La cruzada del voto

En Critón o el Deber del Ciudadano, de Platón, se sostiene la idea de la participación en los asuntos de la “polis”, de la ciudad. Para Sócrates es hasta un compromiso moral.

  La cruzada que muchos han emprendido a favor del voto topa con un serio obstáculo o variante que es la cruzada del voto, o sea, el voto cruzado. Para analizar cuidadosamente el asunto no hay que perder de vista que el voto es la expresión de una preferencia ante una opción (libertad o facultad de elegir) tanto como el parecer que se explica. Sin embargo qué pasa si no nos gusta ninguna de las opciones que nos ofrecen.

¿Las debemos aceptar a fuerza aunque seamos el pueblo soberano?

¿Debemos darles nuestro parecer positivo, creer en ellas o ellos?

El párrafo segundo de la fracción I del artículo 41 de la Constitución alude al sufragio universal, libre, directo y secreto; siendo evidente que la libertad y el secreto en el sufragio o voto significan manifestar mi opinión o parecer en el sentido más amplio y reservado. En consecuencia y en primer lugar soy libre de elegir una o algunas de las opciones propuestas, obviamente sin previa manipulación o inducción de mi voluntad. Pero en segundo lugar soy igualmente libre de no elegir ninguna. Y no la elijo quedándome en mi casa, lo que es abstencionismo, o en vez de emitir mi voto lo omito dejando la papeleta de votar en blanco.

Y yo pienso que la abstención y el voto en blanco son expresiones de la desidia e indiferencia políticas. Son la negligencia democrática. Es el avestruz receloso que mete la cabeza en la arena. Sin embargo el voto cruzado es en realidad un voto y no es posible identificarlo con la abstención ni con el voto en blanco, porque al cruzarlo se está votando, emitiendo una opinión, un parecer.

En otros términos es equivalente a:

“no me satisface ninguno de ustedes, ni tampoco sus partidos”.

El voto, la democracia, los partidos, son realidades sociales que pertenecen a la vida social. Desde luego nuestra vida individual se inserta en la vida social. Nuestro cuerpo personal se inserta en el social. El hecho es que durante lustros cada una de estas vidas se hallaba en su sitio, independientes, soberanas, porque la inserción de que hablo no es óbice para ello. Pero hoy en día no sucede así. ¿Qué ha pasado? Que la crisis por la que atravesamos ha generado una creciente desconfianza y descontento, una incredibilidad en las acciones y política del gobierno, tan grave que la vida individual, personal, personalísima, se ha visto involucrada en esto y consecuentemente dañada. O sea, que la inseguridad, los asaltos, los secuestros, los homicidios, han sembrado no sólo miedo en el espacio de la movilización social, de la vida social, sino en el de la vida íntima, de conciencia, de espíritu.

Yo sostengo que nuestro compromiso social tiene como finalidad la completitud y realización cabal del destino humano, que no es otro sino la culminación en nosotros y en la historia de los más elevados valores del espíritu; buscándolo o lográndolo cada quien a su manera. Lo cual es imposible en un ambiente social convulso, devastado por el crimen, desordenado, desquiciado. Y por ello nos estamos dando cuenta de que nuestra condición humana, la esencial, la trascendente, flaquea y se empobrece, se debilita, en el entorno social en que vivimos.

Todo lo anterior, quiérase que no, influye en el voto y lo determina. Ahora bien, hay varias clases de voto y yo las clasifico de la siguiente manera:

voto real y efectivo,
voto cruzado integral (en que se cruzan completamente las diferentes papeletas),
voto cruzado diferenciado (en que sólo alguna o algunas de las papeletas es cruzada o son cruzadas completamente),
voto en blanco,
voto negado o abstencionismo.

Desde mi punto de vista el voto en blanco y el negado son un desconocimiento de la democracia. Y algo más, sin duda la afectan, la perjudican seriamente. Es el avestruz que mete la cabeza en la arena; es el ocultamiento y la indiferencia. Al respecto la historia es muy antigua.

En Critón o el Deber del Ciudadano, de Platón, se sostiene la idea de la participación en los asuntos de la “polis”, de la ciudad. Para Sócrates es hasta un compromiso moral. ¿Por qué? Porque somos seres sociales y no debemos separar tal condición de nuestra naturaleza espiritual y trascendente. El famoso “zoom politikon” de Aristóteles equivale a eso. Reduciendo los términos es indiscutible que incluso el que niega la política (palabra que significa lo concerniente a los asuntos de la ciudad) es un “animal político”. Hace política, aunque de la mala. Pero en suma, desinteresarse de tales asuntos es renegar de la vida social en la que como individuos participamos con nuestros movimientos, acciones, actitudes, pequeños o grandes, relevantes o irrelevantes. Ha corrido la especie de “votar por el menos malo”, lo que por supuesto no le quita lo malo.

Creo que es o sería un grave error, tan dañino para la democracia como lo son el voto en blanco y el voto negado o abstencionismo. Votar así es repetir, digamos, la misma película. Es una forma de conformismo que en el fondo implica desdén por la democracia. Desdén y resignación casi sumisa. Es el conservadurismo político.

Ya he dicho que la crisis por la que atravesamos ha sembrado en millones de mexicanos la desilusión política. El ciudadano común y corriente carece de medios adecuados de expresión para manifestarse, para exponer sus inconformidades y protestas. Se lo atiborra, eso sí, de información que a duras penas puede digerir y ponderar. Él no informa al gobernante, no le da noticia de su situación y problemas de ciudadano; lo que le pasa lo tergiversan los políticos. Los comentaristas hablan y escriben por él. ¿Dirán lo que él piensa, lo que él quiere? ¿Qué le queda? ¿Acaso “el menos malo”? Sería detestable. Por eso yo sostengo que el voto cruzado, ya sea diferenciado o integral, es una opción electoral absolutamente válida.

Algunos piensan que no produce efectos jurídicos. Y qué. El voto produce básicamente efectos políticos, quedando lo jurídico en el espacio constitucional y legal que lo regula; y en lo tocante a sus efectos políticos me parece que dadas las circunstancias es un mensaje claro, rotundo. Es o sería un voto que en este sentido hay que tener en cuenta. Evidentemente el voto cruzado no se contabiliza en el proceso electoral. No importa, ya que votar no es necesaria y fatalmente elegir a alguien; también se puede “votar no elegir”, pero no “votar no votar”. ¿De qué sirve, se podría preguntar, un representante con muy pocos votos reales?

No hay que perder de vista que por un voto se gana o se pierde. Finalmente no es cuestión de cantidad sino de calidad y aunque el ganador tuviera muy pocos votos reales tendría la representación. Alguien tendrá que ganar pero si gana por un voto no es un triunfo de la democracia. El voto cruzado es la condena cívica ante la falta de partidos y de ofertas políticas. El voto cruzado significa una señal política y democrática de alarma. El deber del político es registrarla. Es un voto extremo, en circunstancias excepcionales; es un voto que rompe el esquema de mecanización de la política. Por otra parte yo rechazo la posibilidad de que por el voto cruzado no se elija a nadie. La democracia tiene reglas y nos las tiene. Me explico. Hay reglas operativas, de mera forma, y hay espacios abiertos, de espontaneidad; siendo ésta el alma de la democracia. En tal sentido yo creo en la inspiración democrática. Es un resorte que nos moviliza, que nos impulsa. Hay cosas que no se pueden reglamentar, como por ejemplo la decisión final del voto.

El votante y su conciencia solos, en la casilla electoral. Se reglamenta obviamente lo anterior. Nada más. En conclusión, no satanicemos el voto cruzado. A todos los inconformes, hostiles a lo establecido en el orden político, nos conviene; salvo a los que ven el demonio en la sagrada espontaneidad de la libertad. Son los caciques de la democracia, los dictadores del pensamiento.

Notas:

Fuente: http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n1199705.htm

Organización Editorial Mexicana

MEXICO. 11 de junio de 2009

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