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«Mayo del 68, cuéntame como te ha ido»: de la utopía al consumismo conformista, y mucho sexo egoísta

Qué queda para que entiendan las nuevas generaciones del Mayo del 68 – la apuesta por el yo individualista y consumista

Se está acabando mayo y con él las celebraciones del Mayo del 68. Como ya adelantó el joven filósofo francés François-Xavier Bellamy (aquí en ReL), no ha habido apenas autocrítica por parte de los que entonces salieron a las calles en París y Francia. Muchos de ellos tienen hoy el poder y están muy cómodos, hablando de revolución desde su sofá.

Por lo general, toda la izquierda -excepto los comunistas más ortodoxos- se felicita: se pasó de la modernidad a la postmodernidad y del marxismo al sexo libre. Se acabó con el autoritarismo, y de pasó también con cualquier autoridad. Y ya les parece bien.

Un ejemplo: Fernando Savater

Un ejemplo de análisis poco duro lo tenemos en el filósofo Fernando Savater, en El País. “Más que revolucionarlo todo, sirvieron para desatascar lo rígido y autoritario”, se fue “más allá de la consabida problemática de la izquierda contra la derecha”, dice.

“El campo e batalla que inauguró el 68 (al menos en los países como Francia, que ya disfrutaban de democracia) fue la transformación de la vida cotidiana. Lo que se exigía no era un cambio en el Gobierno sino un cambio en la forma de vivir, en el trabajo, en el sexo, en la enseñanza, en la diversión… […] Para quienes adquirimos nuestra conciencia política individualista, hedonista y lúdica (también ingenua) en aquellos días, la mejor noticia fue que se podía ser progresista sin carnet del partido comunista o similares”.

Y sin abandonar el individualismo, el hedonismo y la mentalidad lúdica, añade: “el progresista sabe que nacemos rodeados de males y que moriremos rodeados de males también, pero aspira a que los males del final no sean los mismos o peores que los del principio”. Se le puede responder: ¿es sabio cambiar males conocidos, cuyo alcance es controlable y previsible, por males “que no sean los mismos”, de consecuencias imprevisibles, quizá mucho peores?

Mayo del 68, una exploración en 10 voces

Mayo del 68, una exploración en 10 voces

Para lograr un análisis más completo y más crítico tenemos el libro “Mayo del 68: cuéntame cómo te ha ido”, de dos profesores del Instituto de Filosofía Edith Stein (www.institutoifes.es). Marcelo López Cambronero y Feliciana Merino, que son matrimonio, entrevistan en profundidad a 10 personajes que vivieron de cerca el Mayo francés, de los que la mitad son cristianos.

Primero, repasan en 17 páginas los hechos concretos que sucedieron en Francia: la revuelta estudiantil, la incorporación de obreros desabasteciendo las ciudades, el gran susto del gobernante De Gaulle que huyó en helicóptero… y la gran manifestación conservadora que lo detuvo todo y llevó a unas elecciones ganadas por los conservadores. Y, sin embargo, culturalmente ya había ganado la postmodernidad.

Después, abordan cinco temas (la revolución, mayo del 68 en sí, su efecto en el feminismo, en el nacionalismo y en la Iglesia), contrastando dos personajes en cada uno.

Sobre la experiencia revolucionaria, el estar en barricadas y organizar la revolución, hablan Alain Krivine, líder francés aún ateo y antirreligioso, y Aldo Brandirali, político católico italiano, converso en Comunión y Liberación, que fue en su época líder de una facción comunista extremista que estuvo a punto de optar por la lucha armada. (Léase aquí el testimonio de conversión de Aldo Brandirali).

Para reflexionar desde una cercanía a los hechos, se contrasta al escritor español Gabriel Albiac (que se ríe de las utópicas ensoñaciones de comunas maoístas de la época) con el pensador católico francés Jean-Luc Marion, muy cercano al cardenal Lustiger, que entonces era capellán estudiantil en París.

Jean Luc MarJean Luc Marion es uno de los pensadores franceses más respetados en la actualidad

Jsean Luc Marion es uno de los pensadores franceses más respetados.

Marion recuerda que las universidades, diseñadas para atender a unos 200.000 estudiantes, tenían a un millón o más. Pero, por otra parte, había casi pleno empleo y sustento asegurado para todos.

La cosa empezó, señala Marion, por la reivindicación de que los internados universitarios no estuvieran separados por sexos. Como Savater, confirma que Mayo del 68 sirvió para poder ser anticomunista sin ser necesariamente de derechas. Y para “el cuestionamiento de cualquier autoridad, la liberalización de la moral, y poder decir cualquier cosa, lo que fuera”.

El cura Lustiger declaró “no hay ningún sitio para el Evangelio en esta feria”. El poeta Paul Claudel creía que quizá el Espíritu Santo -que aletea sobre las aguas del caos- intentaba hacer algo allí pero Marion veía que “no pasaba de ser un follón que no ofrecía ninguna posibilidad a los cristianos”.

Marion cree que al cuestionar los jóvenes la autoridad, salió a la luz que muchos obispos eran líderes malos o mediocres. Muchos clérigos dudaron entonces sobre lo que significaba ser religioso o sacerdote (¿sin autoridad?) y muchos religiosos jóvenes dejaron el clero.

Una mirada católica y otra no religiosa

Una mirada católica y otra no religiosa

Gabriel Albiac tenía entonces 19 años y era más o menos comunista porque ser meramente democristiano le parecía poca cosa. La policía franquista ya tenía un gran expediente sobre él, que le asombró ver.

Se ríe de Mayo del 68, pero parece -si habla con ironía no se nota- que Albiac asume aún hoy con solemnidad su doctrina consumista sobre el sexo. “Una de las cosas que nos descubrió el 68 es que al hablar de sexo no cabe hacer juicios morales, porque no es más que un mero entretenimiento en el que no es posible consideración moral de ningún tipo. Proyectar sobre el sexo grandes categorías que lo conviertan en un espacio sagrado supone una regresión monstruosa”, dice. O sea, Albiac, en este tema -que el sexo no es nada sagrado, sino mero consumo- se mantiene en el nivel de los chicos rijosos de 19 años que querían entrar en los cuartos de las chicas. “Hedonista y lúdico”, que decía Savater.

El mayo del 68 era machista... y abortista

El mayo del 68 esra machista… y abortista

Sobre la mujer y el feminismo hablan la francesa Françoise Picq y la española Amelia Valcárcel.

Picq recuerda que el 68 era machista, como todo entonces. Los chavales revolucionarios pedían sexo a las chicas, por “liberación”. Algunas cedían, otras no. Pero el 68 enseñó a las chicas jóvenes que era posible hacer cosas y cambiar cosas. A partir de 1970, con Simone de Beauvoir y con ideas feministas norteamericanas, nace el feminismo francés.

François Picq, relevante feminista francesa... poco beligerante con los vientres de alquiler y su consumismo capitalista, abortista estilo setentero

François Picq, relevante feminista francesa… poco beligerante con los vientres de alquiler y su consumismo capitalista, abortista estilo setentero

Sobre el aborto, Picq sigue repitiendo eslóganes de los 70 acerca de que “la mujer no es una máquina reproductora” y para demostrarlo ha de abortar. Tampoco acepta la objeción de conciencia de un hospital. Se muestra convencida de que no hay bebé hasta que es “independiente de la madre” (los españoles se van de casa de mamá a los 28 años).

Picq ni siquiera es capaz de hablar contra los vientres de alquiler como hace la mayor parte del feminismo actual. Eso sí, no le gusta que hombres homosexuales vayan a conseguir bebés a Ucrania. Pero parece que si son lesbianas no le molesta. ¿Congelar óvulos por presiones de la empresa para tener hijos más tarde? No es lo ideal, pero hay que vivir con el capitalismo, dice, poco beligerante.

Los progres del 68, misóginos y sadianos

Es interesante la mucha mayor conciencia crítica actual que tiene, por contraste, la filósofa feminista española Amelia Valcárcel. Ella recuerda que en el 68, como tantos antifranquistas, era comunista, algo que en Francia ya estaba demodé. “Teníamos en la cabeza saberes incompatibles, lecturas que no se dejan mezclar, Sigmund Freud con Carlos Marx, con la novela pornográfica, con tratados esotéricos… esa mezcla, en una cabeza, tiene resultados impredecibles”, recuerda.

Las feministas que conocía no eran del 68, que se dedicaban a otras cosas, “los oprimidos de la tierra, etc…” Denuncia que los 60 era muy misóginos, y más entre los progres “porque a la mística le añadían un componente sadiano” (del marqués de Sade, se entiende).

Amelia Valcárcel, si se le pregunta, arremete contra la ideología de género, las doctrinas queer y los vientres de alquiler

“La teoría de género no es feminismo”

Amelia Valcárcel dice que no entiende “eso del feminismo posmoderno” y que “la teoría del género y esas teorías queer no son feminismo. No lo pienso yo sola. Martha Nussbaum, por ejemplo, piensa lo mismo”.

Piensa que son filosofías vacías pero que hoy venden mucho porque “¿qué político avieso no prefiere esto en el candelero en lugar de reivindicaciones bien ordenadas con agenda y fechas, sustituir la agenda de la paridad por verborrea de la alteridad?”

Después, Valcárcel empieza a decir cosas que quizá pronto sea ilegal decirlas: “El sexo no es una fabricación ni una elección, está en los cuerpos, que son sexuados”, afirma. Y al ir entrando en calor añade: “Si me aparece alguno con una buena barba y me dice que se llama Jennifer, pues como no estoy en el reino del sentido cambiado, no tengo motivo para darle la razón. Carece de prueba empírica”.

Y más aún: “Pretenden cosas tan dudosas o definitivamente peligrosas como realizar intervenciones hormonales en criaturas de escasos años, tratamientos tempranos de reasignación de sexo con tales dosis de fármacos, ¡que no se lo harías ni a tu gato! No tengo ninguna pretensión de ser la más progre del barrio. Por lo tanto, no quiero tomar por vanguardia lo que no lo es. Otras jóvenes feministas lo ven igual que yo y les parece una barbaridad lo que está saliendo de la bolsa queer”.

Y, sin detenerse, preguntas incómodas: “¿Qué pasa si un violador que está en la cárcel se declara mujer? ¿Lo mandas a una cárcel de mujeres? ¿Y si un señor acusado de violencia de género te dice que no se le puede aplicar la ley vigente porque él no es un varón, porque se siente una mujer?”

¿Y los vientres de alquiler? Es “economía criminal”. “Son personas que quieren cumplir el deseo de tener un niño o una niña y no les importa que para conseguirlo se tenga que derribar el edificio entero de la filiación”, añade. “Quienes defiende el vientre de alquiler lo que defienden es que la esclavitud es una cosa buena, solo que en parte. En la esclavitud los hijos eran del amo, una esclava no tenía derechos, ni sus criaturas. Es más que explotación, es tan fuerte que no hay ni palabras”.

[Más sobre la ideología de género aquí en ReL]

Miquel Roca aprendió que el utopismo no sirve

Sobre el efecto de mayo del 68 en los nacionalismos hablan Miquel Roca, expolítico nacionalista catalán y uno de los “padres de la Constitución española” y el ex-etarra Mikel Azurmendi.

Miquel Roca cuenta anécdotas interesantes sobre su padre intercambiándose por un señor de nombre similar en la mortal checa anarquista de San Elías, en Barcelona, y luego su nacimiento en el exilio, bajo bombas nazis en Burdeos.

En el 68, dice “estábamos encandilados con el maoísmo o el castrismo”, de los que no sabían nada.

De Mayo del 68 Roca y sus compañeros aprendieron que el utopismo poético no sirve, y decidieron hacer cosas prácticas: ser abogados y entrar en colegios profesionales y asociaciones e influir allí. ¿Y los radicales que siguen con sus chaladuras? “La utopía es mucho más estimulante y tentadora que discutir el tipo de IVA aplicable a la cultura”, lamenta.

Cuando le preguntan por la influencia del catolicismo en el nacionalismo catalán responde algunas generalidades. Después constata, sin que le moleste, parece, que la secularización “se va a imponer en todas partes”, que la religión será sólo algo para “la dimensión íntima” y que la secularización no es más que cumplir lo de “dar al César lo que es del César”. (O sea, que a Dios solo se le pueden dar cosas muy íntimas e invisibles, por no decir irrelevantes. O, por citar un artículo de hace unos años de Josep Miró i Ardèvol, “el cristianismo támpax que no se ve, no se nota, no traspasa”).

Azurmendi y las dos locuras de ETA: la nación y la revolución

Mucho más interesante es el testimonio de Azurmendi, con toda su vida de contradicciones, de impulsos, de ideología a empujones, de creencia en la amistad, primero como etarra, luego como cofundador de iniciativas por la paz como Basta Ya y Foro Ermua.

Su familia era muy católica. Su padre, apresado por el bando nacional, acabó reclutado en un tabor de tropas marroquíes. Azurmendi fue seminarista. Se sentía mal vasco porque un primo suyo hizo un sermón en euskera y no lo entendió.

Leyendo a Sartre, e interesado en temas sociales, dejó la fe. Hoy se considera agnóstico, pero “con deseo de infinito” y dice que sólo en los últimos 2 años ha empezado a investigar sobre gente cristiana y “a reflexionar sobre ello”.

En Francia, Azurmendi entró en ETA. Escondía etarras, los llevaba en vehículos a acciones de robos e intimidación, huía entre disparos… Pero aún no había muertos.

Mikel Azurmendi, sociólogo, de ETA al pacifismo antinacionalista

Estuvo en Mayo del 68 en las barricadas. “Hubo una violencia de narices, desde luego que la hubo. ¿Qué quieres? Venían a darnos de leches. ¿O es que hacer una barricada y lanzar piedras no es violencia? Hubo una violencia del carajo”, explica, muy expresivo.

Fue unas semanas después, en junio, cuando, con un compañero, decidieron que ETA no debía apostar por la violencia, que leer a Lenin y Marx les convencía de que se debía más bien organizar un partido obrero, y dejar de lado el tema nacionalista. Pero ETA quería “violencia revolucionaria”. Azurmendi la dejó en 1970, después de sufrir a sus manos una sesión de tortura. Hoy dice: “toda vida es un regalo”. Aún es un hombre en búsqueda.

Mayo del 68 y la Iglesia española: años de desconcierto

Sobre mayo del 68 y el mundo católico hablan el cardenal Fernando Sebastián, arzobispo emérito de Pamplona, de 89 años, y Eugenio Nasarre, durante muchos años político del Partido Popular.

El cardenal, que se ordenó en 1953, recuerda que en los 50 los únicos jóvenes que, por economía, podían estudiar fuera de España eran, básicamente, los sacerdotes jóvenes, recién ordenados. En Roma, Bélgica, Francia o Alemania, descubrían otro mundo. Después lo contrastaban con la Doctrina Social “y nos dábamos cuenta que en España tenían que cambiar cosas”.

No había sindicatos católicos, dice. La gente con inquietudes sindicales no oficialistas, católicos o marxistas, acababan apuntándose a entidades como la Hermandad Obrera de Acción Católica (creada en 1946), que habían nacido como apostolados. En Acción Católica se formaron líderes sindicales, sociales y políticos.

En 1968 los obispos disolvieron estos movimientos porque habían dejado de ser apostólicos. “Desaparecieron muchas cosas buenas, revistas, círculos de formación, presencia e influencia de la Iglesia en el mundo del trabajo; fue un momento de empobrecimiento y de consecuencias que aún padecemos”, señala Sebastián, que fue consiliario de HOAC en Cataluña desde 1957 hasta 1961.

Eclesialmente, Mayo del 68 simboliza un nuevo laicismo: no es la agresividad de los comunistas, sino el menosprecio posmoderno, “ateísmo pacífico y tranquilo, sin crisis religiosas, los jóvenes dejan el cristianismo como se deja un traje que te ha quedado pequeño, se olvida, sin traumas ni preocupaciones”, lamenta el cardenal.

Él fue rector de la Pontificia de Salamanca de 1971 hasta 1979: toda la Transición. “Los partidos políticos, en la clandestinidad, se infiltraban en la universidad, hacían sus propagandas entre los estudiantes. […] Hicimos todo lo posible para ayudar a discernir a los estudiantes, a ver la realidad de las cosas. Lo teníamos que hacer sin poder contar con la ayuda de las instituciones porque las personas mayores, civiles o eclesiásticas, con la mejor voluntad, no podían comprender lo que estaba sucediendo”. Tenían 500 seminaristas en esa facultad de Teología.

En la entrevista, de 20 páginas, el cardenal combina algunos datos interesantes de la época con muchos lugares comunes aplicables a cualquier situación. Cuando se le pregunta por la izquierda actual en España, del siglo XXI, constata: “todavía está bajo la influencia de las antropologías ateas de los siglos XIX y XX; hay demasiada incomunicación. La gente de izquierdas no conoce de cerca las actividades de la Iglesia, vive de estribillos, que se repiten de generación en generación, no conoce bien la vida de la Iglesia, ni sus actividades solidarias, no hace nada para acercarse un poco a la persona y a las enseñanzas de Jesús. Seguramente tenemos nosotros bastante culpa en esta incomunicación”.

La visión de un político católico: familia y educación, rotas

La última entrevista es la de Eugenio Nasarre, político democristiano que pilotó el pacto constitucional de 1978 en dos temas: la libertad religiosa y la educativa. Explica que a los 16 años acudía con un fraile del colegio a los asentamientos de chabolas de La Elipa. Allí ayudaban a niños pequeños a aprender a leer, repartían fruta, daban algo de “doctrina cristiana”.

Prestó atención al Concilio, que acabó en 1965, cuando tenía 19 años. Se apuntó a la Juventud Estudiantil Católica y su método de “ver-juzgar-actuar”.

Y en 1964 a la Unión de Estudiantes Demócratas, democristianos opuestos al sindicato universitario del régimen. “Los panfletos eran el twitter de la época, teníamos escondida una multicopista que funcionaba a mano, por la noche hacíamos mil, dos mil o tres mil copias para repartir en las facultades”, recuerda.

“Pasé tres noches en un calabozo; la mayoría de las detenciones eran intimidatorias, para soliviantar a las familias, con multas que enfadaran a los padres”, explica. Las amonestaciones administrativas también solían ser muy leves.

Cuando en el 68 los obispos bloquearon el activismo político en Acción Católica, muchos jóvenes se fueron al comunismo. Otros a la UED, donde “nuestros referentes eran los líderes democristianos europeos: Adenauer, De Gasperi, Schuman…”

Nasarre llegó al París del 68 ya después de las elecciones victoriosas de De Gaulle, pero buscando conocer lo sucedido, entrevistando a gente clave allí. Pronto vio que el sesentayochismo era incompatible con la democracia cristiana: asamblearios, antieuropa, antidemocracia…

Cuando la UED decidió adoptar el asamblearismo se murió: es un método que beneficia a los radicales y desplaza y expulsa siempre a los moderados.

Para Nasarre, mayo del 68 significó enseguida en España cambios en costumbres: pelo “Beatle”, idolatría de todo lo juvenil, minifaldas para españolas educadas en el recato, el filósofo Marcuse (que se centra en superar tabúes, sobre todo sexuales)…

A largo plazo, fue un vendaval en la educación con dos frutos desastrosos: “el descrédito de la autoridad -y sin autoridad no puede haber educación, alguien que guíe-” y “la ruptura con la tradición; sin ella no se puede luego innovar, modificar…” Por ejemplo, se despreció la memorización. “Todavía no nos hemos recuperado”, dice el político.

Por esa época, Nasarre visitó EEUU con una beca y descubrió la “liberación sexual”. En los guateques en España se ligaba para intentar encontrar esposa y fundar una familia. En EEUU solo se pretendía placer sexual y probar cosas. Y allí ya se asumía el divorcio, la idea fantasiosa de que romper un matrimonio no tenía por qué ser “traumático”. También llegó el feminismo que “tenía como objetivo principal la legitimación del aborto, que como dice Julián Marías, es el hecho social más grave del siglo XX”. Todo esto atacaba la alianza de cooperación entre el hombre y la mujer en el matrimonio.

“Es muy posible que estos dos asuntos, la crisis educativa y de la familia, terminen por ser insoportables y provoquen una reacción que nos permita recuperar un camino más apropiado”, expresa como deseo.

Una síntesis: un mundo de consumismo que deja insatisfecho

En sus últimas 10 páginas, los autores, López y Merino, elaboran su síntesis. Han sacado bastante información a los entrevistados, aunque algunos de ellos no eran muy capaces de autocrítica. El subtítulo de eco televisivo “Cuéntame como te ha ido” no lo abordan los entrevistados, pero sí los entrevistadores en sus conclusiones.

López y Merino concluyen que los jóvenes de Francia del 68 reaccionaron contra el aburrimiento y contra el estar encarrilados en un sistema cerrado y asfixiante. Buscaban fantasías utópicas, como el maoísmo, del que no sabían nada pero sonaba bonito. Derribaron el autoritarismo (y la autoridad), la familia (y el compromiso), el puritanismo (y la pureza), las jerarquías (y el organizarse)… y sin todas esas trabas, el capitalismo más consumista se hizo con el poder absoluto.

A cada individuo se le exige consumir, y ahora, en el siglo XXI, dedicar su escaso tiempo y atención a las pantallas. La publicidad glamourizará esa esclavitud. Esto no dará la felicidad a los hombres, sólo pequeños chutes de satisfacción temporal, “sosegar por un tiempo la melancolía… pero ¿tiene usted algo mejor que ofrecer, algo que se pueda tocar aquí y ahora? Literalmente, consumimos como si no tuviéramos otra cosa que hacer”.

Tampoco las religiones ofrecen sentido a la vida entera: venden solo “pequeños remedios naturales alternativos a la melancolía”.

Los hijos de la sociedad del bienestar, los jóvenes de hoy, quedan atrapados y entregan su tiempo y atención a este sistema y sus pantallas, como a una droga, como adictos a fármacos que alivien la tristeza.

La pregunta más revolucionaria hoy sería: “¿Queremos vivir así?” A plantear esa pregunta y a desear un revolución mejor, del bien y la verdad, humana y realista, es a lo que ayuda este libro que anima a pensar y derribar ídolos.

Mayo del 68: cuéntame como te ha ido; tiene 240 páginas y muchas fotos de la época; cuesta 19 euros; se puede adquirir aquí en Ediciones Encuentro

 

Fuente: https://www.religionenlibertad.com/mayo-del-cuentame-como-ido-utopia-64689.htm

30 de mayo de 2018.

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