No hacer nada. Por Jaime Nubiola

Por Jaime Nubiola

Estoy leyendo con gran interés el libro de Uwe Wittstock «Febrero de 1933. El invierno de la literatura» (Ladera Norte, 2025), centrado en las reacciones de los literatos y artistas alemanes ante el ascenso de Hitler a la cancillería el 30 de enero de 1933. Algunos pudieron huir; muchos no podían imaginar lo que iba a ocurrir. En cuatro semanas y dos días, un Estado de derecho se transformó en una dictadura sin escrúpulos. «Hemos logrado que gobierne la barbarie. No se haga ilusiones. Gobierna el infierno», escribe Joseph Roth desde París a Stefan Zweig (p. 36).

Pero quería fijarme en otra referencia. El 26 de febrero, el ya premio Nobel de Literatura Thomas Mann escribe a un colega, a propósito de los ataques a la Academia Prusiana de Escritores, diciéndole que «en su opinión, la mejor estrategia en estos momentos es no hacer nada. En el caso de que los nazis desarticulen la Academia, una vez más pondrán de manifiesto, a la vista de todos, su intolerancia y su arbitrariedad» (p. 194).

Me ha impresionado esta prudente recomendación de no hacer nada. Es muy frecuente que quienes tienen algún tipo de autoridad se empeñen en tomar medidas, elaborando nuevas normativas que a menudo no solucionan nada y que incluso dificultan la vida de los demás. Pienso que hay que dar siempre prioridad a la libertad de las personas y a su responsabilidad, en lugar de ahogarlas en estrecheces administrativas o fiscales, como suele pasar en España.

Así como el primer mandamiento del médico es no hacer daño, el primer mandamiento del gobernante ha de ser favorecer la libertad de las personas. Muchas veces eso se logra precisamente no haciendo nada, dejando que la gente haga lo que quiera.

Notas

Jaime Nubiola

Fuente: Jaime’s Substack
26 de febrero de 2026. ESPAÑA



Barcelona, 15 de febrero de 202

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