El asombro de vivir

“Me asombro de mí mismo / chocheo ante mi ser / hay en él tantas cosas admirables / cuanto sucede en mí y alrededor mío me estremece de júbilo”, dice en un fragmento del “Canto a mí mismo” Walt Whitman.

 

Coincide así con Platón, que fundamenta en el asombro el origen de la filosofía, y con Charles Peguy, quien afirma que el estupor, pariente del asombro, es la base de un conocimiento real.

Evidentemente es el asombro el que nos permite abrirnos sin condicionamientos a la realidad total, desplazando la contaminación que produce el prejuicio o cualquier estado producto de una actividad puramente mental y, por lo tanto, reductora de aquello que pretendemos conocer.

Es que el asombro nos lleva al enamoramiento, y como dice Ortega y Gasset, el amor no es ciego sino el supremo vidente, puesto que percibe valores que para una mirada indiferente permanecen ocultos. De allí que tenga efectos redentores.

Quiere decir que, contrariamente a una opinión generalizada, el conocimiento no es una cuestión que se desenvuelve dentro del ámbito estrictamente mental sino que abarca todo el ser, cuerpo y alma; sangre y conceptos.

La humanidad ha concretado sus descubrimientos a partir del asombro que impulsó a sus facultades, entre ellas la racional para realizarlos. Desde los hallazgos científicos hasta los filosóficos y literarios todos se originan en el asombro.

Es claro que no vivimos permanentemente asombrados porque es un estado de gracia, vale decir, no un mecanismo sino la creatividad que se origina en las mismas honduras del ser, ya que éste es un don, amor que se dona y nos dona.

El estado permanente de asombro serían el que vivían Adán y Eva en el paraíso, y porque lo perdieron se encontraron con los límites que impone el tiempo y, por lo tanto, la muerte y todo lo que deriva de la insuficiencia creada por darle la espalda a la totalidad del ser.

Con el asombro no queda lugar para el odio y las divisiones, las discriminaciones. No queda lugar porque nos lleva a las profundidades milagrosas donde se origina nuestra vida. Por momentos, entonces, tenemos acceso al Paraíso, pero volvemos a caer inmediatamente y es cuando empezamos a percibir la vida como algo negativo y llegamos a ser capaces de destruir todo lo que trabajosamente ha construido el hombre y asesinar a millares de vidas inocentes mediante una bomba nuclear.

Concluimos estas reflexiones sobre el asombro asumiendo la verdad que proviene de un estado de gracia y que nosotros sólo podemos ponernos en disponibilidad para pedirlo. Platón, Walt Whitman, Peguy y todos los que nos asombramos del ser lo sabemos y por eso también sabemos que el ser nos escucha y ello también es asombroso.

Notas:

Fuente: http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2009/08/26/opinion/OPIN-04.html

SantaFe,Argentina.  29 de agosto de 2009

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