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Una sistematización gramatical (II)

La gramática tiene una existencia muy antigua. Varios siglos antes de Cristo era de interés para los filósofos y tratadistas que la hicieron perdurable en sus manifiestos escritos. Martínez Amador dice que:

“Homero, Hesíodo, Esquilo, Sófocles, Eurípides, no sabían gramática por la sencilla razón de que todavía no existía esa disciplina en griego”. ...

Y dice que:

“Los primeros vagidos de la ciencia filosófica se remontan a no menos del siglo VI antes de Cristo. Los sofistas fueron los primeros en preocuparse por esta clase de estudio para desglosar y explicar la poesía homérica. El principal de los gramáticos fue Protágoras (…) Pero donde por primera vez se enfoca el tema de filosofía del lenguaje, unido al problema del conocimiento, es en el discutido diálogo platónico ‘Cratilo’; éste, Hermógenes y Sócrates forman los interlocutores del diálogo”.

El mismo autor citado sostiene que:

“Aristóteles era considerado por los antiguos como el fundador de la filosofía; pero si es cierto que trató la filosofía del lenguaje, no la consideraba como una disciplina independiente, sino como un medio de expresión de la lógica, de la retórica y de la poética”

Desde sus indagaciones primitivas el filósofo se preocupo por plantear a través de mentes doctrinarias toda la fenomenología existente en la gramática, como condición de un ordenamiento proyectado a la emisión y observación de las estructuras de la lengua. La “intentio recta” tal vez haya sido el medio o el camino que se consideró más expedito para la formación de los anunciados de esta disciplina, haciéndose así un universo conceptual que le permitía al individuo y a la sociedad la transmisión del pensamiento y el logro de la comunicación. Estas formas escritas en un espacio totalmente estructurado en textos, permaneció prácticamente/inalterable en el dilatado proceso temporal, con las variables, cambios, adiciones, supresiones y otras transformaciones debidas a los aportes técnicos e investigativos de lingüistas y semiólogos.

La gramática recargada de formulismos desordenadamente mezclados, sin ningún carácter diferenciador entre unos y otros, más bien con una carga de libres sistematizaciones, dictó la pauta del comportamiento lingüístico durante muchos siglos. La gramática tradicional era (lo sigue siendo), poco científica en su corpus y en el manejo de sus integraciones y contenidos; entremezclados en sus partes formativas, tratando de fijar criterios en lo formalmente normativo (gramática normativa), contentiva de normas, leyes y disposiciones rigurosas que apuntaban directamente a

“la concepción de la gramática únicamente como un conjunto de reglas y procedimientos para escribir y hablar con corrección; gramática que ha tenido largo arraigo y ha oscurecido la comprensión del análisis genuino del hecho lingüístico”.

Así deviene su tránsito por la extensión de los siglos, deslindando y reabsorbiendo formas y rigurosidades; posibilidades de adaptación y cambios en su estructura, debido a la reflexión y análisis de escuelas y tendencias, con sus características deslastradoras de las influencias de los medios por los que se expresan la filosofía, la retórica y otras disciplinas.

La gramática, tal vez sin llegar a un estado de “teoría gramatical”, estuvo adscrita y subordinada a la lógica y a la filosofía. Esa supeditación o dependencia le dio, tanto a las categorías como a las construcciones sintácticas, una clara correspondencia entre juicios y pensamientos lógicos. La lengua en tal caso, no era otra cosa que la expresión total del pensamiento lógico, sin independencia científica, con una serie de intereses alejados de los propios niveles de su interioridad y con una mezcla de componentes que dificultaban la visión de sus categorías o niveles diferenciadores. Tal desorden en los puntos de vista permitían mezclar lo sintáctico, lo morfológico y lo semántico con relativa frecuencia, así como hacer combinaciones entre los criterios.

En la concepción moderna y actualizada de esta ciencia, su estructuración se plantea mediante una completa coherencia de los puntos de vista o estratos integradores, sin que por ello aparezcan situaciones de complejidad ni de abstracción. La estructura de la gramática actual es eminentemente técnica, con una actitud de auténtica racionalidad científica, lo que le aporta proposiciones y significaciones que la presentan y condicionan como una verdadera ciencia y le hacen atractivos sus dominios.

Una concepción científicamente más acabada de la lengua y sus estructuras formales y funcionales, determinada en el tiempo, sobremanera en la última parte del siglo XIX y en todo el siglo XX; una nueva visión de la gramática que la pone a tono con la lingüística mediante los enfoques estructurales, funcionales y generativos que la definen y postulan hasta sus últimas configuraciones, es lo que se plantea con una progresiva y tenaz intención y apetencia de independizar científicamente esta ciencia tan connatural al hombre y definitivamente prioritaria en su existencia como individuo social. Así,

“El enfoque estructural de la gramática representa un método científico general (...) Sólo estudiando la lengua con criterios es posible llegar a una ordenación sistemática, a una técnica científica”.

La gramática tiene plena independencia científica y está alejada de la lógica. A la gramática no le interesa mezclar puntos de vista extraños a sus propios intereses. Por eso se han desechado expresiones como

“análisis lógico”,
“análisis analógico”,
“sujeto lógico”,
“predicado lógico”.

Actualmente se habla más adecuadamente de núcleos y modificadores. Tampoco deben emplearse términos como “complementos determinativos”, calificativos o explicativos. Así, fácilmente, vemos que la gramática actual es rigurosamente científica y técnica. Acomete el análisis correspondiente al criterio deseado, sea morfológico o sintáctico, sin mezclar los distintos niveles gramaticales.


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Alí Medina Machado

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