Jürgen Habermas: escribir desde la ira. Por  Maciek Wisniewski /III y última.

Por Maciek Wisniewski

1. En los obituarios y en los ensayos conmemorativos que aparecieron después de la muerte de Habermas, el tema de su oposición a usar el término “genocidio” respecto a las acciones de Israel en Gaza (véase: t.ly/gUMk_) aparecía, básicamente, de dos formas distintas: sus admiradores que se inscribían en sus revisiones de la teoría crítica en marco de la “segunda” Escuela de Frankfurt lo caracterizaban a menudo como un “accidente” o una “falta de juicio desafortunada”; los críticos de su proyecto filosófico lo veían en cambio como algo sintomático para toda su postura intelectual y una suerte de su “culminación”.

2. Dentro del primer grupo −un tipo de reacción que ya se observó en 2023 cuando apareció su carta sobre Gaza (t.ly/ddbNS)− hubo quienes señalaban que su postura constituía una contradicción con sus propios ideales de la razón comunicativa y sus afanes de fomentar el debate público, ya que Habermas escribiendo desde la “culpa alemana” y abrazando el dogma de la “inocencia” de Israel efectivamente alzó su voz para cerrar cualquier tipo de discusión; por otro lado −nuevamente el tipo de argumento que ya apareció en su momento (t.ly/lhMIQ)− otros señalaban que en todo esto no había nada contradictorio ya que Habermas se guiaba ante todo “por el viejo racismo y el eurocentrismo propios de toda la etnofilosofía occidental” (t.ly/TX-6V).

3. Lejos de excluirse, ambas visiones se complementan. Habermas, en efecto, “se traicionó a sí mismo” al cancelar toda la discusión acerca de Gaza, al mostrarse sordo a los argumentos contrarios −a pesar de su, alabado tanto después de su muerte, “gran don de escuchar” (t.ly/-Oe0g)− y al demostrar una extraordinaria falta del “olfato periodístico” que antes guiaba sus intervenciones públicas y le ayudaba “a agudizar las oposiciones morales e intelectuales en una polémica”. A la vez su posición se debía en efecto a su ceguera respecto a las situaciones coloniales y el sufrimiento no europeo.

4. Pero entre las voces del primer grupo −de las que la excepción más notable ha sido Nancy Fraser que, al reconocer la importancia del pensamiento habermasiano para su propia teoría, dejó en claro que su postura respecto a Gaza representó “el fin de la teoría crítica” ( sic) (t.ly/BIFTE)− había también un grupo de estudiosos que a toda costa trataron de exculparlo y justificarlo.

5. Uno de sus biógrafos –Peter Verovšek– apuntaba por ejemplo al hecho de que su carta apareció “apenas cinco semanas después del 7-O” (a pesar de que muchos ya en aquel momento alertaban que la intención detrás de la campaña punitiva israelí era cometer un genocidio), que su preocupación principal “ha sido la posibilidad del retorno del antisemitismo” y que Habermas estaba preocupado ante todo “por mantener el Holocausto en el centro de la conciencia histórica y la identidad nacional alemanas” (t.ly/q1PTr), como si esta postura “singular” y anticomparativa no fuera precisamente parte del problema (véase: parte II).

6. Pero quizás la voz de Seyla Benhabib, una estudiosa que ya hace unos años defendió famosamente a Habermas de los supuestos “ataques” de Raymond Guess con motivos de los 90 cumpleaños del autor de La transformación… –que en realidad no era ningún ataque, sino una de las más lúcidas críticas al “optimismo habermasiano” y su creencia (una que aparentemente no aplicaba a Israel ni a Gaza), en las capacidades emancipatorias de la discusión (t.ly/VHKpW)– ha sido la más reveladora.

7. Tratando de justificar su posición, asegurando que ambos coincidían en que el “Israel tenía el derecho a defenderse” y recontando unas conversaciones con él post 2023 −la última en su casa en Starnberg en diciembre de 2025−, Benhabib detalló que éste, “lúcido hasta el último momento”, veía “con mucha claridad” ( sic) que lo que ocurrió “después” en Gaza fue una violación de los derechos humanos y del derecho internacional “llámese crímenes de lesa humanidad o genocidio” ( super-sic) (t.ly/eKpS7).

8. Si efectivamente fue así −permítanme ahora a mí escribir “desde la ira”, uno de los preceptos fundamentales de las polémicas públicas de Habermas− ¿por qué, después de su “desafortunada” intervención inicial, ya no dijo nada? ¿Por qué −conforme quedaba más y más claro que el objetivo israelí en Gaza no era Hamas sino la “destrucción de todas las condiciones de sostener la vida”− ya no volvió a intervenir? ¿Por qué, por ejemplo, en 2025 en uno de sus últimos ensayos donde criticó a Trump y su “obscena fantasía de un agente inmobiliario de reconstruir la franja de Gaza desierta” (t.ly/Zu7Z9), lo hizo sin mencionar quién (Israel) y cómo (mediante el genocidio) la desertificó?

9. He aquí la respuesta de la misma Benhabib: “(porque) no sentía que tuviera el derecho moral de expresar públicamente su opinión (sobre Israel)”, un biempensante intento de exculparlo que suena más como una acusación –¡de allí mi ira!− al revelar cómo los tabúes históricos e “incondicionalidades” pueden reprimir el discurso y el debate con efectos desastrosos, incluso en el caso de uno de sus más prominentes teóricos y promotores.

10. El monopolio al “derecho moral” ha sido de hecho desde el principio el fundamento de toda la “industria del Holocausto” edificada por Israel para justificar la ocupación y la colonización de Palestina. Y algo que éste instrumentalizó para acallar las críticas y destruir, sin ninguna oposición, la sociedad palestina de Gaza (t.ly/dEDil). Que Habermas no lo viera –¿o lo viera parcialmente ( sic)?– y siguiera creyendo que “no tenía el derecho a decir nada” es otra de tantas paradojas de su pensamiento, al igual que el hecho que sus críticas al etnonacionalismo alemán acabaron puestas en la defensa del proyecto etnonacionalista israelí y de su propio genocidio.

Notas

Maciek Wisniewski /III y última

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2026/04/18/opinion/011a1pol1

18 de abril de 2026.  MÉXICO

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