¿Qué es un filósofo?

¿Qué es, entonces, un filósofo? La respuesta es clara: un motivo de risa, un bufón distraído, el blanco de chistes, desde “Las nubes”, de Aristófanes, a “La historia del mundo, parte uno”, de Mel Brooks. Cada vez que el filósofo es impelido a hablar de las cosas que están a sus pies, causa una carcajada no sólo a la muchacha tracia, sino al resto de la multitud. La torpeza del filósofo en los asuntos mundanos hace que parezca estúpido o que dé “la impresión de ser completamente tonto”.
Jueves 20 de mayo de 2010

Hay tantas definiciones de filosofía como hay filósofos; quizás haya aún más. Después de tres milenios de actividad filosófica y desacuerdos, es improbable que lleguemos a un consenso y por cierto que yo no quiero añadir más aire caliente a la nube del desconocimiento. Lo que quisiera hacer… es plantear una pregunta ligeramente diferente: ¿qué es un filósofo? Como dijo Alfred North Whitehead, la filosofía es una serie de notas de pie de página a Platón.

Permítanme que me arriesgue a sumar una nota de pie de página a la provocadora definición de Platón sobre el filósofo, que aparece en el medio de su diálogo “Theaetetus”, en un pasaje que algunos eruditos consideran una “digresión”. Pero, lejos de ser un pie de página, pienso que este momento de Platón nos cuenta algo enormemente importante sobre qué es un filósofo y qué hace la filosofía.

Sócrates cuenta la historia de Tales, quien fue según algunos relatos el primer filósofo. Estaba mirando tan fijo a las estrellas que se cayó en un pozo. Se dice que una aguda sirvienta tracia hizo un chiste a costa de Tales: que en su avidez por saber lo que ocurría en el cielo no reparaba en las cosas que había frente a él y a sus pies. En la traducción (inglesa) de Seth Benardete, Sócrates añade que “la misma broma es válida para todos aquellos que se dedican a la filosofía”.

¿Qué es, entonces, un filósofo? La respuesta es clara: un motivo de risa, un bufón distraído, el blanco de chistes, desde “Las nubes”, de Aristófanes, a “La historia del mundo, parte uno”, de Mel Brooks. Cada vez que el filósofo es impelido a hablar de las cosas que están a sus pies, causa una carcajada no sólo a la muchacha tracia, sino al resto de la multitud. La torpeza del filósofo en los asuntos mundanos hace que parezca estúpido o que dé “la impresión de ser completamente tonto”.
Pero como siempre pasa con Platón, las cosas no son necesariamente como primero se ven, y Sócrates es el más grande de los irónicos. Primero, deberíamos recordar que Tales creía que el agua era la sustancia universal de la que todas las cosas estaban compuestas. El agua era la piedra “filosofal” de Tales. De allí que, al caer a un pozo, enfatiza inadvertidamente su argumento filosófico. Pero hay aquí un nivel más profundo y más perturbador de ironía, que yo quisiera rebanar más lentamente.

Sócrates incorpora la “digresión” haciendo una distinción entre filósofo y abogado o “picapleitos”. El abogado debe presentar un caso ante el tribunal y el tiempo es esencial. En los procedimientos griegos se asignaba a la presentación de los casos un lapso limitado. El tiempo se medía con un reloj de agua, o clepsidra, literalmente un roba-tiempo. El abogado, el jurado y, por implicancia, la sociedad, viven bajo esa constante presión. El flujo del agua del tiempo está amenazando con ahogarlos. En contraste, podríamos decir, el filósofo es la persona que tiene tiempo o que se toma el tiempo. Theodorus, el interlocutor de Sócrates, presenta la “digresión” con las palabras: “¿No estamos en el ocio, Sócrates?”. La respuesta de éste es interesante: “Parece que lo estamos”. En filosofía las apariencias pueden ser engañosas. Pero aquí el contraste básico es entre el abogado, que no tiene tiempo, o para quien el tiempo es dinero, y el filósofo, que se lo toma. La libertad del filósofo consiste en ya sea pasar libremente de tópico a tópico o pasar los años volviendo sobre el mismo debido a perplejidad, fascinación y curiosidad.

Llevando un poco más allá, podríamos decir que filosofar es tomarse el tiempo, incluso si no se tiene, cuando está constantemente presionando tras la espalda.
Los ocupados lectores de este periódico sin duda entenderán este sentimiento… Como dice Wittgenstein: “Así es como deberían saludarse entre sí los filósofos: ‘Tómate tu tiempo’”. Lo cierto es que a ustedes podría decirles algo sobre la naturaleza del diálogo filosófico si les confieso que mi atención fue atraída por el siguiente pasaje del Theaetetus mientras discutía sobre el ocio con un estudiante de doctorado de la New School.

Sócrates dice que aquellos que bajo la constante presión de los asuntos, como abogados, estadistas, agentes hipotecarios y administradores de fondos de riesgo, quedan “encorvados y raquíticos” y sujetos a “hacer cosas torcidas”. El picapleitos es exitoso, rico y de lengua extraordinariamente almibarada pero, agrega Sócrates, “pequeño en su alma y astuto y sigiloso”. El filósofo, o la filósofa, es libre en virtud de pertenecer a otro mundo, por su capacidad de caerse en los pozos y parecer tonto. Sócrates añade que el filósofo no ve ni escucha las llamadas leyes no escritas de la ciudad, las costumbres y convenciones que rigen la vida pública. No muestra ningún respeto por el rango y el privilegio heredado y no está al tanto de la alta o baja cuna. Tampoco se le ocurre ingresar a un club político o bando privado. Como dice Sócrates, sólo el cuerpo del filósofo mora dentro de los muros de la ciudad. En pensamiento, está en otro sitio.

Esto suena a ensoñación, pero no lo es. La filosofía debería venir con la clase de advertencia sanitaria que uno encuentra en las cajetillas de cigarrillos: “La filosofía mata”. Aquí nos acercamos a la profunda ironía de las palabras de Platón. Los diálogos fueron escritos después de la muerte de Sócrates. Éste fue acusado de impiedad hacia los dioses de la ciudad y de corromper a la juventud de Atenas. Se le obligó a hablar ante el tribunal para defenderse, a hablar en contra del reloj de agua. Se le acabó el tiempo y sufrió las consecuencias: fue condenado a muerte y obligado a suicidarse. Un par de generaciones más tarde, durante las sublevaciones contra el dominio macedonio que siguieron a la muerte de Alejandro el 323 a. C., el ex tutor de Alejandro, Aristóteles, huyó de Atenas diciendo: “No permitiré a los atenienses pecar dos veces contra la filosofía”. Desde los griegos antiguos a Giordano Bruno, Spinoza, Hume, y hasta la vergonzosa demanda judicial que impidió a Bertrand Russell enseñar en el City College de Nueva York en 1940, bajo el cargo de inmoralidad sexual y ateísmo, a la filosofía se la ha identificado con la blasfemia contra los dioses, cualesquiera fueran esos dioses.

Nada es más común en la historia de la filosofía que la acusación de impiedad. Debido a su risible lejanía de este mundo y a su falta de respeto por las convenciones, los rangos y los privilegios, los filósofos se niegan a honrar a los viejos dioses y esto los hace políticamente sospechosos. ¿Pueden ocurrir aún esas cosas en nuestra era felizmente ilustrada? Depende de dónde se ponga la vista y cuán de cerca se mire.

Quizás el que ríe último es el filósofo. Pese a que siempre se verá ridículo ante los ojos de los picapleitos y los obsesionados con mantener el statu quo, todo lo contrario ocurre cuando el no-filósofo se ve obligado a exponer ante la justicia sobre sí mismo o, en general, sobre la felicidad y el infortunio. Lejos de ser elocuente, insiste Sócrates, el picapleitos queda “perplejo y tartamudea”. Se podría objetar que ridiculizar el tartamudeo de los otros no es cosa buena de hacer (…) Sócrates atribuye todo tipo de virtudes al filósofo, aparte de la moderación. Criados en la libertad y tomándose su tiempo, hay algo terriblemente inexplicable en ellos, algo ya sea monstruoso o semejante a un dios, o de hecho ambas cosas. Por eso la mayoría de las personas sensibles piensan que los atenienses tuvieron razón en condenar a Sócrates a muerte. Les dejo a ustedes decidirlo. Yo no estaría en condiciones de juzgar.

Simon Critchley

Es Profesor de filosofía y autor de “El libro de los filósofos muertos”

Notas:

Fuente: http://www.lanacion.cl/-que-es-un-filosofo-/noticias/2010-05-19/210106.html

HERALD TRIBUNE

Chile.  20 de mayo de 2010

Hay 2 comentarios

May 20, 2010 - 8:36 PM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

Es muy interesante lo que nos redacta este autor.
Un filósofo puede estar atado a algunas cosas sociales pero por dentro su mundo es totalmente distinto. siempre abstraído y tratando de encontrar la verdad de las cosas.
PD: Soy uno de ellos:

January 24, 2012 - 2:19 PM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

por favor solo necesito saber que es un filosofo no un reguero de vainas que no tienen sentido…

February 03, 2014 - 3:15 PM: .(JavaScript must be enabled to view this email address) dice:

Gubernamentales herramientas detalles guitarra te amo el k lo lea

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