Prudencia y técnica en el Magisterio

Advertencias sobre el Magisterio

Magisterio en castellano, está vinculada a dos palabras en latín: magíster y magísteríum, ambas comparten el antiquísimo sufijo indoeuropeo ter que señala contraste u oposición.

Al principio, magíster no designaba al maestro de escuela ni al esclavo doméstico a quienes se les nombraba, respectivamente, Iítterator y paedagogus. Magíster designa, sobre todo en latín, a quien ha alcanzado el más alto grado de conocimientos y competencia en su campo o profesión, por eso, podía dar lecciones. Actualmente magísteres quien ensaña, dirige u ordena por ser la máxima autoridad en determinada actividad.

Hago una digresión que me parece interesante para la cultura política. Mínister  también comparte el sufijo ter pero precedido por mínus, por lo cual, este vocablo significa servidor, criado o subalterno. (Cfr. Diccionario Etimológico)

Advertencias sobre la prudencia

Santo Tomás de Aquino nos dice: “La prudencia es la virtud más necesaria para la vida humana. Vivir bien, en efecto, consiste en obrar bien. Mas, para obrar bien no sólo se requiere la obra que se hace, sino también el modo de hacerla, es decir: es necesario obrar conforme a una elección recta y no meramente por impulso o pasión. Mas como la elección es acerca de los medios que conducen al fin, su rectitud requiere dos cosas: el debido fin y los medios adecuadamente ordenados a él. (S. Th. 1-11 q. 57, a. 5)

La prudencia es una virtud que perfecciona a la inteligencia porque lleva a la recta elección, y perfecciona a la voluntad porque lleva a la ejecución de lo elegido. Es una virtud que tiene una posición central en el ser humano influye en las dos facultades espirituales y vincula las operaciones propias de cada una para propiciar congruencia e integridad en el quehacer personal.

Advertencias sobre la técnica

La técnica es el conjunto de métodos y procedimientos adoptados por una ciencia, arte u oficio para facilitar el logro de los fines propuestos. Cada uno de esos procedimientos, con el ejercicio, lleva a adquirir destreza o habilidad para aplicarlos. Por técnica también se entiende el sistema para conseguir algo. Un técnico es aquella persona que posee los conocimientos prácticos y específicos para realizar un quehacer. (Diccionario de la Lengua Española) Esa persona, aunque pueda tenerlos, no requiere de conocimientos científicos, le basta con ser diestro.

Por lo tanto, podemos ver a la técnica en sus dos dimensiones: como proceso y como producto. Como proceso hace referencia a la capacidad del ser humano, que realiza una serie de actos prácticos con los cuales modifica o aprovecha el entorno para satisfacer necesidades. Como producto, la técnica ofrece variados artefactos que facilitan al ser humano el modo de trabajar, de comunicarse, de trasladarse, de divertirse, etcétera.

Un modelo de Magíster por el modo de ejercer el Magisteríum

Un modo de aprender, ejercitando la prudencia, consiste en seguir el ejemplo que nos brinde un buen maestro, por eso, elegimos a Tomás de Aquino, de quien Benedicto XVI nos da una semblanza en la Audiencia General del 2 de junio de 2010.

De este discurso extraemos los siguientes párrafos:

“En 1245, ya mayor de edad, pudo retomar su camino de respuesta a la llamada de Dios. Fue enviado a París para estudiar teología bajo la dirección de otro santo, Alberto Magno, del que hablé recientemente. Alberto y Tomás entablaron una verdadera y profunda amistad, y aprendieron a estimarse y a quererse, hasta tal punto que Alberto quiso que su discípulo lo siguiera también a Colonia, donde los superiores de la Orden lo habían enviado a fundar un estudio teológico.

( ... ) Para la composición de sus escritos, cooperaban con él algunos secretarios, entre los cuales está el hermano Reginaldo de Piperno, quien lo siguió fielmente y al cual lo unía una fraterna y sincera amistad, caracterizada por una gran familiaridad y confianza. Esta es una característica de los santos: cultivar la amistad, porque es una de las manifestaciones más nobles del corazón humano y tiene en sí algo de divino, como el propio Santo Tomás explicó en algunas de las quaestiones de la Summa Theologiae,

( ... ) En 1269 lo llamaron de nuevo a París para un segundo ciclo de enseñanza. Los estudiantes, como se puede comprender, estaban entusiasmados con sus clases. Uno de sus ex alumnos declaró que era tan grande la multitud de estudiantes que seguían los cursos de Tomás, que a duras penas cabían en las aulas; y añadía, con una anotación personal, que «escucharlo era para él una felicidad profunda».”

Es obvia la enseñanza, Tomás aprendió a ser amigo de su gran maestro y cultivó esa amistad hasta la muerte. Profundiza en esa vivencia y nos deja, en sus escritos, una reflexión riquísima, y quien la hace suya puede considerarse discípulo de tan eminente maestro. Pero, también, él mismo se dejó ayudar y ayudó a sus secretarios, y practicó lo que vivió con Alberto, los hizo sus amigos. Además, con sus clases elevaba los conocimientos del auditorio, de manera que esa adquisición ocasionaba una profunda alegría.

Tras de todas las exposiciones de Santo Tomás había la maestría de quien busca la verdad, jamás se queda en la superficialidad o en la apariencia propia de muchas patologías que ocultan el saber y desconciertan a los incipientes incapaces de distinguir las falacias de los verdaderos conocimientos.

Los retos del uso prudente de la tecnología en el ejercicio del magisterio

Ciertamente nos encontramos con una gran producción de artefactos que facilitan el ejercicio de muchas tareas profesionales. Pero, el maestro ha de distinguir los medios del contenido y, los primeros han de subordinarse a lo segundo. Desgraciadamente, los productos de la tecnología, muchas veces ocultan lo natural, e incluso llegan a trastornar el trabajo de la persona quien se esclaviza por ellos: se somete a las exigencias de su conservación, a la competitividad para poseerlos, de allí la paradoja de la deshumanización por la alteración de la jerarquía de las criaturas. También, el exceso de producción puede ocasionar el desperdicio y la desmedida aparición de basura.

Entonces, puede haber desarticulación en el desarrollo armónico de la persona que se vuelca al exterior con un afán desordenado de ver por ver, de escuchar por escuchar, de divertirse por divertirse, de entretenerse por entretenerse, de curiosear por curiosear, de poseer sólo por poseer y descuida su interioridad. La raíz de tal deterioro es por la sustitución de los fundamentos metafísicos por los fundamentos de la ciencia práctica y un segundo grado de deterioro por la eliminación de todo fundamento para adoptar los estímulos de la tecnología.

La vida humana queda atrapada en la productividad como acción transeúnte y se minimiza la racionalidad de la producción con el lógico empobrecimiento de la operación inmanente. La persona queda inerme y sin dar razón de sus actos, sometida al desenfreno de la producción, atrapada por el consumismo y el hedonismo. La forma de rehacerse es mediante el ejercicio de las virtudes: orden, templanza, pero, sobre todo prudencia.

El maestro en el ejercicio de su tarea de formar ha de practicar las virtudes para poder después acompañar a sus discípulos en el camino de la adquisición de ellas. La virtud de la prudencia es fundamental para quien desempeña un encargo de superioridad, de ir por delante. Pero, el ejercicio de la prudencia hoy tiene sus peculiaridades que fundamentalmente consisten en el respeto a la verdad, yen su descubrimiento y profundización con el uso de las herramientas actuales a nuestro alcance.

El problema está en que las herramientas son tan atractivas que pueden imitar la realidad de tal modo que la sustituyen y la ocultan, también pueden presentar las hipótesis con tal vigor que aquello que es una suposición aún no demostrada se presenta como un dato real de manera que la ciencia ficción sustituye a los auténticos adelantos científicos. Los fantasmas suplen a los sujetos, los espejismos a la naturaleza, la imaginación a la inteligencia, la experiencia simuladora a la actividad productiva, los sueños a la vigilia. El papel de la prudencia está en dar nombre a cada hecho y en colocarlo en su propia función, en dedicar el tiempo adecuado a cada operación, en evaluar equilibradamente los resultados.

Aprovechar la tecnología para buscar los cómos, pero sin separarlos de los qués y los porqués. Los qués llevan al contacto y al respeto de la naturaleza. En ella se encuentran multitud de lecciones, sólo es sostenible un desarrollo que respete a la creación y que no dañe el medio ambiente. En la naturaleza aparece la sabiduría y la bondad de Dios, en ella hay un lenguaje con el que Él nos habla, la realidad divina se hace transparente y podemos hablar de Dios y con Dios. (Cfr. Audiencia General de Benedicto XVI, octubre del año Sacerdotal). Los porqués muestran la finalidad de las actividades, nada es al acaso pero cuando lo desconocemos podemos perder el valor y el sentido de la vida. Los para qué ubican a la persona en la importancia específica de su actividad y la localizan en el gran conjunto de los trabajos de los demás, hay una articulación importante y una revaloración de lo propio y de lo ajeno.

El papel del maestro prudente consiste en distinguir lo necesario de lo contingente, el fin de los medios, las causas de los efectos. Cuando no aparecen estas distinciones, el ser humano se robotiza, aprende a hacer sin preguntarse por qué y para qué lo hace. Poco a poco pierde el sentido de la vida personal, el sentido del trabajo, el sentido de la vida en común. Pierde el hábito de reflexionar, su afán es el de acertar, acumular logros sin sentido. En éstas condiciones, es fácil encontrar personas oportunistas que ignoran a dónde van

Para terminar, queda este texto para darle vueltas y revisarlo cuantas veces encontremos cierta confusión y con él podremos volver a aclararnos.

“Lo verdadero del entendimiento práctico se toma en distinto sentido que lo verdadero del entendimiento especulativo, como ya dijo el Filósofo. Porque la verdad del entendimiento especulativo depende de la adecuación del entendimiento a la cosa. Y como la adecuación no puede tener lugar de una manera infalible entre el entendimiento y las cosas contingentes, sino sólo con las necesarias, ningún hábito especulativo sobre materia contingente es virtud intelectual, sino sólo los que versan acerca de materia necesaria. Por otra parte, la verdad del entendimiento práctico depende de la conformidad con el apetito recto; conformidad que no tiene lugar tratándose de cosas necesarias, que no son realizadas por la voluntad humana, sino sólo respecto a las contingentes, que pueden ser hechas por nosotros, ya sean acciones humanas internas, ya obras artísticas externas. He aquí por qué solamente acerca de materias contingentes se señala la virtud en el entendimiento práctico: el arte en orden a las cosas realizables, y en orden a las acciones operables, la prudencia.”

Ana Teresa López de Llergo


Lic. en Química industrial e Ingeniería química. Maestra en Pedagogía, Dra en Ciencias de la educación. Miembro de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino y de la Sociedad Mexicana de Filosofía. Docente e investigadora en la Facultad de Pedagogía de la Universidad Panamericana. Autora de varios libros y artículos.Ponente en Congresos nacionales e internacionales.

Notas:

Fuente:  Congreso Nacional de la Sociedad Mexicana de Filosofia. Aula Gabriel Marcel. Universidad Simón Bolivar.  19-X-2013.

16 de noviembre de 2013

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