Las actitudes filosóficas ante las crisis

Leyendo Las Crisis Humanas, del filósofo español José Ferrater Mora (JFM), y ante la época de crisis de escala planetaria que nos ha tocado vivir, me permito retomar algunas ideas vertidas por él en esa obra donde nos ilustra cómo se han enfrentado las crisis desde la filosofía.

En este caso, comenzaré por aludir a las escuelas filosóficas de los cínicos, los epicúreos, los estoicos y los neoplatónicos en el mundo antiguo del período helenístico, el cual se sitúa en el fin de la conquista de Alejandro Magno, luego de su muerte y concretamente después de la muerte de Aristóteles de Estagira en el siglo IV.

Las crisis sociales, nos dice JFM, son reales y se dan en los niveles económico, político, social y cultural. Entendemos por crisis social situaciones de inestabilidad e incertidumbre en lo económico, de deterioro severo del tejido social, de antidemocracia o carencia de libertades civiles, de corrupción y relajamiento de los valores. Es decir, las crisis sociales representan un deterioro a las condiciones de la vida material y espiritual de la población.

La gente percibe una falta de asideros o referentes en los cuales depositar su confianza o sus esperanzas de mejoramiento individual y colectivo, percibiendo, asimismo, una realidad que los avasalla ante lo cual muchos sucumben de distintas maneras. En general, hay tres formas de actuar ante las crisis sociales: una, tratando de adaptarse oportunistamente a ella; dos, resistiéndose intelectual y espiritualmente; y tres, una postura relativamente intermedia pero que se caracteriza por un intento de evasión. Cada modalidad de éstas tiene sus variantes pero lo que nos interesa es ejemplificar cómo desde la filosofía se ha intentado resistir en etapas de decadencia y por qué razón se adopta esta actitud.

La filosofía lo que hace es problematizar la relación del hombre con el mundo, es decir, tratar de encontrar sentido a la vida humana en medio de la desgracia, de la irracionalidad, de la maldad o de la injusticia. En otras palabras, se resiste a admitir que la felicidad no es posible, es decir, de que predomine la inmoralidad de los poderosos. En la antigüedad grecorromana del período helenístico, que podemos ubicar de finales del siglo IV a. C. hasta el IV d. C., las corrientes filosóficas más sobresalientes fueron los cínicos, los epicúreos, los estoicos, los escépticos y los neoplatónicos. En esta ocasión comentaremos brevemente a los dos primeros y en la siguiente entrega a los tres restantes.

La problematización filosófica de las crisis sociales se hace preguntas esenciales como indagar si es posible empatar el progreso material al progreso moral, es decir, si es posible aspirar a vivir con justicia y felicidad. Lo común, por consiguiente, de todas las posturas que vamos a examinar –independientemente de sus diferencias- es su propósito de preservar lo mejor del ser humano, lo que lo hace ser hombre.

Empezando por los cínicos, podemos decir que como corriente filosófica empezó desde los tiempos de Platón con Antístenes y Diógenes de Sínope, sin duda su representante más conocido. Los cínicos pertenecen a lo que en la historia de la filosofía se conocen como los socráticos menores, para distinguirlos de los socráticos de la Academia de Platón. Los primeros, imitaban a Sócrates en cuanto que centraban su actividad filosófica en refutar las teorías existentes. Sin embargo, no tenían propiamente una doctrina sino un modo de vida. Otro detalle es que siendo un movimiento no actuaban en conjunto sino individualmente.

Los filósofos cínicos centraban su postura en el desprecio a los convencionalismos sociales. Tenían una actitud antiintelectual y abogaban por un “retorno” a la naturaleza. Ferrater Mora distingue oportunamente el cinismo de estos filósofos con el cinismo de los políticos, pues mientras los primeros rechazaban toda forma de hipocresía, los segundos se basan en ella. El término cínico que nos llega resignificado en la actualidad, proviene, según parece, de una analogía de la actitud de estos filósofos con los perros en cuanto a que éstos actúan en forma desinhibida.

Los epicúreos, que al igual que los escépticos son ignorados en el referido estudio de Ferrater Mora, surgen como una comunidad en torno a la figura de Epicuro, filósofo materialista continuador del atomismo de Demócrito.

Notas:

http://www.eltiempodenayarit.com/nota.php?id=15808

Nayarit,MEXICO.  1 de septiembre de 2009

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