
Por Yamiris Matías.
En su obra El hombre en busca de sentido, Viktor Frankl trasciende su formación académica para indagar la esencia del individuo más allá de su diagnóstico clínico.
A través de la ontología, Frankl logra “conocer al hombre en su estado puro” redescubriendo la grandeza humana – nobleza, sensibilidad y solidaridad—como también su faceta más primitiva; aquella que, desde la lógica convencional resulta incompresible. También observo como algunos no lograron “madurar interiormente”, porque muchos sucumbieron a sus instintos más básicos, renunciando a la posibilidad de elevar su condición humana ante la tragedia.
Al ser privado de su libertad en los campos de concentración nazis, Frankl experimentó la anulación total de su identidad, perdió su nombre, su familia, su hogar y su carrera. Reducido a un simple número, comprendió que el cautiverio lo obligaría a una metamorfosis constante para sobrevivir. Incluso sus manuscritos que llevaba ocultos y que contenían el trabajo de toda una vida, fueron arrebatados y pisoteados por sus verdugos.
En ese entorno miserable, el autor observa que el individuo conserva una última cosa, la libertad. Aquella que nos hace decidir qué tipo de persona seremos frente a los demás.
Frankl señala que los factores sociales, religiosos y políticos, sumados a la soledad del encierro, pueden limitar la trascendencia existencial o espiritual.
Sin embargo, incluso en la rutina de horror, el ser humano recurre a la memoria de acontecimientos y momentos que terminan siendo como refugio que reconfortan el alma. Es como si esos recuerdos de la vida previa actúan como una especie de “película” en la memoria que alimentan el alma frente a una realidad cadavérica y absurda.
Según el planteamiento de Frankl, la existencia humana NO transciende en el mero hecho de “estar” o ser “pasivo”; sino que el hombre decide existir.
Existir implica una decisión deliberada sobre la propia esencia de lo que queremos ser frente a la nueva circunstancias y el rumbo que tomara la vida en el futuro.
Tras su liberación, Viktor no busco la venganza, sino la compresión de un pasado que no olvida, pero con el cual aprendió a lidiar. Así, propuso la logoterapia como un método de sanación basado en una premisa fundamental: “el sufrimiento deja de ser sufrimiento en el momento en que encuentra un sentido” para volver a vivir.
La logoterapia como herramienta indispensable para quienes han padecido el aislamiento, sufrimiento o algún tipo de dolor que resulte difícil de superarlo.
Esta técnica estimula un despertar de la conciencia hacia la responsabilidad y la toma de decisiones, dotando al individuo de un nuevo propósito existencial en donde la vida cobra un nuevo significado.
Trabajando desde el problema neurosis; el sujeto comprende que su conducta debe orientarse hacia un sentido de vida renovado para la integración y el bienestar en la sociedad.
Se trata de una psiquiatría humanista que busca la autotrascendencia. Un acto de superarse a sí mismo para hallar luz en la oscuridad. Una superación en donde el caos se ordena y el sinsentido cobra significado.
En última instancia, Frankl nos enseña que el sentido de vida se produce precisamente, al aceptar con conciencia los dones y desafíos de nuestra propia historia.
Notas

Yamiri Matías es Filosofia
Fuente: eljaya.com/248902/autosuperarse-a-si-mismo/
14 de febrero de 2026
