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Ética y política

Aunque la teoría desde tiempos de Aristoteles, señala una relación estrecha entre la ética y la política pues ambas persiguen el mismo fin: el bien común, la realidad parece muy distante a ello.

Muchas veces lo que encontramos en la política local, nacional o internacional es el todo vale, los giros políticos de 180 grados en cuanto a ideario, posturas políticas y tesis sostenidas por líderes y partidos, pactos y componendas jamás anunciados en campaña, contradicción entre las palabras y los hechos para sólo citar algunas de las penosas realidades en el quehacer político. La política transparente y ciudadana, guiada por la mano de la ética, aún nos resulta esquiva.

Parecería que pretender nutrir de valores a la política es ser dogmáticos y no coherentes. Fuertes corrientes de opinión pública, guiadas más por intereses particulares que por idearios, valoran el “pragmatismo” a la hora de hacer acuerdos políticos, casi siempre a espaldas de los ciudadanos. Ni se diga las loas sin tapujos a la deslealtad y traición a nombre de ese pragmatismo.

Cómo recuperar la ética en la política? Tema complejo y que rebasa este breve espacio para tratarlo. Sin embargo podemos apuntar que la ética (del vocablo ethikos que significa carácter y derivado de ello, ciencia del comportamiento del hombre en comunidad) para empezar, debería guiar todas las actividades del ser humano. Las personales, las públicas y privadas, las familiares, todas las acciones humanas. Porque la política es a fin de cuentas, el reflejo de su propia sociedad. Y ello requiere fortalecer la formación y educación en valores a todo nivel, la escuela, la casa, los medios masivos, los partidos políticos, las instituciones públicas y privadas. !Todos deberíamos tener códigos de ética reflexionados y construidos colectivamente, explícitos y mandatorios. ! Cuánto cambiaríamos culturalmente!

Pero sin duda alguna, la ética más que en ningún lugar, debe regular la política. Hay líneas morales que no deben cruzarse so pena de pervertir la política y corromper las instituciones y las personas, la sociedad misma.

Pensamos que corrupción califica solo a quien se enriquece ilícitamente.

Pero en realidad corrupción es toda ruptura con la ética: significa “Alterar y trastocar la forma de una cosa. Echar a perder, depravar, dañar, podrir, mentir, sobornar, cohechar al juez o cualquier persona con dádivas o de otra manera, alterar o trastornar algún asunto…”

Un político que miente, un partido que traiciona, un funcionario que abusa de su poder, el que manipula, el que se deja comprar, el que usa las personas para alcanzar sus fines, ha roto con la ética y con lo mejor y más elevado de su sociedad.

A más de la educación, otra herramienta fundamental para combatir la falta de ética en la política, es la observancia, la crítica y autocrítica permanentes y el control social. Es la sociedad la que tiene que sancionar legal y moralmente a los antieticos, no premiándolos en las elecciones ni en la opinión mediática y la vida social, sino apartándolos, indignándose, repudiado sus prácticas sin valores y principios.

Solo entonces, la sociedad y la política habrán puesto al centro el bien común, es decir, el objetivo ético central.

Notas:

Fuente: https://www.eltiempo.com.ec/noticias/columnistas/1/etica-y-politica

10 de julio de 2018. ECUADOR

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