La causalidad en David Hume: La esencia del criticismo

“Permitidme que os diga que jamás he sostenido una posición absurda como la de que algo pudiera ocurrir sin causa”.
David Hume

En la actualidad, se entiende por metodología científica aquella que admite verificación empírica de los hechos. Esta visión se ha desarrollado principalmente en los últimos siglos pero es hasta el siglo XX donde queda registrado como la única exposición científica de la realidad. Lo anterior se explica debido a los grandes avances del instrumentalismo durante ese siglo que permeó de novedad el conocimiento empírico, relegando la filosofía al terreno de la especulación. Obviamente el fundamento del pensamiento empírico es anterior a ese siglo, precisamente en manos de la filosofía.

Una de las figuras sobresalientes del empirismo ha sido el filósofo ingles David Hume (1711-1776), que entre sus grandes obras desarrollo su famoso Tratado de la naturaleza Humana, dentro del cual podemos ubicar su Investigación sobre el conocimiento humano. En esta investigación se puede apreciar más claramente su ruptura con el pensamiento medieval, principalmente en la crítica que realiza a la idea de la causalidad. Aquí, Hume defiende la idea de que “es imposible encontrar el efecto en la supuesta causa por el escrutinio, ya que el efecto es siempre diferente de la causa”. La razón privada de la experiencia, es incapaz de determinar, la relación causa-efecto. A través de la sentencia anterior elabora el grueso de su doctrina ética, el yo, y sus consecuencias en la religión. La relaciónespacial entre los elementos causa-efecto es determinante en este argumento sobre la causalidad, dicha relación determina el desarrollo del discurso y lo ata al elemento sensible, dejando como criterio único de prueba las impresiones sensibles, conocimiento igual a impresión.

Con lo anterior, Hume nos afirma que la conexión que se hace comúnmente al inducir una causa a partir de un efecto se pone por hábito, mas el hábito se funda en nuestra mera confianza; de que, puesto cierto fenómeno, se siga otro.

De esto se infiere que la negación de la causalidad surge por su extremo sensismo. Obviamente esta comprensión univocista de la causa, lo conducirían a negar cualquier tipo de fundamentación metafísica de una realidad concreta, consintiendo solo el fenómeno en el desarrollo del resto de su tratado.

Aún lo anterior Hume no negó la existencia de las causas en sí: “Permitidme que os diga que jamás he sostenido una posición absurda como la de que algo pudiera ocurrir sin causa. Solamente he afirmado que la certeza que tenemos de la falsedad de esta proposición no proviene ni de la intuición ni de la demostración. El sol se levantará mañana a la hora fijada”. Lo que ha Hume le interesa es más que nada la forma en que alcanzamos ese conocimiento: “¿De donde procede el que nos representamos los fenómenos como ligados por relaciones de conexión necesaria? ¿Que significa esta necesidad?” He ahí realmente el criticismo, lo que convierte la idea de la causa en un probabilismo “una probable expectativa o creencia…no de una evidencia racional”, de alguna forma un escepticismo.

Es vital señalar, en base a esto, la ruptura o devenir del empirismo de Locke transformado ya en un positivismo en David Hume, desarraigado totalmente de las concepciones de “las ideas” como contenido de conciencia del primero, y encausado en su totalidad por la metodología de Newton quien “no supone en los fenómenos sino aquello que la experiencia le permite comprobar”. Así, el blanco necesario es la metafísica tradicional la cual Hume iguala a un marco de creencias, ya que en ésta se argumenta la equivocidad que se expresa en el estudio de la causa, en la cual se argumenta principalmente que la causa concreta “no es sensible per se, sino sensible per accidens”, es decir, es al mismo tiempo objeto tanto del sentido como del intelecto, porque no siente el sentido ni el intelecto entiende, sino el hombre siente-entiende por sus facultades. Hume esperaba del sentido aquello que los sentidos no pueden referir sin el intelecto; en consecuencia negaba el influjo de la potencia activa.

Obviamente este criticismo de Hume solo anticipa la ruptura de la ciencia con la metafísica, tarea que más tarde vendrá a culminar Emmanuel Kant, con su obra culmen Crítica a la razón pura.

En conclusión podemos afirma, al atestiguar los importantes avances de las ciencias físicas, que sin ellos la vida actual sería inconcebible, como tampoco es posible negar la capacidad del desarrollo de las facultades humanas que brindan los medios actuales, que en buena medida podemos deducir su causa de este criticismo que en términos de actitud, provoco un sincero desarrollo de la búsqueda de la verdad (a pesar de su escepticismo). Pero, también podemos afirmar que prescindiendo de la causalidad, la ciencia se desvanece como descripción de fenómenos, recolección de muestreos, sumas y promedios, y aún de este modo no se podría explicar el origen de la impresión para validar este resultado.

La aprehensión de postulados incorrectos en el pasado se combina con trastornos en el presente. Como resultados de los argumentos desarrollados por Hume en 1700 se desprende el actual “cientificismo” que significa la fe de la ciencia en sí misma y el olvido del complemento que brinda el conocimiento ontológico, que es verdaderamente científico.

David Hume, Investigación sobre el conocimiento humano, Sec. 4, parte 1.
Ioannes Di Napoli, Gnoseología.



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