo natural que todo hombre tiene por saber. En efecto, todos somos capaces de engañar y de ser engañados, pero nadie en sus cinco sentidos desea ser engañado.
Al respecto, el filósofo español Don Rafael Gambra, nos recuerda que el niño expresa este deseo por saber, a través de sus innumerables preguntas, analogía reflejada en el excelente libro de Antoine de Saint Exuperry, El Principito, el niño que no se calla hasta que su pregunta sea respondida. Cuando el niño pregunta ¿por qué? ¿Para qué? Se está planteando, ni más ni menos, que la pregunta de las preguntas, se interroga por la causa de las causas, la final, por lo cual:
“… como no nacemos en estado adulto sino que en la vida se va formando nuestra inteligencia, al mismo tiempo nos vamos acostumbrando a las cosas hasta verlas como lo más natural e indigno de cualquier explicación. A los primeros e insistentes ¿por qué? de nuestra niñez responden nuestros padres como pueden, y el inmenso prestigio que poseen para nosotros de una parte, y la oscura convicción que tiene el niño de no estar en condiciones de llegar a entenderlo todo, de otra, nos hacen aceptar fácilmente una visión del Universo que, en la mayor parte de los casos, será definitiva e inconmovible”. [1]
La causa final, está al principio y al final de toda acción, razón por la cual, se le conoce como ordenadora. Desde esta perspectiva, la causa final refleja el espíritu inquisitivo del hombre, como una epifanía del filósofo que subyace en su interior. Filósofo cultivado, si a cada pregunta pueril, el adulto sabe responder con seriedad, o bien, como dice Gambra, ahogamos con nuestra superficialidad e indiferencia a ese filósofo innato.
La buena educación, no puede ser de otro modo es filosófica, o, simplemente no lo es. La filosofía es a la educación como la caballerosidad, Oscar Wilde diría que el estudio sin caballerosidad se vuelve contra uno mismo.
Reflexionar sobre los principios metafísicos de la acción social es cuestionarnos sobre ¿qué es?, ¿de qué está hecha?, ¿de dónde proviene? y ¿por qué? o ¿para qué es?. Estas son las cuatro causas fundamentales de todo filosofar, si me planteo las cuatro preguntas esenciales por la acción social, estoy ante un discurso metafísico o filosófico, no práctico, sino teorético, previo a toda acción, necesario y esencial para conocer sobre el tipo de ser de la acción social, recordando a Etienne Gilson[2] o a Josep Pieper [3], cuando teorizo estoy fuera de la acción social, sin embargo, permanezco en la filosofía, transitando por los caminos difíciles y amargos de la metafísica, como bien lo contempla Santo Tomás de Aquino.

Ahora, debemos preguntarnos ¿qué es la ontología?, para responder a esta interrogante, es necesario clarificar bien los términos y darle a las cosas su justo lugar. Se designa como ontología a la parte de la metafísica que estudia el ser en cuanto ser, es decir, no observado como ser físico, ser vivo, ser numérico, ser moral o ético, psicológico, antropológico, etc., sino como, ser, visto y estudiado de manera universal y real, por tanto, las conclusiones de la ontología se adhieren a todo lo que posea ser , de tal forma que, los principios ontológicos o metafísicos son la base de todo otro modo de saber, esto es, toda ciencia o actividad humana, tiene en sus raíces una base metafísica u ontológica. Por ser la metafísica la ciencia más universal, es el cimiento, el fundamento del gran edificio de los saberes filosóficos, empíricos, exactos, humanísticos, morales y técnicos. No es contingente decir que si quitamos ese cimiento a los saberes, el edificio se viene abajo, provocando confusión, caos, desorden y finalmente anarquía.
Es por la metafísica, que encontramos la explicación última a las cuestiones más trascendentes y preocupantes del hombre, sobre el fin de lo que es, su origen, su relación con entidades ubicadas más allá del ámbito de las realidades captadas por los sentidos como lo son el bien y lo bueno, la verdad y lo verdadero, la belleza y lo bello. Por la metafísica, la inteligencia humana es capaz de conocer los principios universales sobre los cuales descansa el pensar y actuar del hombre.
Así, el político hablara del bien o de la justicia porque son los dos valores que constituyen la razón de ser de la actividad política, sin embargo, ésta supone una sana y correcta concepción de lo que es el bien y lo bueno, de lo que es la justicia y lo justo, porque a la vez supone una previa reflexión de carácter metafísica que ha profundizado en el ser de la bondad y de la justicia. Es decir, no puede haber política sin metafísica. ¿Qué es la verdad?, no corresponde a las diferentes ciencias reflexionar sobre esta pregunta (no obstante tener como fin la verdad particular de cada una de ellas), ésta subyace en la indagación metafísica u ontológica.
Saber sobre la esencia de la verdad, del bien, de la justicia, es propiedad del campo de la metafísica. Pensemos en lo inconstante de las ciencias empíricas, que muchas veces después de una observación más estricta y posiblemente con una tecnología mejor desarrollada, el que cultiva dichas ciencias se ve obligado a cambiar su sistema.
La metafísica indaga en lo permanente, en lo mediato, en aquello que a simple vista no se observa, pero que es lo que más necesitamos saber, la metafísica es, por tanto, “la ciencia del ser en cuanto ser”. [4]
De aquí, que si queremos conocer sobre el ser de la Acción Social, será condicionante, a través, de una seria y profunda razón teorética que sólo la metafísica nos puede proporcionar, y así, poder arribar al conocimiento de los principios ontológicos que sustentan o están como raíces de la Acción Social.
Por otro lado, plantearse un problema filosófico incluye una pregunta profunda, la cual implica una inteligencia y una voluntad libres. Preguntar “¿qué significa filosofar?”, está marcado por su amplio contenido antropológico como bien lo expone Josep Pieper. [5]

Considero necesario hacer una breve referencia al tema de las visiones reduccionistas que pretenden dar una respuesta a los problemas contemporáneos partiendo de posturas nihilistas y agnósticas sin trascendencia axiológica metafísica, absolutizando lo humano, aceptando el debilitamiento de los valores universales y tratando de dar una respuesta desde una perspectiva pragmática y, en cierto punto, con una gran dosis de egoísmo al eliminar lo común, en pos de un proyecto individual que le permita al hombre ser pleno de manera inmanente.

Giovanni Real[6], entre otros, como Franco Volpi, han puesto al descubierto las consecuencias metafísicas que se suscitan de la concepción nihilista, llevado éste a la práctica en la educación, la moral, la economía, las instituciones políticas y, finalmente, cuando la persona rige su vida por los fundamentos débiles e inestables de esta postura todo se vuelca en un remolino de confusión y de falta de sentido y significado de las cosas, confundiendo los ámbitos de la realidad, o bien, reduciéndolos a un solo aspecto, reduccionismo nihilista[7] que, por lo común, se basa en el materialismo, utilitarismo y pragmatismo.
Con respecto al agnosticismo, se podría decir que es una derivación del nihilismo, y se presenta como una postura que no adquiere ningún compromiso, soslaya toda trascendencia, dejando la ignorancia y en el mejor de los casos la duda, como fundamento de la concepción gnoseológica.
El agnóstico[8], al no adquirir compromisos, se vuelve indiferente, derivando en indolente ante los valores más nobles del espíritu, y, en general, respecto a todo lo que se pueda catalogar con un carácter axiológico.
Rafael Corazón González, describe varios elementos que caracterizan al agnosticismo, o mejor, dicho, al modo de vida, a la actitud agnóstica: voluntarismo, nominalismo, la finitud, carencia de fundamentos metafísicos, historicismo, relativismo, tolerancia como la principal virtud y con una connotación totalmente nueva, no hay verdad, ésta es resultado del consenso o dialógica, las relaciones sociales basadas en el sentimentalismo, nihilismo y amoralidad y como ultima característica su agresividad. [9]
Con el fin de no extender más esta breve introducción a lo que en primera instancia nos proponemos en esta ponencia, reflexionar de manera metafísica acerca de la Acción Social y disertar en torno a sus principios ontológicos, pasaremos ahora a despejar el panorama antropológico.

II. ELEMENTOS ANTROPOLÓGICOS.
En filosofía, las preguntas son inevitables, mejor dicho, son parte esencial de su orden. Por tanto, es necesario que nos esbocemos la siguiente pregunta ¿Qué es el hombre?
Sería imposible sostener cualquier cosa con respecto al hombre si no partimos de una concepción del mismo, no se puede dejar a la deriva, bajo el pretexto y justificación de un relativismo agnóstico y nihilista que, sólo nos dejaría en un mar de confusiones, sin ninguna otra posibilidad que la de negar la existencia de una naturaleza humana. Así, todas nuestras preguntas serían vanas, no habría respuesta alguna sobre el problema del ser humano y todo lo que éste conlleva: ¿Qué es? ¿Qué lo conforma? ¿De dónde proviene? ¿A dónde va? ¿Por qué está en este mundo?
Si logramos dar una respuesta sana a todas ellas, estaremos en condiciones de acercarnos con mayor decisión al tema de la acción social, pues, esta última, no existiría, sin la participación del hombre, que vive y se desarrolla en sociedad, que ocupa necesariamente de la organización comunitaria para superarse y sobrevivir en medio de todas las dificultades diarias a las que se enfrentaría el hombre solitario y abandonado, aislado de sus semejantes, sin más actividad que la de su propio egoísmo.
Dice la frase penetrante de los Pensamientos de Pascal: “El hombre no es más que una caña, la más débil de la naturaleza; pero es una caña pensante. No hace falta que el Universo entero se arme para aplastarlo: un vapor, una gota de agua basta para matarlo, pero aun cuando el Universo le aplastara, el hombre sería aún superior aun a lo que le mata, porque sabe que muere y por qué muere y el Universo no sabe nada de esto”.
Este ser dotado por su Creador de inteligencia, de voluntad y de libertad, por esto mismo semejante a Él, es el único ser sobre la tierra, capaz de organizarse en sociedad elaborando normas individuales y comunitarias que le permitan convivir en orden y armonía, sujeto a un desarrollo pleno y honesto. De tal forma, que la respuesta que demos a la pregunta sobre ¿qué es el hombre? Será crucial y trascendente en cuanto a su destino y, por ende, en cuanto a su felicidad.
Ser hombre, es ser un animal racional, con un destino más allá de los confines del universo material, sujeto a las necesidades físicas y corporales como el de nutrirse, vestirse y cobijarse bajo un techo digno, pero también con necesidades de carácter espiritual como el de ser amado desde su misma concepción, el de la educación armónica de su ser que le permita conocer su naturaleza, los medios y fines adecuados a ésta que lo encaminen a su felicidad desde el seno de la familia y de comunidad política o social.
El hombre, por ser una creatura racional es persona, con propiedades específicas morales, teóricas, creativas, religiosas, etc.
Ahora, nos surgen otras preguntas derivadas de esta reflexión antropológica ¿Qué es la persona humana? ¿Dónde radica su dignidad?
Por su carácter de creatura, el hombre es indigente, es un vagabundo que dejado sólo a sus fuerzas es incapaz de sobrevivir, desde niño fue necesaria la intervención de los padres y de los adultos para cuidarnos y atendernos en todo: alimento, aseo, vestido, techo, atenciones afectivas, etc. De viejos, se vuelve a empezar por donde se inicio, ahora es necesaria la intervención de los hijos y de los demás para: alimentarnos, asearnos, vestirnos, proporcionarnos un techo, darnos atenciones afectivas[10], etc. Romano Guardini, es de los pocos que ha ahondado en este tema, haciendo una metafísica de la vida humana en sus distintas etapas: “…la persona, siempre la misma, y los cambios que se producen en su presentación más inmediata”. [11] Por tal motivo, me permito poner literalmente el texto de Guardini, en la siguiente síntesis de su disertación:
“La vida en el vientre materno y el nacimiento, la niñez.
  La crisis de la pubertad, la juventud.
  La crisis de la experiencia, la mayoría de edad.
  La crisis de los límites, la madurez.
  La crisis del final, la vejez.
  La crisis del desvalimiento, la ancianidad.
  La muerte.
Cada fase de la vida tiene consistencia en sí misma y, a la vez forma parte de un conjunto; su propio centro de sentido, y a la vez, una función dentro de la figura global; un comienzo y un final, aunque su aportación pasa a engrosar el todo”.
“Así, en el joven se oculta la niñez vivida bien o mal; en el hombre maduro, el impulso de la juventud; en el viejo, la plenitud de rendimientos y experiencias del mayor de edad; y en el anciano lo acumulado a lo largo de toda la vida. Siempre transformado en la figura del momento”. [12]
Y, bien ¿Qué es la persona humana? ¿De dónde le viene su dignidad?
Hemos visto que, el hombre, a causa de su indigencia, está sujeto a necesidades materiales, motivo por el cual, está en relación con los demás semejantes o próximos, la ropa que visto, los botones de la camisa, las agujetas de los zapatos y éstos mismos, el papel que he utilizado para escribir esta charla, el vehículo que me transporta, los alimentos que he consumido para el desayuno de esta mañana, etc., no los he fabricado yo, ha habido otras personas que se han ocupado de ello, si me enfermo tendré necesidad del médico, si tengo problemas jurídicos tendré necesidad del abogado, también tengo necesidad del carpintero, del albañil, del arquitecto, del ingeniero, del zapatero, del fontanero, del panadero, del pescador, del agricultor, del maestro, del servidor público, etc. Qué sería de mí si tuviese que producir yo todo aquello de lo que carezco y de lo que tengo una necesidad inmediata, cuánto tiempo me llevaría si acaso fuese posible tal capacidad productiva y de acción conjugado en una sola persona. Es obvio que necesito de los demás y para eso, como veremos, será necesario que mis relaciones individuales y comunitarias estén reguladas bajo principios éticos-morales rectos, honestos, honrados, justos, prudentes, etc.
Al igual que el animal, el hombre tiene la capacidad de sentir, sin embargo, se eleva sobre la irracionalidad, más allá de lo meramente instintivo y como bien expone Millán Puelles, no sólo somos capaces de alimentarnos como el resto de los animales, sino que alcanzamos a entender el deber del alimento, personal, familiar político-social, por lo que, sufragar la necesidad corporal rebasa el ámbito de la mera satisfacción para convertirse en un deber, una obligación, un derecho.
En el hombre ciertas necesidades físicas, a causa de su libertad, son también necesidades morales.
Son personas los seres dotados de libertad, ésta no es posible sin una capacidad intelectual que nos permita entender, llamada entendimiento. Éste, permite la capacidad de pensar deliberadamente, es decir, con libertad.
Antonio Millán Puelles nos recuerda que:
“Por tener un cuerpo necesitamos cosas materiales, por tener entendimiento necesitamos otros bienes: ciencia, arte, religión, estas son las necesidades supremas del hombre, las más importantes, aunque las materiales sean las más urgentes. Y todas son deberes para el hombre.” [13]
De tal forma, que todo deber tiene la característica de ser espiritual, la diferencia es que unos se refieren a necesidades de índole material y otros son de naturaleza espiritual. Necesidades corporales y espirituales de las que nacen derechos a satisfacerlas.
El hombre es persona a causa de su racionalidad por poseer inteligencia, voluntad y libertad. Es un rango del que carecen los animales irracionales. Y por esta prestancia o superioridad del ser humano, es lo que se llama “dignidad” de la persona humana.
Para Millán Puelles, esta dignidad descansa sobre los siguientes argumentos:
1. Comportarse rectamente, obrar con seriedad y pundonor, y no se puede atribuir a todas las personas.
2. Superioridad o importancia que corresponde a un ser, independiente de su comportamiento. Superior a un ser irracional.
Un hombre deshonesto y uno honesto, ambos mantienen la superioridad de personas con respecto al resto de los seres vivos, sin embargo, visto desde el comportamiento moral, el honesto conserva una superioridad sobre el deshonesto, el primero es mejor por su actuar voluntario, consciente y libre. El honesto, por el buen uso que ha hecho de sus actos humanos le ha permitido conservar su dignidad como persona, aunado a su rango antropológico. [14]

Esta percepción de considerar al hombre como un ser dotado de dignidad tanto en la dimensión corpórea como en la dimensión espiritual, ha sido contemplada desde la antigüedad dándole en cada época diferentes matices, pero siempre descubriendo en el hombre un ente distinto al resto de los seres que componen el universo.
Demócrito de Abdera, en algunos de sus pequeños pero bellos y profundos fragmentos dice al respecto:

“El hombre es un mundo (cosmos, universo) en miniatura (Mikro kosmos)”. [15]

“Quien acoge los bienes del alma escoge algo más divino; quien escoge los de su morada corporal escoge lo humano” [16]
Santo Tomás de Aquino en varias de sus obras comenta: “El hombre se llama mundo menor en cuanto se da en él una semejanza del mundo mayor”. [17]

“Se llama (al hombre) mundo menor porque en él se encuentra la forma del régimen universal…”[18]

En otro tratado agrega:

“El hombre, que es el más perfecto de los animales, es llamado por algunos mundo menor”: [19]

El hombre es persona debido a su ámbito somático y a su esfera espiritual, ambas dimensiones conjugadas en un solo ser y en las cuales el ser humano debe alcanzar la perfección de la substancia completa en ese desarrollo armónico exigido por su naturaleza para lograr satisfacer sus carencias corporales y psíquicas. Es en este sentido que la acción social adquiere su razón de ser en el plano humano y comunitario del hombre. [20]

La persona humana está constituida de una dignidad tal, que es necesario traspasar el nivel antropológico y remontarse a las alturas de la teología, para entenderla en su plenitud y real trascendencia y poder así entender también la magnitud de la acción social. La dignidad humana abarca a todo el ser humano, sin embargo, el ser humano obra al conducirse individual y socialmente (políticamente), por tanto, su dignidad debe extenderse al nivel de su actuar consciente, voluntario y libre. El hombre, es imagen y está llamado a ser semejanza de Aquel que le ha dado su ser, por esto comenta Armando Díaz:

“El hombre en su dignidad más que un Mikrokosmos es un Mikrotheos, un pequeño Dios por participación, un reflejo viviente del Ser trascendental. Si como Mikrokosmos condensa y resume todo el universo, como Mikrotheos refleja a Dios. Esta es la dignidad superior del hombre, ya que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios…La imagen en el hombre es por el ser, por poseer un alma espiritual, y la semejanza dice orden al quehacer, a la divinización. La diferencia del hombre con las cosas inferiores a él consiste en que él es imagen y semejanza de Dios[21], en cambio las cosas solamente huellas o vestigios”. [22]
Por este motivo, el hombre busca su felicidad en dos dimensiones con una sola dirección, por un lado busca la justicia social en el plano terrenal y por otro pretende alcanzar la trascendencia, a través del desarrollo eficiente de las virtudes, es decir, de las obras buenas o de la acción honesta, justa, prudente, etc., que le permitan alcanzar un modo de ser feliz según su naturaleza, según la triple dignidad de la persona humana.

Para Julián Marías [23], el hombre puede renunciar a todo, menos a ser feliz. Sin duda, la aseveración es correcta, sin embargo, cabría la pregunta ¿y cómo se puede ser feliz? El problema se presenta ahora con mayor preocupación, los sistemas agnósticos y nihilistas, han presentado al hombre una serie de respuestas inmanentes donde no tiene cabida ninguna concepción que trascienda el ámbito de lo útil y de lo pragmático. Hoy se muestra al hombre que puede ser feliz con sus propias fuerzas, por medio de la generación de instrumentos tecnológicos que le pueden facilitar la vida, pero en la realidad nos damos cuenta que entre más sofisticada es una tecnología mayor insatisfacción brinda al ser humano, como por ejemplo, la robótica genera desempleo, margina a los de escasos recursos porque no pueden acceder a estas herramientas tan avanzadas. Apenas se ha dado a conocer un nuevo aparato de telecomunicación o telefonía y la ansiedad envuelve a los usuarios con la finalidad de hacerse de uno de ellos.

Si se me permite decir algunas cosas sobre el hombre como persona ya sea mujer o varón [24], los dos por sus capacidades naturales son inteligentes y libres. Todas las personas humanas son o varones o mujeres, lo cual implica un modo de ser, de actuar: “…la condición de varón o mujer pertenece tanto a la biología como al espíritu, a la cultura y a la vida social, y que <

>”.[25]

Hoy, en medio de la rebeldía relativista proveniente de las posturas decadentes como el nihilismo y el agnosticismo, se ha originado una lucha de clases entre el varón y la mujer, de tal forma, que al primero se le feminiza y a la segunda se le masculiniza, por tanto: “La grave crisis de nuestra sociedad es querer igualar a la mujer en aquello que se diferencia del hombre y en querer diferenciarla en aquello que posee igualdad. Son iguales en cuanto son creaturas de Dios, personas y están creados a imagen y semejanza de Dios. Son iguales por tener el mismo origen –dar gloria a Dios-…poseen también la misma moral, no la basada en caprichos ni esquemas relativistas…Pero ambos son distintos, con una distinción no de oposición sino de complemento. El complemento está en aquello que dice la escritura: “no es bueno que el hombre esté solo”, por lo tanto es conveniente una ayuda semejante”. [26]

III. PRINCIPIOS ÉTICOS. 
Una vez expuestos los principios metafísicos y antropológicos pasaré a identificar los principios éticos que subyacen en la acción social.
La acción del hombre debe corresponder a la recta razón, esto es, cuando juzga y decide conforme a las exigencias del fin intrínseco y extrínseco de la vida.
Es necesario distinguir entre los distintos tipos de acciones que subyacen en el quehacer humano: por un lado la acción inmanente intrínseca al hombre y por el otro la acción transeúnte dirigida al producir humano, es extrínseca y deja huella en algo acabado: un poema, un puente, una partitura, etc.
La acción ética es parte de la primera, de carácter intrínseco, de la cual dependen las costumbres morales que permanecen en el fuero interno del hombre, éstas acciones no se materializan como el amar, el odiar, etc., se desarrollan en el ámbito de lo moral donde los actos pueden ser calificados como buenos y malos, requiere de los medios excelentes para realizarse conocidos como virtudes, de lo contrario, la degradación se lleva a cabo a través de los vicios. Las virtudes como medios efectivos o eficientes y los vicios como defectos o deficiencias.
El ámbito de lo moral o de lo ético descansa sobre el fin de la felicidad y sobre el siguiente axioma: “operabitur sequitur essere”, (“…el obrar sigue al ser”), un actuar que supone lo perfectible de la naturaleza humana, y donde la educación adquiere su importancia para orientar del mejor modo el obrar humano hacia la consecución de su felicidad de acuerdo a su ser, es por esto que la operación se perfecciona conforme se vive. “El cometido específico de la ética es el estudio de una dimensión particular dentro de la realidad humana: la referida a la actividad libre, o sea, la de la conducta “responsable” y, por ende, “imputable”. Responsabilidad e imputabilidad son conceptos íntimamente conexos; la primera es una característica propia del obrar humano, la segunda una calificación de las acciones humanas consecuencia de la anterior”. [27]
La ética [28] estudia y enseña las normas generales, conforme a las cuales el hombre debe dirigir sus acciones, para que sean moralmente buenas, agradables a Dios y ordenadas al fin (en contraposición a las acciones moralmente malas, desagradables a Dios y opuestas al último fin).
La ética es una ciencia normativa y, si bien el término mos, moris es la traducción de Cicerón del vocablo de origen griego ethos “Tanto en uno como en otro caso se expresa un modo connatural de obrar, “o sea por costumbre” o “por hábito””. [29]
La ética, requiere de elementos metafísicos, antropológicos y teológicos: ¿Qué es el bien? ¿Qué es el mal? ¿Quién es el hombre? ¿Cuál es el fin del hombre? ¿Qué es la persona?
Domingo Basso expresa: “La ética en cuanto ciencia, se subordina a la antropología filosófica y científica…o la teológica en el siguiente sentido: ninguna ciencia prueba sus propios principios o su propio punto de partida, lo supone demostrado o expuesto por una ciencia anterior…Una valoración de la conducta humana y de su deber-ser, objetivo propio de la ética, se encuentra por esta razón estrechamente vinculada con el concepto de hombre que se haya afirmado con anterioridad y, consecuentemente, con la definición de estructura metafísica y la interpretación de las características psicológicas de su actividad. Muy diversos resultarán los parámetros morales derivados de una antropología espiritualista y los resultantes de otra crudamente materialista, si ésta llegara a admitir algunos, cosa bastante improbable. No es difícil comprender por qué un cambio pone en juego la misma existencia de la moralidad”. [30]
Encontramos en la ética, la normatividad, no sólo, en el plano de lo individual o monástico, también se halla una ética de carácter comunitario, la cual consiste en dar normas morales para la vida y acción sociales del hombre.
La ética social, que no es sociología, la primera es normativa, la segunda es descriptiva de la sociedad y es una ciencia positiva y experimental. No obstante ser la ética una sola, se distinguen las siguientes secciones o modos de éticas especiales: Ética familiar; Ética económica; Ética política; Ética profesional; Ética de la propiedad; Bioética.
La ética social se distingue por tratar problemas y cuestiones que implican a toda la comunidad como: el pauperismo, desempleo, el desarrollo de las distintas profesiones, especialmente las denominadas liberales, emigrantes, política y reformas sociales, etc. De tal forma, que la ética social se fundamenta en los principios universales de “hacer el bien y evitar el mal” (“fac bonum vita malum”), “haz al otro el bien que quieres para ti” y “evita al otro el mal que no quieres para ti”.
“La ética social, como parte de la ética general, recibe de la ciencia moral aquellos principios primeros y normas supremas que se refieren principalmente a la acción moral del hombre. Por ejemplo el hombre tiene la obligación de buscar el bien y evitar el mal; para que alguien pueda responder de su acción, ésta debe ser buena en todos sus aspectos, por su objeto, su fin y sus circunstancias; los bienes espirituales son superiores a los materiales…”[31] En efecto, para San Agustín, los bienes materiales son de índole particular, sólo puede gozarlos su poseedor, en cambio los bienes espirituales son universales y pueden ser poseídos y gozados por varios al mismo tiempo como Dios, la verdad, etc.
Es necesario encontrar en la ética social los aportes a las normas y principios morales que sirvan de base para solucionar los distintos problemas afrontados y que requieren una solución social, como la dignidad de la persona humana, el derecho a una vida humanamente digna. Por tal motivo, se requiere considerar la crisis social en su plenitud, sin reservas, con el fin de fundamentar los deberes sociales con eficiencia. Es por esto, que se debe distinguir con Welty, la Política social de la Reforma social. La primera como conjunto de aspiraciones, esfuerzos y medidas públicas y estatales que, dentro de un orden social tienden a subsanar en lo posible sus males, sin querer discutir o cambiar el estado general existente, y la segunda como el conjunto de aspiraciones, esfuerzos y medidas públicas estatales, que tienden a instaurar un nuevo orden social, por considerar el existente como injusto o inadecuado a la época (jurídico: aborto, homosexualismo, eutanasia, tabaco, drogas, etc.).
Toda la esfera de la cultura, toda actividad humana, toda estructura social tiene su fin propio, que corresponde a su propio modo de ser:
La economía: remediar las necesidades; la ciencia: investigación de la verdad; la familia: engendrar y procrear hijos, amarse y ayudarse mutuamente; las asociaciones deportivas: cultivar el deporte; la medicina: curación de los enfermos y heridos; la arquitectura: construcción de edificios adecuados, de vías de comunicación, etc., la minería: extracción de la plata y otros minerales, etc.
Por naturaleza, el hombre es social como han sostenido dos de los más grandes representantes del pensamiento occidental Aristóteles y Santo Tomás. Se interpreta que por su naturaleza el hombre está orientado hacia la sociedad, por ende tiene obligaciones y deberes además de derechos derivados de su misma naturaleza. Por lo cual dice Welty: “…el hombre no es enemigo de sus semejantes (Hobbes, Rousseau), ni un <

> (O. Spengler), ni un ser autónomo y autárquico (que se basta a sí mismo), ni un <

>, sino un ser puesto dentro de la sociedad, existente en medio de ella…”[32]
El hombre, no sólo nace en el seno de la sociedad, sino que se educa dentro de ella y, como ya lo hemos expresado, necesita de ésta tanto en lo material, como en el orden intelectual y moral. [33]
Resumiremos lo hasta aquí expuesto con respecto al hombre, la persona humana, la mujer y el varón, y su vida comunitaria o sociabilidad con las siguientes palabras de Isidro Gomá: “El hombre se asocia a la mujer, y ello por una exigencia natural, porque cada sexo busca en el otro el complemento necesario para la procreación de la vida humana y para el mutuo servicio y auxilio. Los padres se asocian a los hijos, por exigencia de la misma naturaleza, porque los hijos no pueden llegar a la plenitud de la vida física y moral sin el auxilio de los padres. Y padres e hijos buscan naturalmente el auxilio ajeno e incorporan a su vida cotidiana y común a personas extrañas, la servidumbre, a fin de que llene los oficios para los que no se bastan aquéllos. El conjunto de estas sociedades forma la sociedad doméstica, así llamada de domus, la casa, porque todos los que componen la familia viven alrededor del mismo hogar y bajo el mismo techo. Por esto casa en el lenguaje español, como en el de todo el mundo, equivale a familia”. [34]
La familia, no obstante y ser una institución completa, no es perfecta, el hombre alcanza su plenitud social en el plano de la comunidad política. Si en la familia se afirma la máxima de Aristóteles de que el hombre es un animal social (zoon politikon), en la comunidad política esto se reafirma, es decir, en la ciudad (Civitas para los latinos y, Polis para los griegos); unión de familias, en busca de un bien común, la Ciudad es, por tanto, al igual que la familia, una vida en común: “La ciudad, en el sentido político que damos a esta palabra, es una exigencia de la misma naturaleza. No le basta la familia del hombre, porque en ella no puede lograr todos sus fines. Dios impuso al hombre la ley de la conquista de la naturaleza: Dominad, someted…y las familias no podrían por separado adueñarse de los tesoros de verdad, de energía, riqueza, que el mundo atesora. Es preciso que se junten familias y mancomunen sus esfuerzos para estas difíciles conquistas”. [35]
Por lo que: los hombres por su naturaleza están inclinados, capacitados y obligados a vivir en sociedad: “El hombre sólo puede alcanzar la perfección que le es propia y adecuada, si afirma la sociedad, si vive en y para la sociedad. Hay virtudes sociales que solamente se pueden ejercitar en el seno de aquélla, y que, por otra parte, son indispensables para la vida moral del hombre (siendo también el fundamento de la acción social): veracidad, obediencia, fidelidad, justicia, amor al prójimo. El hombre sin la sociedad no puede cumplir convenientemente su deber supremo de conocer y de amar a Dios”. [36]
De hecho, Dios ha dotado a la naturaleza humana con capacidades específicas que lo ajustan para la convivencia humana: deseo de compañerismo, abnegación, lenguaje como instrumento de comunicación, diversidad de sexos (varón y mujer) y su atracción mutua, esto hace que Welty concluya que, el calificativo de asocial, sea altamente peyorativo para el hombre: “La persona servicial se gana el espontáneo respeto de todos, mientras la insensible es despreciada; una palabra de simpatía y sincero interés basta para infundir alivio y consuelo al afligido; la postura de Caín: <

<¿soy acaso el guardián de mi hermano?>>

, es considerada por todos nosotros como una brutalidad sin igual”. [37]
De lo expuesto, se colige la definición de sociedad: “La sociedad es la unidad de orden entre los hombres ligados por su origen y por la unidad del fin hacia el cual tienden”. [38] En términos de Pío XI en su encíclica Quadragesimo Anno, en la que trata sobre el orden social, este se expresaría con esta definición: “El orden, como egregiamente dice el Doctor Angélico, es la unidad resultante de la conveniente disposición de muchas cosas; por esto el verdadero y genuino orden[39] social requiere que los diversos miembros de la sociedad se junten en uno con algún vínculo firme”. [40]
Pío XII en sus Mensajes Navideños reafirma lo dicho por su antecesor: “Toda convivencia social, digna de tal nombre, así como tiene su origen en la voluntad de paz, así tiende a la paz; a aquella <

>, en la que Santo Tomás reconoce la esencia de la paz. Dos elementos primordiales rigen, por consiguiente, la vida social: convivencia en el orden, convivencia en la tranquilidad”. [41]
La sociedad se debe caracterizar por estas palabras de San Agustín: “…el pueblo es una congregación de muchas personas, unidas entre sí con la comunión y conformidad de los objetos que ama, sin duda para averiguar que hay un pueblo será menester considerar las cosas que ama y necesita.  Pero sea lo que fuere, lo que ama, si es congregación compuesta de muchos no bestias, sino criaturas racionales, y unidas entre sí con la comunión y concordia de las cosas que ama, sin inconveniente alguno se llamará pueblo, y tanto mejor cuanto la concordia fuese en cosas mejores, y tanto peor cuanto en peores”. [42]
El orden social es realizado por los hombres y tiene carácter moral; no excluye, sino que, por el contrario, incluye el ser y el obrar independientes de la persona.
La comunidad, en cuanto tal, es incapaz de obrar; sin embargo, se habla de acciones de la comunidad, en cuanto que obran sus miembros o en nombre o a favor suyo.

IV.LA ACCIÓN SOCIAL PARTE DE LA ÉTICA ESPECIAL.
Con el fin de evitar un reduccionismo activista, considero importante ubicar a la acción social, en el contexto del trabajo, el tipo de actividad a la cual pertenece. Seguiré en esta parte la exposición de Don Alberto Caturelli, el cual, discierne sobre la metafísica del trabajo, a Don Antonio Millán Puelles, quien diserta sobre la función social de los saberes liberales, y me basaré en la obra del también filósofo contemporáneo de origen alemán Josep Pieper que hace una excelente exposición sobre las artes serviles y los saberes liberales.
La primera distinción, parte de la consideración de que el único ser que trabaja es el hombre: “…solamente el hombre conoce la significación de las significaciones (que es lo que permite el trabajo)…solamente el hombre conoce el fin, elige, pone los medios, actúa en consecuencia y construye la obra. De donde se infiere que, propiamente el animal no trabaja debido a la incapacidad del animal para la “concepción abstracta. Lo que realmente pasa con algunos animales superiores es que son sometidos (por amaestramiento) a efectuar ciertos esfuerzos y acciones en servicio del hombre: son “hechos trabajar” por el hombre. Dicho de otro modo, ciertos, animales desde los orígenes de la humanidad (buey, caballo, perro, halcón, mula, etcétera) se constituyen en instrumentos del trabajo humano; ciertos irracionales vienen a ocupar el carácter de medios en el actuar mismo del finis operationis o acto del trabajo en orden a la producción del efecto u obra que es el fin del acto. Luego ningún ente anterior al hombre es capaz de trabajar en sentido propio”. [43]
Diferenciando entre la actividad del animal y la del hombre, la de este último como trabajo, debemos decir que su actividad descansa sobre su misma entidad, sobre su capacidad intelectual de conocer las causas, los fines y, sobre su capacidad de querer y amar estos fines. Por tanto, su acción se desenvuelve en torno a su naturaleza contemplativa en la que descansa su verdadera felicidad, como ya lo decía Aristóteles “…estamos en el negocio con el fin de tener ocio”. [44] De esta manera, todas las actividades de la ciudad estarán dirigidas a facilitar a los miembros de la sociedad todos los medios posibles y necesarios para que pueda desarrollar sus máximas capacidades humanas de la mejor manera.
Caturelli distingue entre los distintos modos como puede darse la actividad transeúnte del hombre: trabajo, labor (referida al campo al cultivo de la tierra), tarea (como la que realiza un oficinista o un servidor público orientado a la utilidad común), juego (un descanso, una pausa en el trabajo con miras al relajamiento) y actividad intelectual o contemplación (un tipo de conocimiento perfecto, la simple visión de una realidad que es fundamento previo a todo saber argumentativo, los medievales distinguieron muy bien esta misma facultad del hombre que por un lado intuye de manera natural y le llamaron intellectus, y por otro, la ratio capacidad para razonar y demostrar que el hombre posee por propiedad), [45] ¿en cuál de todas ellas podemos ubicar a la acción social? Evidentemente Alberto Caturelli, no se refiere a la acción social, su cometido es identificar el tipo de ser del trabajo,  nosotros a través de su obra tratamos de contextualizar a la actividad social en alguno de los apartados expuestos por el autor.
Para Caturelli, “El trabajo es la acción transeúnte ejercida por el hombre (causa agente) por medio de la cual produce una obra (efecto)”. [46]
Sin duda, y por lo que se ha afirmado, con respecto al trabajo la única causa de éste es el hombre, sin embargo, el efecto de su acción no siempre será el mismo, para el carpintero, el zapatero, será un producto material, para el arquitecto, un diseño, un proyecto, una planeación, para el intelectual la enseñanza, para el político una acción que beneficie a la sociedad entera, y así, nos acercamos al tipo de efecto de la acción social que estaría comprendida entre la actividad del intelectual y la del político: “«Pues así -dice Santo Tomás- como es más perfecto iluminar que lucir sólo, del mismo modo es más perfecto trasmitir lo contemplado, que sólo contemplar [... ]. Por consiguiente, el grado más alto en las religiones (órdenes religiosas) lo tienen las que se ordenan a la enseñanza y la predicación [...]. El segundo grado corresponde a las que se ordenan a la contemplación. Y el tercero es el de las que se ocupan en acciones externas» María, sin duda, eligió la mejor parte. Pero la parte es inferior al todo, e imitar a Cristo es aún mejor que imitar a María. Por otra parte, la enseñanza implica la plenitud de la contemplación. De ahí que Santo Tomás, volviendo en otra ocasión sobre las ideas del texto que acabamos de ver, diga que «aunque absolutamente hablando la vida contemplativa es superior a la activa que se ocupa en actos corporales, sin embargo la vida activa por la que alguien predicando y enseñando trasmite a otro lo contemplado es más perfecta que la vida meramente contemplativa: porque aquella presupone la abundancia de la contemplación, y de ahí el que Cristo la eligiera»” [48]

Por su parte, Josep Pieper, argumentara a favor de todo esto cuando ahonda en el tema de las artes serviles y los saberes liberales: “…cobra nuevo aspecto la distinción entre artes liberales y artes serviles. En la orientación de <

> como dice Santo Tomás, vieron efectivamente los antiguos y la Edad Media la esencia de las artes serviles. Ser proletario sería, pues, la limitación de la existencia y del obrar al ámbito de las artes serviles…la <> sería: la ampliación de la existencia humana más allá del ámbito del trabajo meramente útil, servil, la limitación de los dominios de las <> a favor de las <>…la verdadera <>…presupone que se reconozca plenitud de sentido a la distinción entre artes liberales y artes serviles; es decir, entre la actividad utilitarista, por un lado, que no tiene sentido en sí misma, y por otro, <

>, de las que no puede disponerse para fines utilitarios”.[48]

De lo dicho se desprende, que no se debe identificar actividad social con activismo y tampoco con productividad. Los dos reduccionismos, muy propios de nuestra época se vuelcan sobre una actividad desmedida que forzosamente debe terminar en un producto con fines de mercado, contrariando la máxima aristotélica de estar en el negocio con el fin de tener ocio, ahora sería: negocio por el negocio con el fin de obtener ganancia.

Vista la acción social en el sentido que Pieper, Millán Puelles y Caturelli le asignan, podríamos decir que las distintas profesiones se adhieren a la actividad social, quedando de manifiesto esta adherencia desde la misma definición de la profesión. Examinando la definición de profesión propuesta por Antonio Peinador, se desglosan varias características de la misma, el autor se pregunta “¿Qué es la profesión?” y responde: “En un sentido impropio, la profesión es una ocupación del hombre con fin concreto. Diríamos que objetivamente es aquella realidad material o espiritual que absorbe parte de la actividad del hombre…”, sin embargo, “…no todas las ocupaciones humanas y habituales son verdaderas profesiones”. Peinador, profundiza más en su definición e indagando en los aspectos esenciales de la profesión nos otorga algo más acabado: “…la aplicación ordenada y racional de parte de la actividad del hombre al conseguimiento de cualquiera de los fines inmediatos y fundamentales de la vida humana”. [49]

En la misma línea de Caturelli y de Pieper, Peinador distingue entre las actividades que tienen como fin la cremátistica (o como fin el dinero) de aquellas actividades desinteresadas que se ofrecen para subsanar alguna carencia de la humanidad, sólo estas últimas, tendrían las características de lo que realmente sería una profesión: “No alcanza, por consiguiente, la categoría de verdadera profesión el mero ejercicio de una actividad, aún espiritual o liberal, con miras sólo económicas. Quien por afición pasa su vida ocupado en menesteres que le reportan ventaja y utilidad, en todo rigor, no es un profesional si el servir a los demás no entra en sus cálculos, y, por tanto, no ordena a ese alto fin sus esfuerzos ni acomoda a sus exigencias las normas particulares que presiden su trabajo; falta el orden racional que dirija el empleo de las aptitudes manuales o intelectivas por el cauce de un servicio común, intentado y valorado suficientemente”. [50]
Para Antonio Peinador, además, es una exigencia que el concepto de profesión se circunscriba de manera perfecta en un quehacer habitual y, que estén al servicio de los fines más altos de la vida del hombre. La profesión debe contemplar, en primera instancia, el fin supremo y absoluto, motivo por el cual Dios ha proporcionado la profesión, subordinado a éste, la profesión se inclina a la consecución de fines inmediatos, pero que no dejan de ser necesarios.
Una de las cualidades más específicas de la profesión es la de dar y la de poder recibir, es por esto que no todos ejercemos las mismas actividades, por consiguiente, las mismas profesiones:”…la suerte de poder dar, como instrumentos de su poder creador, teniendo necesariamente que recibir. Y el dar aquí no es tirar, malbaratar o hacer almoneda de lo que sobra, sino poner discretamente y sabiamente, a disposición de cuantos lo haya menester aquello que es caudal rebosante. La profesión es esto: un caudal que se reparte, en misión de ordenadora providencia, para colmar vacíos: el vacío de verdad, que, en mayor o menor grado, todos sentimos en nuestra limitada inteligencia; el vacío de la capacidad de reaccionar en la soledad a que condena el desamparo, la incomprensión, la conciencia de la responsabilidad culpable”. [51]

La dignidad de la profesión y los honores que en justicia le corresponden a un profesional o profesionista, sólo adquiere su sentido y significado a partir del servicio del derecho esencial de todos nosotros a que nuestra incapacidad, nuestra indigencia, se vea suplida con la abundancia de los demás, en amistad y un verdadero amor al prójimo, esto es en caridad. Si la profesión se corrompe pierde su dignidad humana, su sentido, su significado, y la sociedad carecería también de sentido conforme a la dignidad de la persona, del hombre.
La sociedad, es la que pone para el individuo los recursos de que necesita para desarrollarse con dignidad. Estos recursos, por ende,  abarcan todas las necesidades y todos los órdenes del acto humano. Recursos que se van reproduciendo a través de la solidaridad humana. Por consiguiente, la profesión, en tanto que es, o representa un servicio a los demás, se manifiesta por medio del empleo de las facultades propias de las aptitudes innatas o adquiridas en provecho del prójimo.

Por lo manifestado en su definición, la profesión, es imprescindible para la sociedad, es un constitutivo esencial de ésta, por su misma razón de ser, a la profesión le corresponde una función social.
Se deduce de lo anterior que la profesión es parte integrante y necesaria de la acción social, como medio excelente organizado de brindar un servicio a los demás.

Cabe la distinción entre la profesión y el profesional: “El profesional es el hombre ejerciendo una profesión. Puede muy bien darse el nombre de profesional, hasta con cierta propiedad científica, a todo aquel que tiene encomendada, de manera habitual, una misión especial que cumplir en beneficio de los demás, con la contrapartida a su favor del derecho a la justa compensación de su trabajo”. [52]

Para concluir con este cuarto punto, sólo basta agregar algunas palabras sobre la relación entre las profesiones, destacando entre éstas, la preeminencia de las denominadas artes liberales, en especial de las teoréticas que como lo expone Millán Puelles, siguiendo a Santo Tomás de Aquino, la vida ideal de la acción social es aquella que combina la acción de la inteligencia con la actividad práctica.  Y con todos nuestros autores citados, aceptamos que la acción social es un tipo de trabajo desinteresado que se realiza sin la finalidad productiva buscando el bien común. De tal forma que: “En la sociedad moderna el problema se agudiza enormemente a causa del torbellino de afanes productivos de signo colectivo que invaden al ciudadano, y que incluso ha conducido a la convicción de que la razón humana debería ser considerada como una función de las necesidades prácticas, y ordenada exclusivamente a procurarnos medios con que satisfacerlas.
Los saberes liberales son apetecibles en sí mismos y por tanto carece de sentido atribuirles una función social, si de este modo se les considera como un puro instrumento de producción o de bienestar público. Pero aun siendo apetecibles en sí mismos, los saberes liberales son necesarios para la sociedad en un doble sentido: por ser -los más altos de ellos- el fundamento especulativo de la vida práctica civil, y por constituir, a su vez, el último objetivo natural de esa misma vida, cuyo fin, en efecto, no es otro que lo que Pedro de Alvernia llamaba la «felicidad especulativa de la ciudad». De ahí que sea, en justicia, obligatoria una cierta transmisión de los saberes liberales por parte de quienes, estando habitualmente dedicados a ellos, reciben, en cambio, de la sociedad otra clase de servicios o beneficios”. [53]

V. LA JUSTICIA, LA SOLIDARIDAD (AMISTAD), LA SUBSIDIARIDAD Y BIEN COMÚN PILARES DE LA ACCIÓN SOCIAL.
Será necesario introducirnos un poco en el concepto de virtud con el fin de enfocar este apartado a virtudes específicas relacionadas de manera más directa con la acción social.
Lo primero, es rescatar el concepto de virtud mucho más amplio que el de competencia, este último reducido a la esfera del mercado-productividad y orientado con un fin egoísta hacia la superación del otro en términos meramente inmanentes, en el plano de lo numismático.
La virtud, es en palabras de Santo Tomás de Aquino, algo connatural al hombre: “…lo máximo a que puede aspirar el hombre, o sea, la realización de las posibilidades humanas en el aspecto sobrenatural y natural” [54]; “…la virtud es la disposición de lo perfecto a lo óptimo”. [55] De tal forma que, el hombre virtuoso, obedece a sus más íntimas inclinaciones en busca del mejor bien.
La virtud supone lo perfectible, es decir, el hombre, requiere de educación, la cual, resulta de su misma naturaleza, por esto, educar equivale a infundir hábitos perfectivos que deriven en actos eficientes para el bien personal y social. Por tal motivo, educar equivale en hacer del hombre una persona virtuosa y puede ser definida de la siguiente manera: “…promoción y conducción de la prole al estado perfecto del hombre en cuanto hombre que es el estado de virtud; pasando de lo bueno a lo mejor y de lo mejor a lo óptimo” [56]
Encontramos pues, que en primera instancia, los actores primarios de la acción social son los padres, después veremos como interviene el estado y los cuerpos intermedios en esta labor. Continuando con Santo Tomás, descubrimos los siguientes grandes aportes tan olvidados hoy en la época del nihilismo que ha negado toda naturaleza, toda autoridad, todo agradecimiento, etc., así, el nombrado Doctor Angélico nos ofrece esto tan inmenso y profundo como sencillo: “…el padre corporal da tres cosas: la existencia, el alimento y la instrucción” [57]
En otros de sus textos reafirma lo anterior agregando: “…el hijo no puede corresponder con algo equivalente a los beneficios del padre, de quien recibe la existencia, el alimento y la enseñanza” [58]; “…el padre es el principio de la generación y de la existencia, así como de la educación y de la enseñanza” [59]; “…el padre es principio de la generación, de la educación y de la enseñanza, y de todo lo que conviene a la perfección de la vida humana” [60]; “…tres cosas tenemos por los padres, a saber: el ser, el vivir y la enseñanza” [61].
Con esto, queda de manifiesto que la educación es un fundamento de la acción social, que busca desde el seno mismo de la familia la formación del hombre bueno, de la persona virtuosa.

La virtud, debe medirse desde la perspectiva del bien y no del esfuerzo, como confunde el racionalismo: “…la esencia de la virtud está más en el bien que en lo difícil, por tanto, no todo lo que es más difícil tiene que ser más meritorio, sino que tiene que ser difícil de tal forma que sea a la vez superiormente bueno…la virtud nos pone precisamente en situación de seguir correctamente nuestra inclinación natural; incluso la suprema realización de lo moralmente bueno no exige esfuerzo en absoluto, que desaparece toda dificultad porque esa forma suprema de realización del bien procede de la caridad”. [62]

La acción social, se fundamenta en las virtudes, medios eficaces para el logro del bien común y que van en común acuerdo con el ser y razón del hombre. Las principales serán, las virtudes sociales que nacen de las llamadas virtudes mayores o cardinales como la prudencia, la justicia, la templanza y la fortaleza. Pasemos ahora, a comentar algo sobre éstas de manera breve, pero antes, dedicaremos algunas palabras sobre el concepto de sociedad ya que es en ella donde se desarrollan las virtudes, teniendo como marco la alteridad.

El filósofo chileno Don Antonio Widow dice que al tener el hombre como fin principal su perfección como hombre, fin común a todo miembro de su misma especie, de tal forma que, al buscar esa perfección connatural a su ser se asocia, como ya lo hemos reflexionado, por su insuficiencia, busca la colaboración ordenada con sus semejantes. Así, la sociedad conforma un todo, en el que la persona es solamente una parte, y nos recuerda que el todo es mayor que las partes. Luego, la sociedad política tiene superioridad sobre los miembros de la misma, de donde se deduce que el bien común es superior al bien útil o al bien particular o al personal.
Widow, aclara que la sociedad no es tan sólo un todo integral, sus miembros, o mejor dicho las personas, no son únicamente partes cuantitativas, y si bien, la sociedad es una suma de hombres, no lo es en el sentido de ser agregados masivos, por lo cual: “La sociedad es lo que se denomina un todo potestativo, pues sus partes realizan de diversa forma la perfección que potencialmente radica en la naturaleza humana: es este bien o perfección el principio del orden social. (La sociedad) Es un todo potestativo moral [63] –no sustancial…”

Continúa Juan Antonio Widow su análisis diferenciando cada una de las formas de sociedad. Primeramente la familia, raíz de las demás, pues de ella proceden las otras como las gremiales o de tipo profesional, las de tipo local complementarias como el ayuntamiento de familias o bien su perfección como la sociedad política.

El ayuntamiento lo constituyen las familias que se unen con el fin de procurarse ciertos bienes como la enseñanza escolar, seguridad, cuidado de la salud, alimentos, etc. Los ayuntamientos pueden a su vez formar sociedades más amplias.

La sociedad política es la más amplia y perfecta, comprende a todas las otras y en ella alcanzan las demás su pleno desarrollo, ordenándolas a un bien más alto y pleno del hombre. Entre la sociedad política y la familia se despliegan los llamados cuerpos intermedios. [64]

Un concepto de cuerpo intermedio lo proporciona Michel Creuzet, definiéndolos así: “Los cuerpos intermedios son grupos sociales o humanos situados entre el individuo aislado (o la familia, célula básica) y el Estado. Están constituidos ya naturalmente (profesionales: empresa, oficio, profesión; locales: municipio, provincia), ya por acuerdo deliberado (sociedad de pesca, gremio, academia provincial…), con vistas a conseguir una finalidad común de las personas que los componen”. [65]

Para Creuzet, los cuerpos intermedios en distintos planos, son complementarios unos de otros:
Local: se relacionan con los lugares de nacimiento, de donde se vive, de educación de la persona: pueblo, parroquia, municipio, barrio, ciudad,  distrito, provincia, diócesis, región, etc.
Profesionales: ligados a la actividad humana: empresa, profesión, oficio, sindicatos, agrupaciones profesionales, etc.
Cultural: escuela, academia local, sociedad de música, compañía teatral, grupo folklórico, cursos nocturnos, etc.
Religioso: la parroquia, la diócesis y sus obras.
Recreativo: grupos deportivos, de turismo, de festejos, de coleccionistas, etc.

Ahora, retomamos el tema de la virtud en el marco de la sociedad. Hemos afirmado que la virtud es conforme a la naturaleza del hombre, sin embargo debemos distinguir, que ésta no se da en él como el metabolismo, la respiración o la circulación de la sangre, la virtud necesita ser querida, deseada, amada, la virtud es efecto de un acto voluntario de otra menara, no se puede dar esa perfección que está implícita en la perfectibilidad de la persona humana, o busque el orden propio a su ser. [66]

Dice Widow que: “La virtud que ordena al hombre directamente respecto del bien del cual participa, es decir del bien común, es la justicia. El hombre justo es el hombre bien dispuesto –<

> dice la clásica definición- a dar a otro el bien que es de él, del otro; a reconocer prácticamente, en su conducta, que un bien del cual participa es debido a otro”. [67]
El otro puede darse de dos modos, ya sea del todo, en el cual el individuo, la persona es parte y participa de un bien común, se le conoce a este tipo de justicia como legal o general. El otro puede ser también otra persona o un grupo de las mismas, que también forman parte del todo y esta disposición de dar lo debido a las partes se conoce como justicia particular en la que se distinguen la justicia distributiva, proporción de su contribución al bien común y, la justicia conmutativa, la cual regula el intercambio entre las partes conforme a la reciprocidad que en él debe existir.
Por su naturaleza la justicia es social, es por ella que el orden natural humano adquiere vigencia en el ámbito social.
“…es la virtud por cuya causa existe sociedad humana. Es imposible su reemplazo; si falta, es el vínculo propiamente humano entre los individuos y entre las sociedades básicas lo que desaparece. En su lugar empieza a regir la ley de la selva, aun con la sordina que puede imponerle el poder centralizado”. [68]

Widow asigna a la justicia la virtud por excelencia del orden social, porque éste no depende de una organización artificial como una especie de organigrama: “…la ordenación interior de la persona, mediante sus virtudes, y principalmente mediante la virtud de la justicia, al bien común. Ésta es la raíz, o más bien el principio del orden natural de toda sociedad. Gobernar no es planificar, por lo menos no es lo principal o esencialmente, sino dirigir con justicia la conducta de los gobernados al bien común”. [69]

En la Encíclica Divini illius Magistri, Pío XI nos proporciona una definición de lo que se puede entender por bien común: “…el bien común de orden temporal consiste en la paz y seguridad de que las familias y cada uno de los individuos pueden gozar en el ejercicio de sus derechos, y a la vez en el mayor bienestar material y espiritual que sea posible en la vida presente, mediante la unión y la coordinación de la actividad de todos” [70]
Según Welty, tomado así el concepto de bien común se puede expresar también con los siguientes sinónimos: salud pública, bien general, bienestar general. [71]
Por bien común, no debe entenderse un concepto unívoco, sino, análogo, que por el término se expresa una serie de bienes que son tomados en común, esto es, por la comunidad entera es decir,  se entiende tanto el fin como el orden de la comunidad. El hombre entero es miembro de la comunidad entera, y por eso esta ordenado y subordinado a ella; pero la comunidad no es el fin único y supremo del hombre. Para que el hombre cumpla su razón de ser no basta el servicio a la comunidad. El fin de la sociedad debe ser: Admisible moralmente. Rectamente ordenado en relación con los demás valores. El contenido del fin de las comunidades naturales viene determinado por lo que se llama “bien total de la naturaleza humana”. Hay dos clases de fines en la comunidad: Unos, que son impuestos a los hombres obligatoriamente por la naturaleza (y por Dios), otros que quedan a la libre elección del mismo hombre. Los primeros tienen primacía sobre los segundos. En la sociedad humana se exige una unidad de propósitos, impulsada eficazmente por la autoridad, que impone el orden con poder efectivo, para conducir al conjunto hacia su fin natural y sobrenatural.
El bien común, es a partir de la unión de inteligencias y voluntades, de acuerdo a la definición de república que nos brinda San Agustín. Para contribuir a la consecución del bien común se toma la siguiente analogía propuesta por el Dr. Enrique Díaz Araujo: “…los náufragos que van en un bote. Pues, al presente, si ellos reman al unísono, con un ritmo concertado, podrán alcanzar la costa salvadora, con menos tiempo y menor esfuerzo. Principio de eficacia. No obstante, e ese mismo efecto, también es cierto que alguien debe tomar las riendas de la marcación del ritmo. En un bote común de carrera, esa función la desempeña el timonel. Principio de autoridad”. [72] El mismo Díaz Araujo, proporciona el ejemplo de un equipo de fútbol, en cual, para que juegue un buen partido requiere de armonía en todos los puestos. Y para esto, se necesita que alguien observe y aprecie todas las aptitudes de los miembros del equipo y de toda esta labor lograr la unidad y coordinación de capacidades. La persona que lleva a cabo esta tarea depende de un guía de un entrenador que conozca y ordene, con talento y mando, por parte de los jugadores se requiere, mejor dicho, se exige obediencia, disciplina y docilidad ante las instrucciones recibidas, para obtener el mejor resultado y cumplir con el fin impuesto al equipo en su totalidad. “Principio de eficacia unido ya al de autoridad”. [73]
Bien común, no significa una especie ni un género, como hombre o como animal, sino un análogo con dos significaciones diversas y jerarquizadas que son el bien común inmanente y el bien común trascendente. El bien común inmanente se compone de bienes útiles sobre las cosas materiales, y de bienes honestos, sobre las cosas espirituales. Es un bien abierto hacia el bien común trascendente, y esencialmente difundido y participado en los miembros de la sociedad. El bien común inmanente comprende tres clases de bienes: Bienes externos como muebles e inmuebles, riquezas y posesiones. Bienes del cuerpo como la salud, la integridad y la robustez de sus miembros. Bienes del alma como la ciencia y la virtud. El bien común inmanente de la sociedad política debe contener de un modo perfecto todas estas clases de bienes.
El bien común es mi bien, pero no en cuanto bien privado, sino en cuanto bien comunitario. Cuantitativamente común por participación y cualitativamente común por comunicación.
La fórmula que describe al bien común inmanente es: uno para todos y todos para el todo.

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Notas:

1 Gambra, Rafael. Historia Sencilla de la Filosofía. (1999). Ediciones Rialp. S. A. Madrid, p. 16.

2 “Hay cosas que conocemos porque las recordamos, y hay otras que conocemos, no porque nos acordemos de ellas, sino que conocemos algunas otras por las cuales podemos encontrarlas siempre que las necesitemos, sin recargar nuestra memoria con detalles innecesarios. Cada vez que nuestra inteligencia logra en esa forma reemplazar el conocimiento mismo por algunos de sus principios y de sus causas, está en el camino hacia la sabiduría.” Etienne Gilson. El amor a la Sabiduría. (1978). Ediciones Otium. Buenos Aires, p. 15.
3 “Cuando el físico se pregunta: ¿qué significa hacer física, ¿qué es la investigación física?, plantea con ello una cuestión previa; es evidente que, al preguntar de esa manera y al buscar una respuesta, no se hace todavía física-no se hace todavía, o,  también no hace ya física-. Trata, sin embargo, plenamente de filosofía y hace filosofía, quien plantea y trata de contestar la pregunta ¿qué significa filosofar? No es ésta una cuestión previa a la filosofía, sino eminentemente filosófica; se sitúa uno con ella en el centro mismo de la filosofía”. Josep Pieper. El ocio y la Vida Intelectual. (1999). Editorial Rialp, S. A. Madrid, pp. 79-80.

4 “La Metafísica…es una ciencia auténtica. Es además la más elevada y la más perfecta de todas las ciencias. La Metafísica merece, en efecto, ser llamada ciencia rectora, en cuanto que su objeto, que es el ser universal, considerado en toda su pureza inteligible, está siempre presente en todas partes, y por eso los enunciados de la Metafísica valdrán universalmente (analógicamente se entiende) de todo lo que es o puede ser de cualquier manera. La Metafísica es también, por lo mismo, la ciencia más libre, por presentarse liberada de la servidumbre de lo sensible, es decir de todo lo que la materia introduce de opaco y de accidental…en los objetos del saber…” Regis Jolivet. Tratado de Filosofía. III Metafísica. (1976). Ediciones Carlos Lohlé. Buenos Aires, p. 21.
5 “Más precisamente: no puedo decir nada sobre la esencia de la filosofía y del filosofar sin afirmar algo sobre la esencia del hombre, y con ello designamos ya un territorio central de la filosofía misma.”
A este territorio, al de la antropología filosófica, pertenece, pues, nuestra pregunta <

< ¿qué significa filosofar? >

>”
Opus cit.
6 “Nihilismo: falta el fin; falta la respuesta al <

< ¿por qué? >

>; ¿qué significa Nihilismo? – que los valores supremos se desvalorizan”. F. Nietzsche. Fragmentos póstumos.”
“Los males espirituales que afligen al hombre de hoy…tienen una raíz común bien identificable: la cultura contemporánea ha perdido el sentido de aquellos grandes valores que, en la edad antigua y medieval e,inclusive, en los primeros siglos de la edad moderna, constituían puntos de referencia esenciales y, en gran medida irrenunciables, para el pensamiento y para la vida”.
“Describo lo que sucederá: el advenimiento del Nihilismo. Puedo describirlo ahora porque se produce en este momento algo necesario –los signos de esto están por todas partes, no necesitamos más que los ojos para ver estos signos…creo que existe en la crisis más grande, un momento en el que el hombre se repliega en sí mismo del modo más profundo; que el hombre, después, se reprenda y que logre huir de esta crisis es cuestión de fuerza: es posible…El hombre moderno cree experimentalmente a veces en éste, a veces en aquel valor, para abandonarlo posteriormente: el círculo de los valores superados y abandonados es siempre muy vasto; constantemente se advierte el vacío y la pobreza de valores; el movimiento es incontenible –si bien se ha intentado frenarlo con gran estilo. Finalmente, el hombre osa una crítica de los valores en general; reconoce el origen; conoce demasiado para no creer más en ningún valor: he aquí el pathos, el nuevo escalofrío…Esto que les cuento es la historia de los próximos dos siglos…” (11(119))”.

“Toda nuestra cultura…se mueve desde hace mucho tiempo con una tensión tormentosa que crece de decenio en decenio, como si se encaminara hacia una catástrofe: inquieta, violenta, precipitada; como un río que quiere desembocar, pero que ya no se acuerda, que tiene miedo de recordar” (11(411))”.

“Los presupuestos del Nihilismo son: <

>” (9(35))”.

“…podremos decir que el Nihilismo lleva a la desvalorización y a la negación de los siguientes principios:
a) El primer principio, Dios.
b) El fin último.
c) El ser.
d) El bien.
e) La verdad.”

“Nietzsche ha resumido la esencia del Nihilismo, en sentido global, con la formula <

>”. Giovanni Reale. (1996). La sabiduría Antigua. Tratamiento para los males del hombre contemporáneo. Editorial Herder. Barcelona, pp. 19-36.


7 Ivan Turgenev, en su novela “Padres e hijos”, nos deja una clara y bien descrita de lo que en la práctica sería el hombre nihilista:
“-¡Él es un nihilista!
-Un nihilista…eso viene del latín “nihil”, “nada”, según mi juicio; la palabra debe significar un hombre que…no reconoce nada.
-Mejor-que no respeta nada.
-…un nihilista es una persona que no se inclina ante ninguna autoridad, no acepta ningún principio de fe, a pesar de que ese principio sea muy reverenciado”.

8 Tomas H. Huxley, abuelo de Julian y Aldous Huxley, biólogo británico, en el año 1869, en Londres, acuña por primera vez el término “agnóstico”, en el siguiente sentido: “…el que no sabe”. Ésta es una posición, según la cual: “…no se sabe”, o, “…no se pretende saber”. José Ferrater Mora. (2004). Diccionario de Filosofía. Tomo I. A-D. Nueva edición actualizada por la Cátedra Ferrater Mora bajo la dirección de Josep-María Terricabras. Editorial Ariel, p. 73.
El agnóstico:
No admite la fe como compromiso de la persona con lo trascendente, con lo infinito, con el misterio.
Su creencia se fundamenta en lo finito, en el presente.
El agnóstico no niega sino que no concibe al dios trascendente. todo debe ser verificado.
contrapone lo finito a lo trascendente.
Ser agnóstico es admitir que dios es una hipótesis, sin admitir la existencia del contenido de la hipótesis.
De admitir la posibilidad de la verificación, es decir, del conocimiento verdadero, ya no sería agnóstico.
Todo es mundo, esto es, finitud. el agnóstico, instalado en la finitud, con su ajuar existencial, no echa de menos a dios, ni a nada espiritual o trascendente.
El agnóstico, al instalarse en el mundo finito y material vuelca su creencia, esperanza y amor a lo mundano e intrascendente.
Para el agnóstico lo que no se sabe es ignorancia.
Lo espiritual es tan finito como la materia.
¿Qué es ser agnóstico?
“…tener conciencia del significado excluyente de la finitud.” (Enrique tierno Galván).
“…al agnóstico sólo le caben tres posibilidades: a) la narcotización de la realidad; b) el vértigo de la locura; c) la lucha sin éxito y sin recompensa escatológica”. (García Santesmases).
“El ateo, igual que el cristiano, sostiene que podemos saber si existe dios o no; según el cristiano, es posible saber que dios existe; según el ateo, es posible saber que no existe. el agnóstico suspende el juicio, afirmando que no existen pruebas suficientes ni para la afirmación ni para la negación. al mismo tiempo, un agnóstico puede sostener que la existencia de dios, aunque no imposible es muy improbable, hasta el extremo de que no merece la pena considerarla en la práctica”. (Bertrand Russell).
9 Rafael Corazón González. Agnosticismo. Raíces, actitudes y consecuencias. (1997). EUNSA. Pamplona, pp. 93-97.
10 En esta etapa de la vida, los afectos son muy importantes, la vejez puede llegar a ser muy difícil de afrontar si no contamos con el amor de los demás, la muerte se asoma por esta puerta de tristeza y desamparo.
11Romano Guardini.  Ética. Lecciones en la Universidad de Múnich. (MM). BAC. Madrid, p.441.
“De ellos (de los padres) recibo la sustancia biológica; mi existencia viene de su ámbito vital. Yo me desarrollo bajo su protección e influencia, sobre la base de lo que ellos hacen y tienen.”
“Ellos me dan lo que se llama la <

>: dotes naturales, cualidades, ánimos y temores, situación social etc. Yo no puedo elegir a mis padres, porque ellos son mi origen. Tengo que aceptarlos tal como son.”
“Los padres son esencialmente autoridad. La palabra viene de la latina <

>, y ésta del verbo <

>, que significa hacer crecer, fortalecer. Mis padres han puesto los fundamentos de mi existencia, en cuanto que me han dado la vida y me han educado. Detrás de su actuación está el acto creador de Dios, que le confiere una legitimidad y dignidad originarias”. Pp.399- 406.
“El hombre se presenta constantemente de forma nueva. Cambia su estado físico y anímico. Su imagen es distinta cuando trabaja o cuando descansa, cuando lucha por alcanzar algo, cuando goza ya de su posesión”. Pp. 441-490.
12Opus cit. p. 490.

13 Antonio Millán Puelles. Persona Humana y Justicia Social.
14 “Nuestra categoría de personas nos viene justamente de tener libertad y entendimiento, que no son atributos materiales, sino espirituales. Ocurre, sin embargo, que así como los seres irracionales no tienen culpa alguna en carecer de entendimiento y libertad, tampoco el ser humano tiene arte ni parte en el puro hecho natural de
estar provisto de ambos. Si se entiende por mérito el mérito moral, es decir, no cualquier importancia o calidad, sino la que se adquiere por virtud de un acto voluntario, es evidente que, como ninguno de los hombres se ha dotado a sí mismo voluntariamente del entendimiento y de la libertad de que dispone, el tener ambas cosas no es nada meritorio, aunque sea, sin embargo, de tal importancia, que sin ello no seríamos personas. Todo hombre es persona porque así le han hecho; lo mismo que los animales y las cosas son impersonales porque les han hecho ser así. La última razón, el fundamento radical de la categoría de la persona humana, no puede ser, por tanto, el hombre mismo, ni mucho menos los seres inferiores a él, sino un ser superior a todo hombre y capaz de infundir razón y libertad en la materia de que estamos hechos. Ese ser superior, que ha dado al hombre la categoría de persona al darle entendimiento y libertad, es, también él mismo, un ser provisto de categoría personal ya que nadie puede dar lo que no tienen, pero no de una simple categoría personal humana, sino de la categoría personal divina. Es, por tanto, Dios. Dios es también la causa definitiva y más pro funda de los seres que carecen de razón y no poseen la categoría de personas. Obrando libre mente, ha creado unos seres provistos de entendimiento y libertad, y otros seres sin ninguna de ambas cosas. Y aunque todos son efectos suyos, los que tienen la categoría de personas pueden además considerarse, con toda exactitud, “hijos de Dios”. Los demás seres no gozan de capacidad para este título, o, mejor dicho, Dios no se la ha dado. Dotado, en cambio, de ella, el hombre, por ser persona, constituye una imagen de la Divinidad; y por eso es señor de la naturaleza en la que vive, aunque esto sea a costa de un esfuerzo, pues no es lo mismo ser el propio Dios que una imagen de Él. Antonio Millán Puelles”. Opus cit.
15 Cf. De Tales a Demócrito. Fragmentos Presocráticos. Fragmentos 34. Introducción, traducción y notas de Alberto Bernabé. (2001). Editorial Alianza. Madrid, p.  288.
16 Opus cit. Fragmento 37.
17 De Veritate, 24, 5, argumento sed contra.
18 De regimine Principum I, 13.
19 Motu cordis, 3, n. 454.

20 “El hombre entonces al ser un Mikrokosmos es reflejo del Makrokosmos, es semejante a los seres superiores, ángeles y Dios, y ejercita una primacía sobre los seres inferiores, animales irracionales, vegetales y seres inanimados; es un nexo entre la creación y el Creador, un horizonte o confín del universo material y espiritual; “el hombre tiene algo de todas las creaturas –dice hermosamente S. Gregorio-: pues el hombre tiene en común el existir con las piedras, el vivir con los árboles el sentir con los animales, el inteligir (intelligere), con los ángeles” (Hom. 29 Super Ev.). Sto. Tomás ve al hombre entre lo visible y lo invisible. “El hombre es como el horizonte y el confín de naturaleza espiritual y de la corporal, de modo que como medianero entre ambas participa de los bienes de orden corporal y de los de orden espiritual” (In Lib. De Causis, prop. 2, n. 61)”. P. Fray Armando Díaz O. P. El hombre visión integral. (1995). Editorial Universidad Católica de Santa Fe. Argentina, pp. 20-23.
21 Es por esto que los primeros cristianos como el Pseudo Dionisio concibieron la jerarquía de valores en un orden jerárquico donde el hombre cada día de acerque o se eleve más a su Creador, contrariamente entre mayor alejamiento menor semejanza con Dios.
22 P. Fray Armando Díaz. Opus cit. pp. 28 y 29.
23 La felicidad humana. (2005). Alianza Editorial. Madrid, p.22.
24 “…la medicina va a confirmar esta verdad fundamental, de ver al varón como varón y a la mujer como mujer, es decir, que desde el momento de la concepción, no solamente hay un ser humano, una persona sino que ya posee las características propias de un varón o de una mujer : “Las diferencias que existen entre el varón y la mujer –comenta Alexis Carrel- no provienen de la forma particular de sus órganos, de la presencia del útero, de la gestación o del modo de educación. Son de naturaleza más fundamental, determinadas por la estructura misma de los tejidos y por la impregnación de todo el organismo de sustancias químicas específicas segregadas por el ovario. La ignorancia de estos hechos fundamentales ha llevado a las promotoras del feminismo a creer que ambos sexos debían tener la misma educación, los mismos derechos y las mismas responsabilidades. En realidad, la mujer difiere profundamente del hombre. Cada una de las células de su cuerpo lleva la marca de su sexo. Lo mismo ocurre con sus órganos y, sobre todo, con su sistema nervioso. Las leyes fisiológicas son tan inexorables como las del mundo sideral. No pueden ser sustituidas por los deseos humanos. Estamos obligados a aceptarlas como son. Las mujeres deberían desarrollar sus aptitudes de acuerdo con su naturaleza propia, sin tratar de imitar a los varones. Su papel en el progreso de la civilización es mucho mayor que el del hombre. No deberían abandonar sus funciones específicas. (Carrel, Alexis. La incógnita del hombre. Pp.100-101”.Citado por: Díaz, Armando O. P. La Mujer y el misterio. (2007). Folia Universitaria. Universidad Autónoma de Guadalajara. Guadalajara, Jalisco, México, pp. 76-77.
25 Cf. Yepes Stork, Ricardo – Aranguren Echeverría, Javier. Fundamentos de Antropología. Un ideal de la excelencia humana. (1998).  EUNSA. Pamplona, pp. 200 -214.
26 Díaz, Armando O. P. Opus cit. pp. 72.
27 Domingo M. Basso, O. P. Los fundamentos de la moral. (1997). Ediciones de la Universidad Católica Argentina. Argentina, pp. 13-14.
28 Par no entrar en la controversia contemporánea sobre la distinción entre ética y moral, sólo diremos que etimológicamente tanto ética (de origen griego) y moral (de origen romano o latino), tienen la misma traducción al español y ambos vocablos significan costumbre. Costumbre en el sentido de lo intrínseco, y no como hoy se confunde con la costumbre socio-cultural, o, con la costumbre animal que parte de la etiología, con una gran influencia psicologista.
Ética = ethos = costumbre, carácter, manera de ser.
Moral = mos, moris = deseo, capricho, uso, costumbre, manera de vivir.
Ethología = ethos = estudio científico del carácter y modos de comportamiento del hombre. Parte de la biología que estudia el comportamiento de los animales
29 Domingo M. Basso, O. P. Opus cit. p. 13.
30 Opus cit. Pp. 14-15.
31 “Decir a cada hombre qué derechos y deberes tiene respecto a sus semejantes, qué debe a los demás y qué le deben ellos a él (Cf. El precepto del Señor: <

>, Mt 7, 12). Eberhard Welty. Catecismo Social. Tomo Primero Cuestiones Fundamentales de la vida social. (1962). Editorial Herder. Barcelona, p. 18-19.
32 Opus cit. Pp. 19-20.
33“…sólo en sociedad, en el prójimo, puede encontrar a quien amar y por quien ser amado y comprendido: matrimonio, amistad. Esta dependencia es de carácter necesario, puesto que el hombre es un ser que consta de cuerpo y alma, y en cuanto tal necesita de la sociedad como espacio vital adecuado a su naturaleza; su actividad propiamente humana, que se resume en conocer, querer y obrar, presupone el ambiente social…” Eberhard. Welty. Opus cit.
34 Isidro Gomá. La familia. (2003). Folia Universitaria Universidad Autónoma de Guadalajara. Guadalajara, Jalisco, México, p. 7.
35 Opus cit. p. 25.
36 Eberhard Welty. Opus cit. p. 20
37 Ibídem.
38 Eberhard Welty. Opus cit. p. 70.
39 Se entiende por orden: la virtud menor regida por la prudencia en el ámbito de la inteligencia, con respecto al acatamiento de las jerarquías, tanto en lo axiológico como con la autoridad; con la claridad de pensamiento y de prioridades del obrar.
40 Pío XI. Quadragesimo Anno. 36, 608.
41Pío XII.  Mensajes Navideños. 1942, 7, 421.
42 La Ciudad de Dios, XIX, 24.
43 Alberto Caturelli. Metafísica del trabajo.  (2002). Folia Universitaria Universidad Autónoma de Guadalajara. México, pp.  14-15.
44 Ética a Nicomaco, X; 7.
45 Alberto Caturelli. Opus cit. pp. 62-70.
46 Alberto Caturelli Opus cit. p. 55.
47Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. La función social de los saberes liberales. (1 9 6 1). Discurso leído en el acto de su recepción por el Excelentísimo Señor Don Antonio Millán Puelles y contestación del Excelentísimo Señor Don Leopoldo Eulogio Palacios. Madrid, p. 10.
48 Josep Pieper. El ocio y la vida intelectual. Pp. 60-62. Se puede seguir leyendo: “…la distinción entre artes liberales y artes serviles corresponde a la de honorario y salario; las <

> merecen honorarios;<> se pagan. En el concepto de honorario va implicad la desigualdad entre el rendimiento y la compensación…el rendimiento en sí mismo no puede pagarse. El salario…quiere decir: pago del <

>…”
49 Antonio Peinador Navarro. C.M.F. Tratado de Moral Profesional. (MCMLXIX). Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, pp. 1-2.
50 Ibidem.
51 Ibidem.
50 Antonio Peinador. Opus cit. p. 7.
51 Antonio Millán Puelles. Respuesta de Eulogio Palacios. Opus cit. p. 53
52 Antonio Peinador. Opus cit. p. 7.
53 Antonio Millán Puelles. Respuesta de Eulogio Palacios. Opus cit. p. 53
54 Josep Pieper. Las virtudes fundamentales. (1998). Ediciones RIALP, S.A. Madrid, p.15.
55 Suma Teológica. II-II, q. 23. Ad.7.
56 Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica. Suppl. III, q. 41, a, 1.
57 In IV Sent., dist. 42, Q. 1, a. 1 ,q. 1. Puede consultarse en Antonio Millán Puelles.  La formación de la persona humana. (1989). Ediciones RIALP, S.A. Madrid, p.20.
58 In IV Sent., dist. 46, Q. 1, a. 1, q. 1. Cf. Antonio Millán Puelles. Opus cit.
59 Suma Teológica., I-II, q. 100,  a. 5, ad. 4. Cf. Antonio Millán Puelles. Opus cit.
60 Suma Teológica., II-II, q. 102,  a. 1. Cf. Antonio Millán Puelles. Opus cit.
61 In Epist. Ad Ephes., cap. VI, lect. 1. Cf. Antonio Millán Puelles. Opus cit.
62 Josep Pieper. Escritos sobre el concepto de filosofía. (2000). Editorial Encuentro. Madrid, pp. 16-17.
63 Juan Antonio Widow. El hombre animal político. El orden social: principios e ideologías.( 2001). Asociación Pro Cultura Occidental A.C.-Nueva Hispanidad. Guadalajara, Jalisco México – Buenos Aires, Argentina, pp.26-27.
64 Juan Antonio Widow. Opus cit. pp.28-29.
65 Michel Creuzet. Los cuerpos intermedios. (1979). Ediciones del Cruzamante. Buenos Aires, Argentina, pp. 11-12.
66 Cf. Juan Antonio Widow. Opus cit. p.69.
67 Cf. Juan Antonio Widow. Opus cit. p. 72.
68 Juan Antonio Widow. Opus cit. p. 73.
69 Juan Antonio Widow. Opus cit. p. 75.
70 Pío XI. DIM 22, 830. De 31-XII-1929. Sobre la Educación cristiana.
71 Eberhard Welty. Opus cit. p.76.
72 Cf. Enrique Díaz Araujo. La política del Bien Común. (2003). Folia Universitaria. Universidad Autónoma de Guadalajara. Guadalajara, Jalisco, México, pp. 33-34.
73 Ibídem.

A través del siguiente vinculo de la sección FOROS,  se ofrece la opción de descargar el archivo del documento completo del texto de esta conferencia:  http://www.filosofia.mx/index.php?/foros/viewthread/1789/


Fuente:  Dr. Bernardo J. Castillo Morán

MÉXICO.  25 de abril de 2012

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